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Cuando la mediocridad se hace víctima
Por Luis Puiggrós Planas
Con el comienzo de los campeonatos de España e Italia este último fin de semana, ya se han iniciado todos los torneos de Liga para la temporada 2005-06 de los países del viejo continente. Uno al ver los partidos de estos, no puede dejar de mostrar su admiración por los espectáculos presentados de los cuales se miman hasta los mínimos detalles donde se cuida al máximo el PRODUCTO FÚTBOL.
Esto es diametralmente opuesto a lo que sucede en nuestro viejo y querido continente centro y sudamericano donde la mediocridad, sobre todo de los dirigentes, se hace víctima, y como de costumbre se culpa al empedrado de sus errores cometidos, que debilitan al máximo los campeonatos y la organización en general del fútbol de esta parte del continente.
Para comenzar a corregir las fallas, hay que primero reconocer los errores cometidos y una vez ubicados, se tratará de enmendarlos. Basta de llorar miserias.
Los campeonatos que se juegan en Sudamérica son malos porque están mal organizados. Porque la mayoría de sus dirigentes se quedaron en el tiempo. Que no le echen la culpa como el cojo, al empedrado, la tienen ellos mismos, a los cuales hay que incluir algunos periodistas, que por congraciarse con estos le siguen el amén, mas por cuidar su puesto que por convencimiento propio.
Siempre recurren a la trillada frase que la diferencia existente en el fútbol Sudamericano y el Europeo es sólo cuestión de dinero, aplicando el populista argumento de la falta de recursos económicos hace la diferencia. Cuando no es sólo eso.
Dicen que las ligas sudamericanas tienen bajo nivel porque los europeos se llevan por dinero, a los mejores jugadores de nuestros países. A confesión de partes relevo de pruebas. Alguien dice que "Las selecciones sudamericanas tienen un nivel aceptable, pero nuestro fútbol local es muy pobre". "Que todo se basa en dinero". Mientras se piense con esa mentalidad no habrá remedio, no han encontrado las causas reales del problema.
¿Que hay que hacer para que los jugadores sudamericanos jóvenes no emigren a Europa cada vez a más temprana edad?. Hay que nivelar para arriba y no para abajo como se acostumbra hacer por estos lares. En resumen hay que ordenar para luego organizar y desarrollar al fútbol sudamericano. Pero cambiando la mentalidad de los actuales dirigentes y periodistas de esta parte del continente.
No es posible que en casi medio siglo el ente rector del fútbol sudamericano haya tenido a sólo dos presidentes al mando de la Confederación Sudamericana de Fútbol, y que la revista que edita desde hace más 17 años la manejen casi desde el comienzo, los mismos personajes, todos por supuesto argentinos. Eduardo Deluca, Jorge Barraza, Eduardo Barraza y el fotógrafo Ricardo Alfieri.
Dicen que los campeonatos nacionales e internacionales son malos por que Sudamérica es pobre, lo cual creo yo que no es verdad, como dijo Antonio Raimondi: El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro.
Creo que las posibilidades de desarrollo nuestros países son ilimitadas y que en todos los campos tenemos una materia prima excepcional a la cual hay que convertirla en producto terminado, incluido, como no, el fútbol. La mayoría de los futbolistas sudamericanos juegan a la pelota (lo individual) y no al fútbol (el juego colectivo) y a sus excelentes condiciones naturales para jugar este hermosos deporte las complementan en Europa donde les enseñan a jugarlo.
En mi modesta opinión el fútbol de esta parte del continente es malo porque su estructura es muy mala, no por falta de dinero. No está organizado. Basta con seguir los torneos locales que han devenido en Aperturas y Clausuras devaluando los torneos nacionales. Dos campeones por año, en algunos países juegan partidos sin ningún atractivo, que sólo sirven para clasificar a instancias finales, donde sí se juega por algo, con toda la mediocridad que esto conlleva.
Por el afán de conseguir más dinero se hace que se juegue Miércoles y Domingo, cosa que no sólo aburre aún más al espectador, que no le alcanza el dinero para asistir tres veces a la semana a su espectáculo favorito y lo prefiere ver por televisión donde la oferta es mejor y más diversa. Por lo tanto su calendarización es muy mala.
Los torneos de ascenso son de lo más variopinto. En algunos países se disputan dos torneos para ascender, en otros partidos eliminatorios como si se jugara una copa, o en otros juegan equipos invitados sin que puedan ascender o descender etcétera. El único que a organizado de una manera correcta los suyos es Brasil, que desde hace tres años los juega al estilo europeo. Un solo torneo nacional jugado en dos ruedas todos contra todos, el que suma más puntos campeona y los que suman menos bajan, a segunda división y de ahí a tercera. Los torneos internacionales que organiza la CSF son, por decir lo menos risibles, como la Copa Sudamericana, analizada en artículos anteriores. A la Copa América se invita hasta Japón (1999), en la Libertadores a los equipos mejicanos que juegan como invitados pero que no podían ser campeones, como en ediciones pasadas. El más serio es el que se juega por las eliminatorias mundialistas desde hace tres mundiales, claro, ese lo organiza la Fifa.
Por otra parte el estilo indisciplinado del sudamericano hace que eso se vuelque a los partidos. Es por eso que los partidos son lentos, los jugadores se tiran al suelo por cualquier motivo simulando lesiones, por lo que se demora el juego, va contra el espectáculo y el espectador se aburre.
Todos tratan de ser Pepe el Vivo, y aprovechar su viveza criolla, y el espectador se aburre, en cada tiro libre hay una asamblea para armar la respectiva barrera, y el espectador se aburre, se demoran intencionalmente las reanudaciones del juego, y el espectador se aburre, no existe el juego limpio, hay que manejar los partidos haciendo más tiempo, los constantes reclamos a los árbitros producto del irrespeto a la autoridad e indisciplina que campea por estos lugares, y el espectador se aburre, y un largo etcétera.
Se traslada mucho el balón y se lateraliza demasiado sin abrir la cancha y profundizar el juego, por lo tanto se quita la velocidad y sorpresa que da jugar el balón a un toque. El juego se basa en lo individual y no en lo colectivo, lo que hace que existan más fricciones y se recurra permanentemente a la infracción sistemática. La destructiva falta táctica, que tanto les gusta a los comentaristas sudamericanos, que corta tanto el juego y hace que el espectador se aburra.
Todo esto influye para alejar al espectador de los estadios, mas ahora que puede comparar el fútbol que se juega en su país con el del mundo, producto de las transmisiones en directo de las ligas más importantes de mundo.
La organización atrasada de los clubes que hace que el caudillismo dirigencial sea todavía el que maneje los clubes como tabla de salvación y que cuando se va, deja al club con números rojos, más por su fanatismo que por otra cosa, sin asumir sus responsabilidades. Hay que modernizar y profesionalizar el manejo de los clubes sudamericanos, una de las formas es convertirlos en sociedades anónimas, en entidades eficientes. Un ejemplo podría ser lo que ha hecho el Colo Colo de Chile que sin perder su identidad, ha entregado la administración del club a la empresa Blanco y Negro por los próximos 30 años.
La necesidad agudiza el ingenio.
Hay que capacitar a sus dirigentes, periodistas, jugadores, árbitros y entrenadores. Para hacerlos ingresar al exigente fútbol de hoy, en que el profesionalismo integral debe ser el norte a seguir.
Ver de mejorar el producto fútbol con las exigencias que da la globalización, siguiendo los ejemplos de los mejores clubes europeos, y que he explicado en anteriores artículos, como ingresar al mundo del merchandising o seguir el decálogo para internacionalizar el Barcelona F.C. escrito en nuestra columna del 9 de Agosto del 2005
A los europeos les llevó un buen tiempo organizarse y parte de su desarrollo puede que se lo deba a la Ley Bosmman del año 1995 que revolucionó su fútbol. Es en los últimos 10 años donde se produce su boom.
Lo escrito: No hay que hacer víctima a la mediocridad, claro que se necesita dinero para desarrollarse, pero no es sólo eso, también pasa, principalmente, por todo lo enumerado líneas arriba.
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