A
través de la Cata se pretende encontrar y valorar todas
las características que definen un café. Servirá
para emitir un juicio de valor objetivo, para comparar varios
cafés entre sí, o para contrastar si un café
se ajusta a unas características predeterminadas.
Ayudará al éxito de la cata, el seguir un orden
riguroso en las normas establecidas y disponer del instrumental
adecuado, sin improvisaciones que desvirtúen el proceso.
En la cata se evaluarán las siguientes características:
Apariencia en taza: observando la infusión.
Se describe el grado de turbidez de la infusión, es
decir la variación entre “nítido cristal”
y “muy turbio”, puede ser denso o débil,
características que se presentan debido a partículas
insolubles en suspensión.
Aroma:
oliendo la infusión.
La vía nasal directa: se da cuando respiramos los vapores
que emanan del café y la vía retronasal (o aroma
de boca): que se da cuando ingerimos el café, ya que,
al tragar, siempre expulsamos un poco de aire por la vía
de comunicación existente entre boca y nariz. Con las
fosas nasales se captan las emanaciones de la bebida, siendo
el olor uno de los condicionantes del gusto.
Gusto:
a través de probar la infusión.
Hay cuatro factores básicos:
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Dulce: Proteínas y Carbohidratos
• Salado: Potasio, Sodio, Calcio
• Ácido: Cítrico (limón), Tartárico,
Málico
• Amargo: Cafeína, Fenoles, Trigonelina
La acidez es una cualidad positiva en el café, es la
expresión de su viveza. Sin ella un café aparece
plano y con poca personalidad.
Cuerpo:
valorado a través de la densidad y textura de la bebida.
El cuerpo es un aspecto fundamental para valorar una taza
de café, que no se debe confundir con la sensación
de fortaleza del gusto. El cuerpo es una sensación
táctil causada por la densidad de la bebida y por los
elementos en suspensión, esencialmente grasas y aceite.
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