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Una final gris
Por Luis Puiggrós Planas
Ha finalizado la Copa América 2004 y es hora de hacer el primer balance.
Lo primero que hay que resaltar es la gran organización del COL que ha sacado una nota muy alta, con sus defectos y dificultades, pero que los aciertos superaron largamente a estas pequeñas fallas que además son comunes y suceden en todas partes del mundo.
Alguna crítica seguramente real, muchas de ellas no se les puede achacar a la brillante organización si no que fueron ajenas a ella, como los problemas con las líneas aéreas. La suspensión de AeroContinente que trastocó todo, y el paro general convocado para el 14 de Julio y que fue acatado en forma parcial, nosotros en Piura y camino a Punta Sal no lo sentimos, pero el balance general es sumamente positivo.
Uno de los grandes aciertos, a pesar de las dificultades, fue el hacer esta Copa descentralizada que deja como legado siete estadios espectaculares para el desarrollo del fútbol peruano. Francamente estupendos, con marcador electrónico cada uno de ellos, con campos de juego, a excepción del estadio Nacional, que parecían mesas de billar, que deja como tarea primordial el de mantenerlos. Tuvimos la suerte de estar en cuatro de ellos el de Piura, Chiclayo, Trujillo y el Nacional y de comprobar sus bondades. Felizmente tengo entendido, que los siete estadios servirán para el mundial sub-17 que se llevará a cabo en nuestro país el próximo año y tendrán hasta ese entonces, su cuidado asegurado.
Pero lo mejor ha sido el comportamiento del público que entregó su cariño a esta Copa de manera generosa, SIN VIOLENCIA ALGUNA, apoyándola de manera emocionante con la sencillez de sus gentes. En el norte llenó los estadios con un fervor increíble, falló en Lima en semifinales porque el Perú no clasificó para esas instancias, para volver al estadio en la final del Domingo jugándose a tablero vuelto. El sur la respuesta no fue la misma, pero eso no fue óbice para que la CSF le entregase al público peruano que hizo de esta Copa una fiesta, el premio Fair Play, con todo merecimiento, llegando sus miembros a decir que esta fue la Copa del público.
Un acierto de Arturo Woodman y su gente el haber descentralizado la Copa América para que el mundo conozca la calidez del pueble peruano. Se puede decir con toda seguridad TAREA CUMPLIDA.
El déficit estuvo en el fútbol. Esto era predecible desde que la CSF se ha empeñado en devaluar al fútbol sudamericano y en especial la Copa América con una serie de medidas ya explicadas en su oportunidad.
Sin sus mejores figuras con excepción de la Argentina, Ecuador, México y el Perú, no se podía esperar gran cosa, a pesar que el fútbol de esta parte del continente se ha nivelado para abajo, siguen mandando sin contrapeso las selecciones de Argentina y Brasil que jugaron la final soñada que en el juego no lo fue, sólo emocionante en los últimos cinco minutos finales y la definición posterior a penales que fueron dramáticas, que terminó con el triunfo final de Brasil en definición a penales por 4 a 2.
Si ha esto agregamos la temprana eliminación de nuestra selección, que dará motivo para un comentario en otro artículo y que para nosotros era esperada, el atractivo para el público decayó en las instancias finales. Seremos majaderos en resaltar que si no se hace la reestructuración a fondo del fútbol peruano no podremos esperar alguna clasificación a un mundial o una buena actuación en alguna Copa América. No se trata de cambiar entrenadores o jugadores, en este caso ni eso se hace (De la selección que disputó la Copa América del Paraguay hace 5 años, habían 8 titulares en este equipo: Ibáñez, Soto, Rebosio, Jayo, Solano, Palacios, Pizarro y Maestri), se TIENE QUE HACER esta reestructuración tantas veces escrita por este articulista, primero ORDENAR nuestro fútbol, para luego ORGANIZARLO Y DESARROLLARLO.
Para completar un torneo gris en cuanto a fútbol, la final no podía escapar a ese concepto. Sólo dos partidos superaron mis expectativas, que no eran muchas. La exhibición en Piura de Brasil en su triunfo sobre México por 4 a 0 jugando los dos un excelente primer tiempo y la otra exhibición, esta vez de la Argentina, cuando en semifinales goleó a Colombia por 3 a 0, que nos trasportó en algún momento al sudamericano de 1957 jugado en Lima con los carasucias, Domínguez, fallecido durante esta Copa y que no recibió ningún homenaje, Jiménez, Dellacha y Vairo; Rossi y Schadlein; Corbata, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz, que se llevaron la Copa y que nunca vieron los argentinos.
Una Argentina que tomó siempre la iniciativa del partido final, con tres líneas de tres y un delantero en punta. Coloccini, Ayala y Heinze en la primera, Zanetti que jugando en la primera línea como carrilero tiene más sorpresa ofensiva y por lo tanto más llegada, Mascherano el equilibrio del equipo, donde el se para se coloca el equipo y Sorín en la segunda, Rosales, Lucho González y el Kily en la tercera y en punta Tevez. Este sistema lo emplea en base de rombos por lo que se forman siempre un triángulo, que Argentina lo utiliza para que tres jugadores marquen al rival, haciendo un pressing impresionante a la salida del rival, en campo de este, llevándolos hacia los laterales para ahogarlos.
Brasil por su parte marcó al hombre y se agazapó atrás para tratar de contragolpear, cediéndole la iniciativa al rival. Con cuatro en el fondo Maicon, Luizao, Juan y Gustavo Neri, un rombo en la mitad de la cancha con Renato como ancla, por derecha Kleberson por la izquieda Edú y cerrando el rombo un estático Alex tomado y anulado por Mascherano, un potente e individual Adriano y Luis Fabbiano como hombres en punta, completaron el equipo. Los pentacampeones fueron un equipo rácano que encontraron un inmerecida recompensa en el último minuto de juego a traves de Adriano que los llevó a los lanzamientos penales y al ser infalibles en estos, ganar la Copa.
Fueron ochenta minutos de pura lucha, de un partido muy táctico pero con pocas llegadas a los arcos creadas generalmente por los argentinos, con Brasil haciendo el juego sumamente lento para cortar y neutralizar el vértigo y la dinámica gaucha, los cinco minutos finales, que en realidad fueron ocho por los descuentos, salvaron el espectáculo. Todos pensaron cuando a los 41 minutos de la segunda parte Delgado, que había reeplazado a Rosales puso en ventaja a los albicelestes se había acabado la Copa, Adriano, en los segundos finales, dijo otra cosa.
Dálessandro y Heinze fallaron (los cuatro ejecutantes argentinos fueron zurdos, completaron la serie el Kily y Sorín) y los brasileños fueron infalibles a traves de Adiano, Edú, Diego y Juan. Fue bastante más Argentina pero el título se lo llevó Brasil.
Brillante fue la organización peruana, faltó el fútbol.
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