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Diego
Maradona: Un día
en la vida
Por:
Fernando
Vega.

Un
hombre que genera las
emociones más
profundas en millones
de personas en todo
el mundo no puede ser
una persona común
y corriente. Desde que
el destino le colocó
en frente una pelota
de fútbol, la
vida de Diego Maradona
tomó un rumbo
distinto, signado por
la gloria deportiva
y por el trásito
más insondable,
expuesto a los flashes
y las cámaras.
Pero los que lo aman
desean verlo en su real
ámbito, sin mayores
luces que las que destila
su propio talento.
Mucho
se ha dicho sobre la
"otra vida"
de Maradona, aquella
que tiene en la droga
el gancho principal
para empezar a relatar
una historia sobre él.
Lamentablemente para
la industria mediática
sensacionalista, los
millones de hinchas
del fútbol no
pueden dejar que este
hecho opaque las obras
maestras que el muchacho
de la "zurda de
oro" supo hacer
en los diferentes estadios
del mundo entero.
El
"Pelusa" pagó
un precio muy alto por
su fragilidad mental,
el alto costo de la
fama lo llevó
a transitar caminos
con espinas que casi
acaban con su vida.
Es como el "Fausto"
de Goethe que le vendió
el alma al diablo y
desde entonces se escucha
aquél cliché
del hombre público
que debe soportar todo,
avalancha de micrófonos,
él se lo buscó.
Las viejas imágenes
de sus goles con la
camiseta de Boca Juniors
y sus poemas con la
camiseta argentina saltaban
al paso para aferrar
al hincha a la ilusión
de no sentir al ídolo
ausente.
Maradona
no es un ejemplo para
la juventud, pero tampoco
es un criminal. Simplemente
es un hombre al que
la televisión
le tocó relatar
cada momento de su degradación.
Este Maradona es que
el que debe quedar enterrado
y de esto se encargó
un entorno que lo ama
y que lo hizo entrar
en razón. El
renacer de un Diego
Armando Maradona con
30 kilos menos debido
a la operación
de reducción
de estómago al
que fue sometido en
Colombia -llegó
a pesar hasta 128 kilos-
es el que muchos esperábamos.
Hoy luce un semblante
lozano, puede hilvanar
frases coherente, respira
con normalidad y vuelve
a lucir como el "barrilete
cósmico"
del que nos habla el
conmovedor relato de
Víctor Hugo Morales
en aquella epopeya homérica
ante Inglaterra en el
estadio "Azteca"
de México.
"Hay
algo que hizo click
en mi cabeza; de estar
prácticamente
muerto a estar tranquilo,
como ahora, pasó
bastante. Es que a uno
le cae la ficha y se
pregunta por qué
estaba tan mal, teniendo
la posibilidad de tener
esta vida. Nunca había
encontrado esto. Prefería
otras cosas. Ahora estoy
muy bien y se lo quiero
gritar a todos los argentinos.
Hoy soy feliz...",
ha asegurado el astro
argentino y los medios
le han dado una tímida
cobertura a su renacimiento.
Se les acaba el negocio.
En
momentos en los que
la redención
de las personas por
méritos propios
no vende, surge la figura
del director de cine
bosnio Emir Kusturica,
quien se encuentra rodando
un documental sobre
la vida del -para muchos-
"más grande
jugador de toda la historia
del fútbol".
El cineasta pretende
mostrar una "imagen
idealizada" del
ídolo del fútbol,
sin pretender siquiera
utilizar el "gancho
blanco" que ya
muchos quisieran.
El
documental será
presentado desde la
perspectiva del artista,
se tomará de
él todo aquello
que más nos gusta.
El potrero como escenario,
los estadios de fútbol,
los camerinos, las hinchadas,
las ovaciones; todos
los elementos del personaje
que deslumbró
con la pelota atada
a la zurda. Ojalá
su vida no hubiera traspasado
ese ámbito.
"Maradona
es un genio. Los filósofos
románticos llamaban
genio al ser mayúsculo
que con su arte conducía
hasta las más
altas cumbres el sentir
de su pueblo. Maradona
hizo del potrero argentino
un arquetipo universal.
El potrero es la tierra
del fútbol, la
tierra de nuestra infancia,
no tiene pasto, es dura
y polvorienta, los postes
no tienen color y la
música que perdura
se llama largala comilón,
no se la pasés
al gordo y gol. Esta
tierra de nadie y reino
de la infancia es lo
que Maradona inmortalizó
en un símbolo
de belleza",
ha escrito el filósofo
argentino Tomás
Abraham. Y es precisamente
allí donde se
desarrollará
la vida de Maradona
presentada por Kusturica.
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