La
historia del café llega a nosotros a través
de diversas leyendas. Según una de ellas, sus propiedades
estimulantes habrían sido descubiertas cerca del año
800 d. C. por unas cabras que correteaban todas las noches
después de comer las frutas rojas de un arbusto desconocido.
El
pastor que las cuidaba, luego de observarlas, decidió
también probar estos frutos; los tostó antes
de molerlos e hizo con ellos una papilla que endulzó
con miel, quedando totalmente asombrado por el efecto energizante
causado por la preparación.
La planta del café, denominada cafeto, es originaria
de las altas planicies tropicales de Etiopía, donde
aún hoy es utilizada como alimento. La palabra café
proviene del árabe “kawah”, que significa
fuerza, vigor; este brebaje se extendió desde la península
Arábiga hasta El Cairo y a todo el Imperio Otomano
a mediados del siglo XV.
A finales del siglo XVI, desde El Cairo, el “kawah”
cruza el mar Mediterráneo, donde fue descubierto por
Próspero Alpini, y fue él quien lo introdujo
en los puertos de Génova y Venecia para que luego empiece
a jugar un papel muy importante durante el Renacimiento.
En 1663 se establece la primera “coffee house”
en Amsterdam, y el embajador Solimán Aga fue quien
se encargó personalmente de dar a probar el café
a Luis XIV.
En Marsella fue muy mal recibido, en particular por los vinicultores
que temían que se convirtiera en su competencia; estos
últimos, con la complicidad de los médicos,
le atribuyeron efectos tan oscuros como su color, acusándolo
de “disolver la humedad del cerebro, de quemar la sangre
y provocar adelgazamiento...” Estas calumnias no evitaron
que el café tuviera una brillante aceptación
en Francia y otros países.
En 1706 el café ocupa nuevamente el centro de atención
en Amsterdam, y los holandeses para demostrar su admiración
por el rey Luis XIV, ofrecen en 1714 una de estas plantas
exóticas al “Jardín de Plantes”
en París.
Las propiedades diuréticas y estimulantes de esta bebida
fueron inmediatamente apreciadas, su primera descripción
en los círculos científicos fue realizada en
el año 1715 por Antoine de Jussieu, director del Jardín
de Plantes.
A principios del siglo XVIII, Arabia conservaba el monopolio
de la producción del café, una planta frágil
en el transporte y difícil de aclimatar. Posteriormente,
los holandeses enviaron plantas a Surinam, en la Guayana holandesa,
y muy deprisa se propagó la cultura del café
a las islas vecinas, luego a Colombia y Venezuela. En 1722,
un evadido de la prisión de Cayena, refugiado en la
Guayana holandesa, ofreció granos de café a
cambio de su libertad, el café ingresó así
en la Guayana francesa.
La leyenda de la Guayana francesa cuenta que la primer planta
de café fue introducida en el Brasil por un joven oficial
brasileño que recibió la orden de obtener una
planta de café a cualquier precio, en ese momento su
exportación podía acarrear hasta la pena capital.
Luego de varias andanzas este joven logró ganar los
favores de la mujer del gobernador de la Guayana francesa
y cuando él debía regresar al Brasil, la mujer
le ofreció una rama de cafeto que ocultó en
un ramo de flores. Es así como en una historia de amor
se encuentra el origen del cultivo del café, en un
país que se ha convertido en el mayor productor del
mundo.
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