El Bombardero y su buen momento
Por: Victor Záferson Mendoza

Ya no nos sorprende que cada fin de semana el nombre de Claudio Pizarro aparezca entre los anotadores de la Bundesliga. El peruano ha recuperado su instinto goleador, aquél que sedujo a los dirigentes del Werder Bremen para comprarlo por dos millones de dólares al Alianza Lima en setiembre de 1999.  En las últimas semanas cada noticia que llega de Alemania tiene que ver con el rendimiento del Bombardero, bautizado así por la prensa teutona, en la Liga de ese país. El buen Claudio lleva anotados quince goles en la presente temporada y once de ellos los ha hecho en los últimos diez partidos. El poderoso Bayern Munich y el Hertha Berlín han sido las víctimas de Pizarro en las últimas dos semanas.

La efectividad de Pizarro no sólo es valorada y elogiada en Alemania. Varios clubes europeos, para ser más exactos de Italia, están dispuestos a pagar los 23 de millones de dólares que vale la cláusula de rescisión del jugador. Se dice que la Fiorentina y el Milan ya lo han puesto en su mira, pero lo cierto es que a Claudio no le desagrada la idea de quedarse donde está si es que el Bremen le hace una ventajosa oferta para ampliarle el contrato. Sin embargo, creemos que si Pizarro mantiene el nivel que muestra en la actualidad su estancia en Alemania no pasa del final de esta campaña.

Parece mentira que Claudio, en los últimos cinco años, haya dejado de ser un disciplinado volante de contención en el Cantolao y en la selección sub 17 para convertirse en uno de los máximos artilleros de una de las Ligas más competitivas del mundo como es la alemana. Sí, nos acordamos cuando Pizarro salía jugando desde atrás en la sub 17 que dirigió Hernán Saavedra en 1995 y cuando Rafael Castillo lo puso más adelantado –léase volante ofensivo- en la sub 20 de Chile dos años más tarde. ¿Quién iba a imaginar que ese larguirucho muchacho de 17 años se convertiría en el goleador que es ahora? Nadie. Cuando acabó el Colegio Claudio estaba decidido a hacerse de un nombre en el fútbol profesional. Y lo intentó, como muchos de su edad, en un equipo modesto de provincias. El Deportivo Pesquero de Chimbote lo recibió y Roberto Challe lo hizo debutar como delantero, pues en los juveniles de los atuneros al profesor Ronald Pitot se le ocurrió ponerlo arriba por su contextura, y Claudio, ni corto ni perezoso, empezó a hacer goles como los hacía cuando jugaba “pichanguitas” en el recreo.  

El cuadro chimbotano, entonces ya vapuleado por estrecheces económicas, no pudo retenerlo cuando acabó 1997. Pizarro decidió dejar el puerto para mudarse a Lima por una jugosa oferta de Alianza Lima, que había acabado con la sequía de 19 años sin llevar títulos a sus vitrinas. El comienzo con camiseta blanquiazul no fue del todo bueno: una pubalgia lo apartó por espacio de tres de los campos, pero cuando reapareció formó un tándem letal con Roberto Silva, otra aparición tan discutida como sorpresiva para el fútbol peruano. En 1999 Pizarro trató de hacer con el colombiano Tressor Moreno la dupla demoledora que hizo con Roberto Silva un año antes. Y lo logró. Una tarde de domingo le hizo cinco goles al Unión Minas. Y un par de cazatalentos del Bremen lo vieron desde la tribuna en Matute. Y, aunque el Minas no es el mejor termómetro para comprobar la eficacia de un goleador, los alemanes quedaron pasmados con el juego de Claudio y se lo llevaron por una cantidad astronómica para el fútbol nacional. Nada menos que 2 millones de dólares desembolsó el cuadro teutón para quedarse con los servicios del atacante aliancista. Y la directiva de Alianza, pese a que no quería desprenderse de él porque el equipo estaba puntero, no pudo decir que no y dejó que se marche sin pensarlo dos veces. 

Ni bien pisó suelo alemán, Pizarro comenzó a hacer goles con el Bremen. Los medios teutones lo ponían en la cima y aquí, como era de esperarse, más de un periódico lo endiosaba. Claudio, entonces, había dejado de ser una promesa y se convertía en una realidad. Y aunque en algún momento la pólvora se le mojó en el Bremen y en la selección, el internacional peruano ha recuperado su instinto asesino frente a la red contraria, y ahora le da lo mismo hacerle goles al Bayern Munich como se los hacía años atrás al Unión Minas. Ojalá haga lo mismo con la selección, que tanto lo necesita.

 

 

 

 

 

  

 

 

   

 

          

 

 

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