Café
Tortoni
Buenos Aires, Argentina
"El paradigma del café porteño"
El Tortoni
es el paradigma del café porteño, pero poco se
sabe de sus orígenes. Apenas que un inmigrante francés
de apellido Touan decidió inaugurarlo a fines de 1858
y que el nombre lo tomó prestado del de un establecimiento
del Boulevard des Italiens, en el que se reunía la elite
de la cultura parisina del siglo XIX.
A fines del siglo, el bar fue adquirido por otro francés:
don Celestino Curutchet, a quien el poeta Allende Iragorri describiera
como "...el típico viejito sabio francés...".
Menudo de cuerpo y fuerte de espíritu, estilaba la clásica
perilla alargada, ojos vivísimos y usaba un casquete
árabe de seda negra, casi un personaje de historieta
que agregaba otro acento peculiar a la fisonomía del
lugar.
El local era frecuentado por un grupo de pintores, escritores,
periodistas y músicos que formaban la "Agrupación
de Gente de Artes y Letras", liderada por Touan. En mayo
de 1926 forman "La Peña", y le piden a Don
Celestino Curutchet, que les deje usar la bodega del subsuelo.
El dueño acepta encantado, porque según sus palabras:
"... los artistas gastan poco, pero le dan lustre y fama
al café..."
En este café parece que el tiempo se hubiera detenido
como en un daguerrotipo, cuando en él la gente juega
al billar, a las cartas, o simplemente toma un café entre
amigos, el local es cada vez más una parte indispensable
de la historia porteña.
Café Boulevard
Bilbao, España
"El café más antiguo de Bilbao"
El Café
Boulevard, situado en el Arenal, junto al Teatro Arriaga, fue
inagurado en 1871 por la familia Perez Yarza. Se trata del Café
más antiguo de Bilbao, conservado en funcionamiento tras
no pocas vicisitudes y reformas, que a lo largo del tiempo han
ido cambiando su fisonomía. Su actual estructura, en
dos plantas, con más de 500 metros cuadrados útiles,
mantiene una impresionante decoración "art deco",
datada en 1929, de enorme riqueza ornamental, a base de pan
de oro, estucos, mármoles, unas magníficas vidrieras
plomadas, alabastros y bronces de factura original (muy probablemente
adquiridos al término de la Exposición Universal
de París del año 1926), así como dos pequeños
frescos del pintor bilbaíno por excelencia Manuel Losada.
Famoso por sus tertulias, a las que desde siempre ha prestado
cobijo, dando lugar a la interpretación de sus siglas:
C.B., como "convivencia bilbaína", el Café
Boulevard sigue siendo la sede de numerosos grupos y actividades
socio-culturales, entre las que cabe reseñar "Las
Tertulias Poéticas de los martes", que desde el
18 de febrero de 1992 viene convocando la Asociación
Artística Vizcaína.
Café de la Paix
Paris, Francia
"Una fuente de inspiración"
El café
abrió sus puertas al mismo tiempo que la Ópera
de París. Aún conserva la decoración diseñada
por el propio Charles Garnier, arquitecto del edificio de la
Ópera. Durante décadas fue el centro de reunión
de músicos, libretistas y directores de escena. Compositores
como Giuseppe Verdi crearon aquí, al aroma de un café,
sus más bellas arias, al mismo tiempo que se marcaron
las diferencias entre la ópera alemana o la italiana
sobre sus mesas.
En París existe el Café de la Paix desde 1862
en el primer piso del Grand Hotel, en el Boulevard de las Capuchinas,
y era principalmente frecuentado por extranjeros hospedados
en el hotel.
Durante "la belle epoque", los intelectuales y artistas
que llegaban a comer un desayuno inglés o a cenar después
de la ópera, saboreaban las especialidades de los Chefs
Escoffier y Nignon. Massenet, Zola, Maupassant y después
Truman, Leclerc, Callas y Chagall eran los clientes regulares
de El Café de la Paix, un lugar de encuentro internacional
para artistas y la alta sociedad.
Café Procope
Paris, Francia
"El más exclusivo de la ciudad luz"
En París,
antes que se abrieran cafeterías, primero se estableció
un comercio que molía los granos de café, pero
a precios tan elevados que limitaban la difusión del
mismo. En 1686, un italiano fundó el Café Procope
y ante el éxito del negocio, abrió unas cuantas
sucursales más en la capital francesa, que muy pronto
se rindió ante la estimulante bebida.
En el Procope también se servían jugos, helados
y es allí donde por primera vez acuden las mujeres, costumbre
que no se había visto hasta ese momento.
Los del Procope son tres siglos de historia salpicados por nombres
tales como Diderot, Rousseau, Voltaire, Verlaine y Napoleón.
Incluso se cuenta que Benjamín Franklin garabateó
las primeras líneas de la constitución americana
entre esas paredes.
Esto y mucho más hacen de este café parisino no
sólo el más antiguo si no el más exclusivo
de la "Ciudad Luz".
Café New York
Budapest, Hungria
"Un lugar casi mítico"
Es el
más famoso de la ciudad, situado en una casa Art Nouveau
del siglo XIX de proporciones palaciegas. Los opulentos interiores
del café y las asociaciones literarias lo han dotado
de un status casi mítico. Como tantos cafés, en
el pasado fue muy popular entre noveles escritores por razones
estrictamente prácticas: ofrecía un refugio mucho
más cálido que los fríos cuartos de alquiler
que a penas si podían pagar y como si fuera poco, el
papel y la tinta eran gratis. Aunque hoy en día es más
probable que uno se codee con turistas que con apasionados y
famélicos escribas, el Nueva York todavía cuenta
entre sus habitués con reconocidos editores de revistas
literarias.
Cuenta la leyenda que cuando el café abrió sus
puertas, uno de los dramaturgos húngaros más famosos
del siglo XIX, Ferenc Molnár, y sus colegas arrojaron
las llaves del café al Danubio, para que sus puertas
nunca cerraran.
Café Guijón
Madrid, España
"El del nombre eterno"
Fundado
en 1888 por un asturiano llamado Gumersindo Gómez,
fue traspasado en 1916 a Benigno López con la condición
de que jamás cambiara de nombre. No fue hasta pasada
la Guerra Civil Española cuando autores como Alfonso
Paso, Buero Vallejo, Camilo José Cela, Antonio Gala,
Jardiel Porcela o Gerardo Diego, fijen aquí sus tertulias
y lo conviertan, prácticamente, en el último
superviviente de los cafés literarios de una larga
tradición madrileña.
Café Florian
Venecia, Italia
"El primer café europeo"
El
29 de diciembre de 1720 Floriano Francesconi abre un local
en la plaza de San Marcos. Su visión de un mundo que
avanza a gran velocidad le lleva a crear un lugar donde gentes,
cafés y opiniones tengan un punto de referencia. Así
nació el primer Café europeo de la historia.
Por sus elegantes salones, que a pesar de las numerosas inundaciones
aún se conservan como el primer día, pasaron
escritores de la talla de Lord Bayron, Marcel Proust o Charles
Dickens.
Café Greco
Roma, Italia
"El favorito de la Ciudad Eterna"
Nació
el Café Greco en 1760, fundado por un emigrante griego,
convirtiéndose en el favorito de artistas extranjeros
que vivían y trabajaban en "La Ciudad Eterna".
Sustituía al Café Turco, más antiguo,
que había sido frecuentado por personajes librepensadores
de peluca empolvada, como Giacomo Casanova, los castrati y
muchos clérigos vividores de la corte pontificia.
Sus espejos fueron testigos de tertulias con el famoso Búfalo
Bill y discusiones literarias protagonizadas por Keats o Goethe.
En sus veladores de mármol, músicos como Listz,
Bizet o Wagner compusieron algunas de sus más destacadas
obras.
Ya existía el Café Greco cuando Johannes Joachim
Winckelmann, el creador de la Historia del Arte, era asesinado
durante la noche por un tal Arcangeli en una posada de Trieste.
La primera victoria de este establecimiento sobre la barbarie
consistió en permitir que se fumase en su interior.
Esto atrajo a visitantes como Johann Wolfgang Goethe, quien
durante sus estancias del otoño de 1786 y del verano
del año siguiente no dejó de acudir al Greco.
El pintor inglés Sir Joshua Reynolds también
se acercaba al Greco, para fumar en su larga pipa tabaco turco.
Una segunda victoria sobre la vulgaridad aconteció
durante las guerras napoleónicas, cuando la escasez
hizo que los demás locales ofrecieran a sus clientes
sucedáneos infectos hechos con achicoria y castañas.
En el Greco se siguió sirviendo café del bueno,
aunque, eso sí, disminuyendo la dosis en cada taza.
Naciendo así el café expresso.
Café
Landtmann
Viena, Austria
"El elegido de Freud"
Durante
siglos, los cafés han sido parte esencial de la vida
vienesa. Un café es algo más que un lugar al
que se va a beber, es un centro de reunión.
El Café Landtmann continua siendo actualmente uno de
los cafés más visitados por intelectuales locales,
aficionados al teatro y actores del cercano Burgtheater, así
como periodistas y políticos.
Cubierto de espejos y madera, resulta un lugar muy elegante
y cómodo. Abrió sus puertas por primera vez
en 1873 de la mano de su fundador: un comerciante de café
Franz Landtmann. Solía ser el lugar favorito de Sigmund
Freud. |