Todo comenzó con una larga
cabalgata de Huancavelica a Lima, a mediados de 1997. Fueron 500 kilómetros a la cabeza
de 120 indignados jinetes campesinos. Ocho días les tomó llegar a la capital para
presentar sus viejos reclamos en Palacio de Gobierno. A los de a caballo se les sumaron en
el trayecto 500 caminantes, hombres y mujeres del campo.
Todo fue llegar a la Plaza de Armas, Salas pide permiso para entrar a
Palacio de Gobierno con una pequeña delegación y el desencanto sale a su encuentro. El
Presidente no estaba en su centro de mando, nadie les recibiría. Desde ese día la vida
de Federico Salas comenzó a cambiar drásticamente. La célebre movilización a la que la
prensa limeña bautizó como la Gran Cabalgata de los Andes, le sirvió para probarle el
coraje de los campesinos peruanos y la frialdad de los muros de Palacio.
Contra lo que pudiera suponerse, Federico Salas es un limeño nacido el
4 de setiembre de 1950. A los veinte días de haber visto la luz su familia lo llevó a
Huancavelica, donde tenían sus principales propiedades. Allí pasaría su infancia de
manera intermitente. Idas y vueltas a Lima, a la escuela. Para que estudie la primaria sus
padres lo matricularon en el Inmaculado Corazón y la secundaria la pasó en el Santa
María. Estos colegios tienen en la capital un rango exlusivo, por sus aulas han pasado
muchos de los hijos de la clase dirigente peruana.
Al terminar sus estudios y ante la muerte de Luis, su hermano mayor,
debió hacerse cargo de los negocios familiares. Tenía 23 años cuando asumió esa
responsabilidad y según dicen algunos ex empleados lo hizo muy bien, estuvo a la altura
de las responsabilidades.
Pero lo que nadie imaginaba en el Perú ocurrió un 3 de octubre de
1968. El Ejército se sublevó y con el General Juan Velasco Alvarado a la cabeza,
derrocó al primer gobierno constitucional del arquitecto Fernando Belaúnde Terry. Las
causas de este golpe han sido explicadas en docenas de libros, para nuestra historia sólo
interesa saber que ese gobierno militar dispuso el 24 de junio de 1969 una reforma agraria
radical y la familia de Federico Salas se quedó sin tierras de la noche a la mañana.
Todos sus bienes agrícolas les fueron expropiados y a los pocos meses tenemos al clan
huancavelicano instalado en Lima.
A mal tiempo buena cara y don Federico ingresó a trabajar en la venta
de automóviles, luego ingresaría al negocio turístico y con esa experiencia sería
contratado por el Banco de los Andes donde llegó hasta el cargo de director. Tenía 30
años.
Por ese tiempo se casa con la joven Rosario Serpa Masías con quien
edifica un hogar sólido pero a la vez pleno de ternura. Nacen cinco hijos y el mayor,
Jorge, es un rendido admirador del padre. De él ha dicho: "es una persona que tiene
un orden admirable con una visión grande de las cosas, pero sin descuidar los detalles.
Tiene una gran capacidad de entendimiento y eso le permite llegar a sus objetivos sin
titubear"
A comienzos de su matrimonio y en plena conquista de la capital,
Federico Salas tienta a estudiar marketing en el Instituto Peruano de Administración de
Empresas -IPAE- una escuela que se ha hecho famosa por organizar todos los años las
célebres CADE -Conferencia Anual de Ejecutivos- donde han expuesto empresarios,
economistas y todos los políticos importantes desde 1960 hasta la actualidad.
De allí pasa a ESAN -Escuela Superior de Administración de Negocios-
otro centro de estudios empresariales de bien ganado prestigio en el país y en el
extranjero. En esa escuela consolida su formación empresarial. En 1993 decide regresar a
Huancavelica a reconstruir los viejos negocios familiares. Los tiempos de la reforma
agraria quedaron atrás, los bonos con los que ofrecieron pagar las expropiaciones nunca
fueron pagados por ninguno de los gobiernos. La derrota del terrorismo era clara, los
campos estaban despejados pero la miseria se había instalado con más fuerza entre los
campesinos.
En 1996 postula a la alcaldía de Huancavelica y se impone con relativa
comodidad. La imagen del hijo pródigo que retorna a trabajar por su pueblo fue muy
fuerte, tanto que le duró para ganar también una segunda postulación en 1999, cierto
que gracias a un trabajo eficaz.
Pero algunos problemas de esos que se llaman estructurales no pueden
resolverse sólo con la voluntad de hacerlo, se requiere del apoyo del Gobierno central.
Carreteras, energía, inversiones requieren entendimiento con las autoridades de Lima y
eso era lo que no podía conseguir. Salas descubre entonces ese fenómeno asfixiante que
se llama centralismo y para cortarle los nudos emprende su famosa cabalgata a Lima. Lo
demás es historia reciente.
Salas ha decidido postular a la Presidencia de la República, según
piensa porque es la única forma de enfrentar los problemas más difíciles del país. Ha
formado el movimiento Avancemos y sus principales propuestas giran en torno a la
descentralización. "Yo sería el Presidente que iniciaría el proceso de
descentralización y desconcentración del poder", ha dicho.