San Juan de Miraflores: Un distrito agobiado por las carencias

El distrito de San Juan de Miraflores se encuentra ubicado en el denominado cono sur de la ciudad de Lima. No es complicado arribar a él. Se puede llegar por la carretera Panamericana Sur o luego de recorrer íntegramente la avenida Tomás Marsano. Un tercer ingreso puede ser por el puente Alipio Ponce.

Tiene una zona urbana, eminentemente comercial, en la que se pueden condensar todos los vicios que caracterizan a una ciudad en la que impera el caos y el desorden. Cantidades exorbitantes de vendedores ambulantes que invaden alegremente las pistas y dificultan enormemente el tránsito vehicular. Decenas de mototaxistas que pugnan por recoger a las señoras que hacen su "mercado" y llevarlas a sus humildes hogares.

Esta zona urbana también sufre los embates de la delincuencia que impera en todas y cada una de las calles. Los llamados "pirañitas" están a la orden del día y la gente tiene que estar con los ojos bien abiertos para no verse sorprendida por estos pequeños que en algunos casos buscan un pan para su hogar y en otros buscan obtener recursos para consumir drogas.

Las noches también resultan una calamidad para el vecindario. La juventud de San Juan también se divierte, especialmente los fines de semana, e invade las calles y las discotecas que abundan. Incluso existe un lugar específico donde la gente se divierte que es el denominado "Boulevard de San Juan". El alcohol, la prostitución, las drogas y la violencia son el corolario de las noches de desenfreno.

San Juan de Miraflores también tiene una amplia zona marginal, una inmensa zona en la que se hace evidente la pobreza extrema, en la que resulta fácil distinguir el sufrimiento de un pueblo que lucha a diario por llevarse un pan a la boca y por subsistir en un mundo que le es adverso.

Una de estas zonas marginales es la que vio nacer hace 33 años a Paulo Hinostroza. Nos referimos a Pamplona. Un inmenso arenal que está conformado por una impresionante cantidad de asentamientos humanos y de "invasiones" ocupadas por miles de personas que no tienen más que unas cuantas esteras para poder cobijarse.

En estos lugares hablar de pistas asfaltadas y en algunos casos de los servicios básicos de luz y agua resulta simplemente utópico. Las enfermedades abundan y las medicinas escasean. Las necesidades abundan y las soluciones no aparecen. Ahora existe una pequeña luz de esperanza al final del camino que tiene nombre y apellido: Paulo Hinostroza, quien pretende bregar desde el municipio para irle dando paulatinamente mejores condiciones de vida a la gente que más lo requiere.

 


 

 
 

 

 
Texto: Luciano Rico.
Fotos: Lin Belaunde.

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