| Nacido el 28 de julio
Alberto Fujimori Fujimori ganó la Presidencia
del Perú cuando tenía 52 años (su biografía oficial dice que nació el 28 de julio de
1938), coronando con éxito espectacular una campaña política en la que tres meses antes
de imponerse era un perfecto desconocido para las grandes mayorías. Y sin exagerar,
también para el periodismo especializado.
Hoy día muchos recuerdan la sonrisa displicente de las gentes del equipo más cercano
al novelista-candidato Mario Vargas Llosa, cuando al finalizar el verano de 1990, alguien
comentó que un oscuro aspirante presidencial de apellido japonés comenzaba a crecer en
las encuestas. Esas y muchas sonrisas se congelarían con el paso de los días.
De abajo arriba
Un informe de la primera semana de marzo decía que el candidato de Cambio 90 apenas
registraba 2.8% de intención de voto. Ya era algo, antes no aparecía siquiera en los
reportes. Pero en la segunda semana había crecido hasta 6.1%, en la tercera llegaba a
10.1% y en la cuarta estaba asentado nada menos que con 18.0% de votos potenciales. Cuando
el país entró a la primera semana de abril de 1990, una semana antes de la consulta
electoral, el japonesito registraba 26.2% de intención de voto y en el comando central
del célebre novelista los desmayos eran cosa de todos los días.
¿Qué había pasado en el Perú?, ¿se habían vuelto locos los electores?, ¿qué
clase de imán tenía este candidato que pasaba por encima de los políticos y retaba a la
propia clase dirigente del país a escucharlo?.
Los cuatro grandes
Para tener una idea del tamaño que alcanzó el desconcierto entre los seguidores del
escritor -y en general entre los que extendían su respaldo a los otros candidatos- baste
recordar que a fines de febrero de 1990 las preferencias se repartían, aproximadamente,
entre 45% a favor del novelista; un 19% creciente para Luis Alva Castro, del Partido
Aprista; el 12% en baja le tocaba a don Alfonso Barrantes, de la Izquierda Socialista; y
un caído 9% para Henry Pease, de la Izquierda Unida.
Asistíamos a la aparición en escena de lo que entonces se llamó "tsunami
Fujimori", fenómeno que con el correr del tiempo tendría imitadores en América
Latina.
Un chinito como tú
Alberto Fujimori había sido uno de esos miles de hijos de japoneses asentados en el
país, a quienes los peruanos siempre guardaron afecto y respeto. Identificados como
laboriosos y serios, su imagen se asociaba al éxito moderado y la honradez en los
negocios. Casi siempre se casaban entre ellos, eran muy pocos los peruanos o peruanas que
habían hecho pareja con estas raras aves llegadas de tan lejos.
El joven Alberto estudió la primaria en el colegio La Merced y después la
completaría en La Rectora, una escuela fiscal del populoso barrio de La Victoria.
Los cinco años de estudios de secundaria (antes llamada media) fueron en la Gran
Unidad Escolar Alfonso Ugarte, uno de esos numerosos colegios que le dieron prestigio al
gobierno dictatorial del General Manuel Odría.
Rosa, hermana de Alberto, lo recuerda como un joven callado, lector de periódicos,
casi ensimismado. Durante su adolescencia ayudó a su padre en el negocio de las flores,
de cuya venta se encargaba repartiéndolas en bicicleta luego de la jornada escolar.
La Agraria
Culminó la escuela con notas buenas, especialmente en matemáticas, algo que se
asociaba con su imagen de joven pulcro y ordenado. Postuló a la Universidad Nacional
Agraria e ingresó sin dificultades. Allí se dedicó a estudiar y nadie recuerda que hay
tenido participación en los movimientos estudiantiles, tan intensos en la década de los
60 y 70. De la carpeta de alumno aplicado pasa al frente como profesor, luego de una breve
experiencia como empresario constructor.
Una vez graduado se casa con Susana Higuchi, también de profesión ingeniera, pero
más vinculada al mundo de los negocios. Su especialidad era comprar terrenos y edificar
viviendas hasta dejarlas "en casco", lo que permitía una venta rápida a
precios atractivos. La pareja prosperó y tuvieron cuatro hijos, dos hombres, dos mujeres.
Ha contado un colega de Fujimori que a mediados de 1978, en pleno gobierno militar, una
huelga estudiantil paralizó la Universidad Agraria, porque a raíz de unos exámenes que
los alumnos consideraban arbitrarios, habían sido separados 300 estudiantes que no
aprobaron.
El lío era gordo y de nunca acabar. Los jóvenes exigían reposición, nuevas pruebas
y las autoridades querían demostrarle al gobierno que eran merecedoras de su confianza y
por tanto actuaban con ruda rigidez. Todos perdían. Fue propuesto como mediador el
profesor de matemáticas llamado Alberto Fujimori, quien tenía fama de buen negociador.
El mesías.
El negociador comenzó por llevarles alimentos a los huelguistas y alejar a la Policía
del lugar donde se refugiaban los chicos. Puntos a favor, lo demás sería fácil.
Convenció a las autoridades, impresionadas con el enorme respaldo que tenía el
negociador, de modo que hubo nuevos exámenes y los expulsados fueron repuestos.
En 1980 compite por el rectorado de la Universidad pero pierde, pese a que contó con
el voto del tercio estudiantil. Explicó el contraste por una "traición" de sus
colegas, que le dieron la espalda pese a que comprometieron su voto con su programa. En
1984 ya era decano de la Facultad de Ciencias y desde esa plataforma vuelve a postular al
rectorado, esta vez con una política de alianzas públicas que comprometió a muchos
catedráticos. Esta vez se impuso y de allí saltó al Consejo Nacional de Rectores, una
entidad que agrupaba a las máximas autoridades académicas que trabajaban para el Estado.
Concertando
A fines de su mandato falta más de un año para las elecciones generales. Se convence
de la necesidad de ser senador pero más adelante piensa que será mejor si forma un
partido que le permita postular a la Presidencia. La Ley de entonces permitía buscar
ambas opciones y él no era quien se las iba a negar. Antes conduce un programa de
televisión en el Canal del Estado ("Concertando"), que lanza su figura.
Directivos de entonces del Canal del Estado aseguran que fue el propio presidente Alan
García, quien abogó para que le concedan la oportunidad al académico. Era un espacio
que cada semana ponía en debate dos temas y dos figuras opuestas. La
"concertación" estaba en el ambiente y el ingeniero Fujimori cabalgaba sobre el
prestigio que ya tenía el concepto en una sociedad que siempre vivió en pugna.
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