LOS ÚLTIMOS SEGUNDOS
Todo transcurrió
en instantes. El piloto seguía leyendo. La gente
amontonada en la puerta provocó que el centro
de gravedad de la aeronave se trasladara hacia la proa.
La velocidad aumentaba. El copiloto, al mando del Fokker,
intentaba bajar la velocidad, pero su falta de experiencia
al mando de un avión dificultó su tarea.
Mientras lo intentaba, “se olvidó
de monitorear el altímetro el cual indicaba descenso
continuo.”
En condiciones normales un avión
en momentos de aterrizar desciende 500 pies cada minuto.
El Fokker del Alianza Lima, caía a 700 pies por
minuto.
Torre de control pidió confirmar a la nave sí
mantenían contacto con el terreno. No hubo respuesta.
En ese momento y tal como lo señala el resultado
de la investigación interna de la Marina, ni
el piloto Edilberto Villar, ni el copiloto Fernando
Morales Dapueto, se percataron de lo que indicaba el
altímetro; ninguno se dio cuenta de que en medio
de la noche el avión había descendido
constante y peligrosamente.
En ese instante, el copiloto del Fokker
decidió escapar y salvar su vida.
El copiloto volteó hacia el piloto
y le dijo: “¡Usted lo tiene!”. El
copiloto entregó bruscamente el mando del avión
al piloto. Acto seguido, desplazó su asiento
hacia atrás, se desamarró, se sacó
los audífonos y abandonó la cabina de
pilotos.
Sorprendido, el piloto tomó los
controles de vuelo, niveló ligeramente las alas,
e impactó.
Edilberto Villar no era consciente de
que estaba tan cerca del mar.
Entonces sucedió. Eran las 8:14
minutos de la noche del martes 8 de diciembre de 1987.