Con una extensión
que comprende poco más de 35.000 hectáreas,
El Santuario Histórico de Machu Picchu
es mucho más que un conjunto de sitios
arqueológicos enclavados en la abrupta
selva nubosa.
Su ubicación estratégica,
en la vertiente oriental de los Andes y a ambas
márgenes del río Urubamba, que corre
en esta sección con dirección noroeste,
permite a esta singular área protegida
abarcar lo que podría considerarse uno
de los transectos altitudinales más extraordinarios
del Perú, y proteger, en sólo unos
veinte kilómetros lineales, ecosistemas
tan dispares como las nieves eternas, a más
de 4.000 m.s.n.m., y las tórridas selvas
tropicales, a poco más de 1.700 m.s.n.m.
Los científicos han registrado
en su interior hasta diez zonas de vida y dos
ecorregiones bien diferenciadas, siendo las más
relevantes desde el punto de vista ecológico
los pajonales altoandinos, los bosques enanos
de altura y la selva alta o yunga, representada
por los bosques de neblina y la ceja de montaña.
Esta enorme variedad de pisos ecológicos
o hábitat permite, a su vez, la existencia
de una asombrosa variedad de especies de flora
y fauna silvestre, adaptadas a la perfección
a las condiciones específicas de su entorno.
El Santuario Histórico
de Machu Picchu fue reconocido internacionalmente
por la UNESCO en 1983, otorgándosele la
categoría de Patrimonio Cultural y Natural
de la Humanidad. Sólo dos áreas
en las Américas ostentan esta distinción
(la otra es Tikal, en Guatemala).
Fuente:
Wikipedia.
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