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Julio
César Baldivieso
Recién
pudo explotar en la selección
boliviana cuando Marco Antonio Etcheverry
decidió cederle su lugar como
conductor y creativo. Julio César
Baldivieso, a los 29 años, se
ha ganado el respeto de la afición
y de la prensa de país, dejando
atrás su fama de jugador díscolo
y conflictivo, que le impedía
hacer prevalecer sus dotes futbolísticos
por encima de sus problemas disciplinarios.
Su
historia con la selección altiplánica
no es reciente. En 1991 hizo su aparición
con la casaquilla verde en el sudamericano
Sub-20 desarrollado en Puerto Ordaz,
Venezuela, con una peculiaridad: su
puesto original era zaguero central.
A esas alturas, no obstante, llevaba
puesto el cintillo de capitán
en la selección, condición
que ostentaría diez años
más tarde gracias al retiro voluntario
de Etcheverry.
Desde
la creación en la volante mostró
sus mejores cualidades futbolísticas:
gran panorama, talento para generar
juego y una espléndida pegada
en balones detenidos y en movimiento,
que lo convirtió en uno de los
más brillantes especialistas
de tiro libre en su país, junto
a los otros dos conductores procedentes
de la Academia Tahuichi, Etcheverry
y Erwin Sánchez.
Juega
en la selección desde 1993, en
el que integró el mejor combinado
boliviano de su historia, que clasificó
al Mundial de Estados Unidos de 1994.
En aquel certamen Baldivieso estuvo
presente así con en las ediciones
de la Copa América de 1993, 1995
y 1997, en la cual Bolivia fue subcampeón
oficiando de país anfitrión.
Actualmente
viene destacando en Cobreloa de Chile,
después de haber pasado por diversas
camisetas: Oriente Petrolero, Bolívar
de La Paz, Newell's Old Boys de Argentina,
Yokohama Marinos de Japón, Barcelona
de Guayaquil y Jorge Wilstermann de
Cochabamba.
Ahora
que Etcheverry y Sánchez ya no
pertenecen más a la selección
llegó la hora de Baldivieso.
A pesar de que está a puertas
de ingresar al umbral de la veteranía
el volante ha demostrado que no le pesa
la responsabilidad de cargarse el equipo
al hombro como lo hicieron sus predecesores.
Y si bien Bolivia tiene escasas chances
de repetir la presencia mundialista
de Estados Unidos para el 2002 la Copa
América será la prueba
de fuego de Baldivieso para encaminar
a los del altiplano a una colocación
más decorosa en el ámbito
sudamericano.
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