archi
Fecha:01/11/2009 09:57:46 p.m.
RUMBO A LA SUDAMERICANA
Así te quiero ver equipo de mis amores, alegria del pueblo Ayacuchano, gracias por todo lo que nos brindas alegrias por primera vez en la historia para nuestra ciudad, con tus actuaciones brillantes ganando a los equipos grandes y estar mas cerca para lograr un cupo para la sudamericana, que sería en regalo mas grande para todos los hinchas que estamos partido tras partido......... aumentaron los hinchas a nivel nacional especialmente en lima con quienes converso y estan satisfechos con las actuaciones y ubicación en la tabla de posiciones del campeonato desentralizado........... Deseamos de todo corazón que el otro año sigan los mismos jugadores y/o busquen algunos refuerzos mas para estar siempre en los primeros lugares y se haga un equipo respetable........... Gracias Intigas a los dirigentes, director tecnico y jugadores por darnos muchas alegrias olvidandonos de los problemas que tenemos.......
Tenerife 1005 Ayacucho
ARCHI
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piwicho
Fecha:01/11/2009 01:29:13 p.m.
El rico qapchi
WILLY DEL POZO
A mis cumplidos catorce años Waltico me introdujo a su grupo de amigos, viciosos del billar, quienes se reunían todas las tardes en el taco ?El paño verde? en la esquina de 9 de diciembre con Mariscal Cáceres, regentado por el popular Micky.
Eran infaltables el tío Miguel, el cholo Coropuna (por el parecido con el choro de esa época), Mondongo (por los rollos de su infatigable barriga), Luchito Cerrón y Chichochu (Chino, cholo, chucha de tu madre), allí de broma en broma nos agrupábamos y en el momento menos pensado terminábamos con las posaderas bien acomodadas en alguna cantina o en las afueras de la ciudad bebiendo chicha de jora con caña.
Yo, al ser el más chibolo, era el que menos cabeza tenía; pero al ser un alumno de avanzado, maduré rápidamente para poder tutear a mis contertulios.
Una de esas tardes acabamos bien sentados en un warike por el Óvalo de la Magdalena, donde nos atendió una hembrita bien despachada, hija de la dueña del local, era una trigueña de piel seca, chaposa, y con una trenza larga que resaltaba su negro azabache. Todos la mirábamos con palmaria lascivia, sus pechos fueron el comentario de la reunión.
No le quitábamos el ojo de encima y en cuanto fuimos ingiriendo la chichita con caña se nos tornó más bella, sus piernas morochas y lampiñas eran el divertimento de Coropuna, Mondongo y Chichochu. El local que nos albergaba era totalmente rústico, y la chicha de jora y la caña se hallaba en unos porongos ubicados en un almacén cercano a donde estábamos, al descubrirlo, mientras se descuidaba la chiquilla o quizá con la complicidad de ella, nos turnábamos para llenar las jarras cada vez que se nos vaciaba la voracidad aunque a lo disimulado pedíamos de cuando en cuando una ración nueva que sí era apuntada en la cuenta en un cuaderno azul.
A las tres o cuatro horas me entraron ganas de mear, busqué a la chibola para que me señalara el lugar donde se ubicaba el baño, ella pecando de originalidad me dijo simplemente: ?Al fondo a la derecha? Pero con una coquetería nunca antes escuchada en su voz acaramelada.
Carajo, en ese momento sentí que la tierra giraba a mil por hora, estaba zampado y no me había dado cuenta, todo me daba vueltas, la chica al notarlo se me acercó y me ofreció esta vez sus preciosos brazos, me llevó como atenta enfermera hacia su habitación donde me
recostó cómodamente. Le dije que no se preocupara que ya se me pasara, sin embargo ella insistió y me trajo una taza de café. Noté que me miraba semiembobada, y yo en medio de mi borrachera también la miraba igual, de un momento a otro se tumbó a mi lado y me empezó a besar.
En un santiamén recuperé la vitalidad y mis fuerzas se incrementaron, al toque le levanté sus faldas y le bajé los calzoncitos, al acercar mis labios a su vagina sentí un fétido olor a
bacalao, abrí bien mis obnubilados ojos y pude distinguir entre sus vellosidades brillosas unas plaquitas blancas, como quesillo recién estrujado y presto a ser incluido dentro de la receta del qapchi, ella aprehendió fuertemente mi cabeza y me empujó hacia su gastronómico qapchi. Ya estaba adentro por lo que me hice a la idea de que estaba degustando un buen aperitivo para lo que vendría después. Justo cuando estaba a punto de penetrarla la llamó su vieja y me quedé con el bandido afuera doblando la cabeza, ella se vistió al toque y salió dando saltitos para cumplir la orden de su madre.
Carajo, aún sentía en mis labios ese aroma a rancio pescado cuando las arcadas en mi estómago se incrementaron y evacué litros y litros de chicha mezclada con el quesillo ahumado de la inesperada infanta.
Volví en mí y regresé con mis amigos que ya estaban más entonados, y seguimos dándole curso a la cañita que cada vez nos acercaba más a la divinidad. La muchachita de las trenzas largas vino a nuestra mesa con dos jarras más y al verme me conminó a seguirla con una guiñada más que seductora. El sabor a qapchi permanecía en mis labios, me animé y
fui tras ella como hipnotizado pero con una muy buena idea, al alcanzarla le dije que me diera un poco de sal y limón para calmar los vahídos que me seguían jodiendo. Fue a la cocina de su mamá y regresó con mi pedido. Al toque la tumbé en la cama, le saqué nuevamente el calzón mojadito y antes de hundir mi lengua entre su qapchi la rocié
de limón y le eché una noble pizca de salcita, ahora su sabor estaba en su punto, escarbé todo lo que pude y mientras ella gemía le dije que sin duda yo era el mejor chef peruano, especializado en comidas queseras huamanguinas. Ahora, le dije, le tengo que poner el último ingrediente, me abrí la bragueta, bajé los pantalones, saqué al inquieto que asombrado obedeció pues me empecé a masturbar con mucha rapidez, a los segundos descargué una violenta dosis para completar el aperitivo, ya la comida estaba preparada y mi cometido cumplido.
Retorné nuevamente donde mis amigos, pero no los encontré, tenía dos opciones: irme a la caza de otra pedorrera o quedarme con esta cholita quesera a la que ni cagando le metería la pinga sin condón. Decidí ir en busca de Pili, mi amiguita de entonces, sabía que me recibiría con armónica dilección. Al abrir su puerta y darme un beso casi afirmando musitó: ?¿Has estado tirando trago, no, y has comido qapchi? No me pasas la voz, ahh?. Ya adentro la abracé cariñosamente y la tumbé en su sofá, sin prevenir nada la empecé a desnudar, sin embargo no quiso que le bajara los calzones, me dijo que estaba con la regla, que no
podíamos hacer nada; pero al carajo, pensé si yo era el mejor chef peruano podía hacerla de payaso, si había preparado qapchi, por qué no podía hacer un buen ?Blody Marie? para completar la faena. Le quité el calzón y hundí mis labios en sus entrañas mojaditas de rojo pasión.
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