Lima (Peru.com).- La joven Giuliana Llamoja, quien purgó prisión por asesinar de 65 puñaladas a su madre María del Carmen Hilares en el 2005, expresó que es feliz y que se dedica a escribir poesía porque –según dijo- “es una forma de peregrinaje existencial”.
Según
Lamulape, Giuliana acudió el viernes pasado a la Casa Municipal de San Luis para participar en un conversatorio de poetas.
“La palabra tiene poder y eso nadie lo puede negar. La poesía es un cantar de nuestro propio mundo. Nos interpreta a nosotros mismos y transforma nuestra realidad y la sociedad”, manifestó.
Confesó que “siempre anda con una hoja y un lápiz” para escribir lo que viene a su mente. “Disfruto mucho de la vida. Soy feliz y ando feliz porque tengo a Dios en mi vida, tengo mi familia y hay motivos para sonreír a la vida como la poesía”, subrayó.
Una peregrinación existencial, un poema de Giuliana Llamoja
Qué es escribir sino descifrarnos a nosotros mismos, entendiendo este ejercicio como el compromiso que asumimos en estricta demasía con nuestra propia intimidad. Y qué significa esto sino saber que cuando hacemos poesía, cuando inclinamos unos cuántos versos de aquí: su propio escondite, nuestro propio ser, y de allá: el empoderamiento de nuestra propia subjetividad trasmitida a través de un trozo de papel: no hacemos, sino despojarnos de lo superficial, de lo inútil, de lo vano, y porqué no, de lo frívolo.
Malraux decía en las Voces del silencio, que "el testimonio esencial de la libertad humana es la obra de arte". Así la poesía viene ser aquel misterio a plena luz, aquella libertad que no soporta las reglas, es la presencia de las palabras, el arte de las cosas calladas, es ese fantasma de eternidad que flota en medio de la aparente trivialidad de los días, es esta adivinación de lo espiritual en el mundo de la materia.
Cuando Hubert Lanssier, escribió, que con la poesía podemos penetrar en lo opaco de la realidad, lo visible, nos enseñó que su entendimiento jamás iba a ser posible a través de lo racional objetivo o de cualqueir análisis que se le parezca, porque si es que de algo estamos completamente seguros, es que ella escapa a la razón discursiva.
Ésta no puede ni podrá jamás dar cuenta de la operación poética, por un simple motivo: la operación poética revela una razón superior, la más elevada, aquella que siente que es incapaz de agotar la realidad reducida a su visibilidad o a su opacidad y que sin embargo, revela, como eco, esta dimensión que tiene de inefable e indecible por medio del compás y de la cadencia; es decir, por la operación más rigurosa del espíritu: coincidencia del misterio con la ley del lenguaje. Es un puro espíritu que abre sus alas bajo la corteza de la piedra, como decía el poeta esencial: Gerad de Nerval.
Así como el encierro incita la fuga, la privación de todo -el espacio de intimidad permitido con uno mismo- lleva al descubrimiento de lo esencial. Así, del fondo del océano negro con toda seguridad emergerán estrellas desconocidas.
Y si es necesario este espacio de intimidad en que el nos empoderamos de nuestra propia subjetividad, entonces por inferencia, es este camino, la peregrinación existencial que nos lleva a escribir poesía: esta necesidad del ser en todos sus aspectos.
Sartre en la elaboración de su discurso filosófico sobre el existencialismo dejó una gran enseñanza: "el existencialismo es todo lo contrario a la filosofía del quietismo", y escribir no es estar quieto; sino se constituye en la definición del ser humano por la acción, por la decisión de interpelarse así mismo y de darse la libertad de conocer su verdadera naturaleza humana. Una naturaleza que a muchos poetas ha desgarrado; sin embargo, es sólo la libertad la que posibilita la realización del ser humano. No es correcto resignaros a vivir, a vivir en vano. Escribiendo, decía Gide: "...vamos comprendiendo que somos irremplazables" por eso no basta acostarse y dormir... es necesario orientar nuestra existencia ajena al nihilismo que sólo nos contamina.
Simone de Beauvoir en Memorias de una joven informal deseó una intimidad consigo misma, una intimidad con el mundo y por eso cantó el mundo en una obra y tanto así fue, que cuando leí parte de su historia cantada confirmé una vez más lo que conocía y así me supe explicar que escribir es arrancarnos de la inmanencia, es afirmar nuestra propia singularidad, es el descubrimiento del ser, de la búsqueda, del conocimiento interno del ser real y por lo tanto nos enriquece, nos permite intimar con los objetos, con lo concreto para construir una sola realidad: nuestra existencia.