Valeriano López, el ‘Tanque de Casma’

Es uno de los más grandes goleadores que ha tenido el fútbol peruano. Valeriano llegó al Boys en 1945, y al año siguiente se convierte en "la sombra de los goleros". Las crónicas de aquellos tiempos le atribuyen un excelente juego por alto, con una fuerza impresionante para saltar entre los defensas y conectar sus frentazos, que eran inatajables para los porteros.

Los dirigentes rosados se fijaron en él luego de que anotara cinco en un encuentro entre el Firestone de Huacho y el Sport Boys. Su apellido cobra renombre en la temporada 1946 cuando con 22 goles conquista el galardón de goleador del fútbol peruano.  

En la temporada 1947 consigue 20 goles y en 1948 sigue en plano ascendente y logra otros 20 tantos. Lamentablemente, en 1949, en plena madurez deportiva, fue castigado a perpetuidad por su mala conducta. Enrumbó al único país en donde podía jugar, Colombia, desafiliada de la FIFA y que en esa época congregó a los mejores jugadores del mundo.

En el Deportivo Cali integró el ataque con su compadre Gerónimo Barbadillo, Manuel María Drago, Vides Mosquera y el ‘Tigrillo’ Salazar. Todos triunfaron. Valeriano se metió en el corazón de la hinchada caleña, tanto así que la afición luego de cada partido, a la salida del estadio, lo esperaban para llenarle los bolsillos de pesos y dólares. Con Valeriano, Barbadillo, Mosquera, Drago y Salazar en su delantera, el Deportivo Cali fue animador de los campeonatos colombianos de 1949 (2°) y 1950 (3°).

Levantada la sanción, regresa al Perú y al Boys en 1951 donde consigue pasar a la historia con sus 31 goles en 16 partidos. El ‘Tanque de Casma’, fue el goleador del torneo con un promedio de casi dos goles por partido. Pese a ello, el título se definió en el último partido frente al Deportivo Municipal, que el año anterior le había arrebatado la corona al Boys apenas por un punto. El cuadro porteño se tomó la revancha al ganar por 3-2 sumando 28 puntos sobre los 26 de su archirrival.

Aquel día le hizo tres goles al 'Flaco’ Luis Suárez del Municipal, a quien Valeriano, antes del partido, se acercó para saludarlo y de paso decirle lo siguiente: "Ahora te voy a meter tres goles...". En la medida que se producían los goles, Valeriano le recordaba a gritos los que faltaban. Hasta que llegó el tercero y Valeriano le dijo lo siguiente: "Ya cumplí con mi palabra. En adelante puedes atajar tranquilo...". Asimismo, Valeriano demostró ser el mejor cabeceador de nuestro fútbol. Cuando se producía un córner, las defensas formaban barrera para evitar su ingreso al área porque siempre ingresaba arrollando al que le salía al paso para elevarse por sobre todos y cabecear con una potencia inusitada, al punto que sus cabezazos parecían "cañonazos". Muchos críticos nacionales, decían en reiteradas oportunidades y con razón: "Ese hombre no cabecea... "patea" con la cabeza...".

También por la potencia de sus disparos se encargaba de los tiros libres, anotando varios goles por esa vía. No era un jugador muy técnico, era pura fuerza.

Por ello -además de jugar por el Deportivo Cali de Colombia y el Huracán de Buenos Aires-, también pudo jugar por el Real Madrid, porque hasta Europa llegó su fama. Incluso, en una oportunidad, cuando jugaba en Colombia, Santiago Bernabeu, presidente del club español, viajó expresamente para contratarlo. Lamentablemente Valeriano, que sólo tenía la cabeza para rematar y no para pensar, desperdició esa gran oportunidad: Luego de llegar a un acuerdo y recibir incluso un adelanto, se ‘perdió’ el día designado para firmar el contrato. Lo esperaron dos, tres, cuatro días y Valeriano no aparecía, y don Santiago regresó a su país con Alfredo Di Stefano. Bernabeu confesaría: "Fui por Valeriano, porque jamás vi un cabeceador tan extraordinario, pero retorné con Alfredo. Y no me quejo... porque me dio cinco Copas de Europa."

Las cuatro temporadas que Valeriano jugó por el Boys lo convirtieron en el jugador más efectivo a través de la historia de los porteños. Luego de militar en el Huracán de Buenos Aires, con el Alianza Lima -donde se consagró segundo goleador del año 1955 con 10 goles, cuarto el 1956 con 11 y tercero en 1957 con 12- y el Mariscal Castilla, cerró su trayectoria futbolística con la rosada. Su último partido fue precisamente ante Universitario de Deportes. Fiel a su historia, se despidió anotando un gol de cabeza por sobre la marcación de Jorge Fernández.

Retirado del fútbol, lamentablemente, quedó en la miseria y abandonado por todos. Su final parecía acercarse a pasos acelerados en la ciudad de Huacho porque estaba anémico y los hospitales le cerraban las puertas. Alberto Levy, identificado con el Boys, finalmente le tendió la mano en los momentos más difíciles y duros de su vida. Y lo recuperó física, anímica y moralmente.

Fotos: Revista Don Balón Perú

 

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