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| Otro 28 de julio El 28 de julio de 1989 queda registrado el nacimiento de Cambio
90, un movimiento que reúne a personajes poco conocidos, que tenían como máximo
objetivo negociar con los grandes lo que obtuvieran en el camino. Así lo confesaron con
toda ingenuidad varios de los fundadores, cuando se vieron acosados por el periodismo.
Firmaron el acta fundacional Víctor Paredes, Humberto de la Vega, Alejo Díaz y
Alberto Sato, nombres que muy pronto quedarían en el camino, menos el de Paredes quien
llegó a ser diputado y ministro de Salud por algún tiempo. Pronto se sumarían Víctor
Honma y Pablo Correa, que en breve y abrúptamente seguirían el derrotero de los
anteriores.
En agosto de ese año Fujimori se acerca a la Asociación de Pequeños y Medianos
Industriales -APEMIPE- a la caza de adherentes para su campaña y con la promesa de que
serían incorporados en la lista de candidatos al Parlamento. Conoce a Máximo San Román,
un cusqueño emprendedor que tiene una pujante industria dedicada a fabricar hornos y
equipos de panadería.
Cambio, cambio
Ya en diciembre de 1989, a escasos cuatro meses de las elecciones, el movimiento y sus
candidatos estaban inscritos, pero eran muy pocos los que trabajaban. Esta actitud
motivaría nuevas fricciones, que llevaron a Fujimori a entender la necesidad de aplicar
una férrea disciplina en la política. Comenzaron a caer las primeras cabezas de Cambio
90, antes de haber comenzado la campaña a fondo.
A comienzos de enero de 1990 el lema del Fredemo invitaba a los electores a votar por
"el gran cambio" y Fujimori protesta por la confusión que puede crearse con el
nombre de su organización. En realidad, sólo lo hace para llamar la atención, porque
sabía que el movimiento de Vargas Llosa no cambiaría una coma a su eslogan. Fujimori
ordena entonces a su jefe de campaña que haga volantes y banderolas, con la promesa de
llevar a cabo "el verdadero cambio". Esa consigna y muchas otras como
"honradez, tecnología y trabajo" serían repartidas desde un tractor en marcha
manejado por el mismo candidato, que de ese modo comenzaba a ganarse a la gente. "Yo
soy un chinito como tú", les decía a los desprevenidos transeúntes, a quienes les
pedía su voto con una simpática sonrisa.
A Palacio
La primera vuelta la ganó el célebre escritor por estrecho margen; un triunfo
pírrico que tuvo sabor a derrota. Luego de conocerse los resultados, el propio Vargas
Llosa confesó su deseo de no competir en la segunda vuelta, decisión que debió ser
revertida a pulso por sus aliados. El propio Fujimori lo retó a seguir en la carrera,
gesto moral que reveló a la luz pública el estado de ánimo de cada uno. Aquél
derrotado y deprimido, el contendor seguro y animoso.
En la segunda vuelta ocurrió lo que todo el mundo esperaba, es decir el triunfo del
"chinito como tú" gracias al apoyo de sus propios votos, de los independientes
hartos de los viejos políticos, y naturalmente con el respaldo de apristas e
izquierdistas que habían jurado cerrarle el paso al candidato del Fredemo, y con ello
"a la derecha y al liberalismo".
Giro de 180 grados
Una vez sentado en el inmanejable caballo del poder, el novato político comenzó a
pergueñar sus primeras medidas de gobierno. Entre tanto, militares y acreedores externos
creaban sus propias estrategias. Aquellos le ofrecen seguridad en vista del peligro
terrorista, lo invitan a vivir con su familia en el Círculo Militar y le ofrecen
colaboración en determinadas condiciones y a través de ciertas personas. Los financistas
le envían invitaciones para conversar en Nueva York e intercambiar ideas y proyectos.
Lo que ocurrió es una historia conocida. Fujimori asume el Gobierno en una tormentosa
sesión en el Parlamento el día nacional del Perú, 28 de julio, fecha del cumpleaños
presidencial. Poco tiempo después, su primer ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado
Miller, anunciaría al país y al mundo uno de los más pavorosos programas de
"ajuste estructural" que se hayan conocido.
Pulso negociador
En el Congreso el presidente de ese poder, el ingeniero Máximo San Román, quien a la
vez era primer Vicepresidente, sacaba a relucir sus condiciones de hábil concertador. La
dispersa oposición no estaba decidida a cerrarle el paso al gobierno, pero tampoco se la
haría fácil. Finalmente le concedieron al Ejecutivo una autorización negociada para
dictar leyes de emergencia, con cargo a dar cuenta detallada de ellas en el Congreso.
Comenzaron las idas y vueltas al exterior, las negociaciones con el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo. El primer gabinete
de Fujimori incluyó a tres socialistas moderados: Fernando Sánchez Albavera (Energía y
Minas), Gloria Helfer (Educación) y Carlos Amat y León (Agricultura), quienes sólo
durarían seis meses en sus asientos ministeriales.
1991, gran cambio
Al comenzar el nuevo año salen del gobierno las matices izquierdistas y se ingresa de
lleno a un liberalismo sin frenos. Asume la cartera de economía el técnico Carlos
Boloña, un hombre con ideas fijas y pocas sutilezas. Comienza a calentarse la temperatura
en el Parlamento, los debates se hacen más enérgicos. Es en esta época en que se da el
gran cambio económico que necesitaba el país. Se desactiva toda la banca de fomento y se
inicia el proceso privatizador.
Abril 1992
El domingo 5 de abril a las 10.00 de la noche el Perú y el mundo asisten a un
autogolpe de Estado. Soldados fuertemente armados toman el local del Congreso, la sede del
Poder Judicial y las redacciones de todos los periódicos, emisoras de radio y televisoras
del país. De pronto aparecerá en la uniformada televisión, la imagen del Presidente,
quien anuncia a través de un mensaje leído, que ha decidido "disolver, repito,
disolver", al Congreso y el Poder Judicial.
En adelante
Lo ocurrido desde entonces es harto conocido. Mediación de la OEA, referéndum, nuevas
elecciones de un Congreso Constituyente, reinserción internacional de la economía,
aprobación de ingentes créditos para el gobierno, privatizaciones a fondo, mayoría
oficial en el Congreso que hará la nueva Carta Política, más privatizaciones, derrota
absoluta del terrorismo mediante la captura de los principales líderes, incluido al
número uno de Sendero Luminoso Abimael Guzmán, y derrota progresiva de la inflación.
En 1995 habrá nuevas elecciones y un nuevo, brillante contendor, será derrotado. Esta
vez el turno le tocó al embajador Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de las
Naciones Unidas, quien cae bajo el peso de una imagen presidencial arrolladora y exitosa,
que además cuenta con todos los recursos del Estado para su campaña.
Este segundo gobierno consolida lo hecho en el primero y sus mejores avances estarán
en el campo de las relaciones exteriores. Los viejos problemas con Ecuador y Chile
quedarían atrás, al firmarse el acuerdo de paz con el vecino país del norte y
recuperando los viejos derechos pactados con Chile desde el siglo pasado .

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