Un
buen día decidió colgar los
chimpunes para siempre. Un buen día
se resignó a dejar de vestir la casaquilla
de Alianza Lima, el equipo de sus amores.
Era el momento del retiro para Paulo Hinostroza,
un momento de profundo dolor para un jugador
que amaba fervientemente el fútbol
y los colores blanquiazules.
El
motivo del retiro del "churre"
no pasaba por su edad, no pasaba por un
decrecimiento en su nivel futbolístico,
por supuesto no era por algún inconveniente
que haya surgido en la intimidad aliancista.
Todo lo contrario, Hinostroza estaba en
la plenitud de sus condiciones para poder
seguir engalanando las canchas peruanas
con su virtuosismo en el manejo del balón,
su incansable despliegue y su ductilidad
para desempeñarse en distintas funciones.
Su
alejamiento del balompié pasaba por
una determinación personal, pasaba
por una necesidad que empezaba a germinar
en su mente y en su corazón que era
la de ayudar y servir al pueblo que lo vio
nacer, que lo vio crecer y que finalmente
lo vio triunfar: El pueblo de San Juan de
Miraflores.
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POR:
LUCIANO
RICO MOLINA
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