El gran salto
Gana las elecciones de 1986 y de allí en adelante sólo estará sentado en
sillones municipales. Tres veces resultaría alcalde electo del distrito más prestigioso
de la capital, célebre por sus calles y avenidas arboladas, los numerosos parques, esos
negocios siempre prósperos, los concurridos cinemas, las elegantes cafeterías y tiendas
y un vecindario culto y bien informado. Pero todo eso era parte de la historia de
Miraflores, la verdad es que entre las crisis intermitentes y el terrorismo, el distrito
se venía abajo.Andrade y su equipo comienzan por
reubicar a los miles de ambulantes, un milagro que nadie esperaba ver cumplido. Con el
tiempo las reubicaciones llevarían la marca de fábrica de este alcalde, que para
lograrlo hace una alquimia de negocio bueno para todos, mediante un paciente trabajo de
convencimiento. El resultado a la vista de todo el mundo era que de buenas a primeras las
calles amanecían vacías y todos contentos, la ciudad comenzaba a cambiar.
El milagro
Los negocios formales comenzaban a recuperar antiguos clientes, los
callejeros informales pasaban a ocupar un terreno grande comprado o alquilado, los
tributos municipales aumentaban y los vecinos volvían a caminar por las calles que
habían perdido y donde comenzaban a brotar nuevos negocios, pintura en las paredes,
alumbrado público reluciente y las pistas sin huecos para que circulen los visitantes, la
fórmula era infalible.
Tarata
Pero en julio del 92 un coche-bomba estalla en pleno centro de Miraflores.
Nadie lo esperaba, jamás alguien podrá dar una explicación medianamente coherente. El
hecho es que a causa de la terrible explosión en una zona residencial mueren dieciséis
personas y los daños materiales serían millonarios. Tantos que el Gobierno acordó dar
créditos para la reconstrucción de numerosas viviendas arrasadas.
El alcalde Andrade sale al frente y pone al municipio al servicio de las
víctimas. Se alía con el alcalde de Villa El Salvador, Michel Azcueta, y juntos
emprenden un trabajo que continúa hasta ahora en el municipio de Lima. Se queda frente al
municipio de Miraflores hasta 1995.
Ahora Lima
Para aspirar a la alcaldía de Lima, Andrade sabía que se requería una
nueva estrategia, más compleja. Enfrentaría al candidato del Gobierno y eso no era nada
fácil. Jaime Yoshiyama, ex ministro, ex parlamentario, hombre de negocios y amigo
personal del Presidente, sería un rival duro si no peleaba con inteligencia.
Lo primero que hizo entonces fue renunciar al PPC y fundar Somos Lima. La
decisión fue conversada con Luis Bedoya Reyes, jefe máximo y fundador del PPC. Si la
gente lo veía como hombre de un partido tradicional preferiría al hombre del gobierno. Y
lo importante era ganar la alcaldía. Bedoya comprendió y además no podía impedirlo.
Quedaron en buenas migas y a trabajar.
Milagro recurrente
La campaña fue ardua, espectacular. Ricardo Belmont, el alcalde saliente,
se había peleado con el gobierno y poco era lo que había podido hacer por la ciudad. Las
puertas de Palacio de Gobierno le fueron cerradas por su declarada simpatía hacia Mario
Vargas Llosa y Lima salió perdiendo.
No obstante, gracias a la obra hecha por Andrade en Miraflores y exhibida
hasta el agotamiento, más la simpatía del candidato, esa especie de perseverancia
parsimoniosa, envuelta en una sonrisa, con una frase chispeante siempre a flor de labios,
ganan las simpatías del electorado y derrota a Yoshiyama. Sería su primer triunfo sobre
candidatos del régimen, Lima estaba a sus pies.
Misma fórmula
Lo demás fue hacer lo mismo que en Miraflores, pero en grande. Negociar con
los ambulantes, mano de hierro en guante de seda. Reubicarlos, un trabajo titánico,
decenas de miles de hombres y mujeres sencillos, de trabajo, de la noche a la mañana
comienzan a dejar las sucias calles limeñas para instalarse en terrenos habilitados
especialmente para ellos. Polvos Azules, primero; luego Lampa, la Avenida Grau, la
Abancay, Mesa Redonda. De la noche a la mañana desalojadas, ni un herido de por medio, en
su lugar entran cuadrillas del municipio de barrer, lavar, adoquinar de nuevo, sembrar
árboles y plantas. La ciudad comienza a reencontrarse, los vecinos redescubren su
ambiente.
Eso para comenzar. Luego la construcción de nuevas vías, tréboles de
entrada y salida; parques ganados para el vecindario; áreas verdes para niños y
jóvenes. Nuevas inversiones, el turismo regresa al centro de la ciudad, a conocer el
Paseo Chabuca Granda, el reestrenado Parque de la Exposición.
Ahora el Perú
Del sillón municipal al sillón presidencial no hay más que media cuadra
de distancia, pero un siglo de dificultades, no todas explicables. Y Alberto Andrade
Carmona se ha dispuesto a dar el salto, enfrentando la guerra que le hace cierta prensa
que no parece tener iniciativa propia y algunos organismos oficiales, como el encargado de
recaudar impuestos que pretende cobrarle lo que ya ha pagado por su empresa.
Entrevistado respecto a la prensa sucia, el alcalde ha dicho que
sencillamente ha exigido en el Poder Judicial que termine la difamación, no que los
cierren. Por supuesto, sin resultados. En cuanto a la oficina de impuestos, por el momento
está tranquila y eso tal vez se explique por la presencia de los observadores
internacionales, dice el alcalde. Pese a todo el gordito bonachón como lo definen sus
amigos, espera tranquilo el 9 de abril, fecha de las elecciones. En mes y medio el Perú
definirá su suerte futura. ¿Será Andrade el nuevo Presidente?. Hay que esperar, qué
más da.