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LOS
NERVIOS DE GARCIA Y LA GUERRA POR LA CARRETERA
FANTASMAESTALLIDO DE AVIONES-BOMBA TRAEN TEMBLORES
HASTA LIMA
Por
Ismael León
Cuando en Nueva York y Washington aún no
se apagaban las llamas del triple atentado del
martes 11, Lima sufrió escalofríos
frente al eventual impacto de ese ataque en nuestra
economía.
Difícil
ver cómo eludir las consecuencias, pese
a que los economistas Pablo Secada y Eduardo Morón,
aseguraron el jueves que el efecto de los aviones-
bomba no llegaría al Perú, tesis
que pareció más una expresión
de deseos que un análisis a la medida.
Y
es que nuestras principales exportaciones -minerales
y harina de pescado- ya venían sufriendo
la caída de sus precios, desmintiendo otra
vez a quienes promueven el camino de vender metales
y alimento para cerdos, mientras compramos en
el exterior desde zapatos chinos hasta equipos
de cómputo.
Durante
la campaña electoral, Alejandro Toledo
recusó la fórmula primario exportadora,
apostando a una rápida reactivación
mediante estímulos al consumo interno,
acompañados por un incremento rápido
del turismo externo.
El
problema es que los aumentos a 300 mil maestros
(US$ 15 dólares por mes) se revelaron insuficientes
para alentar la demanda, frustrando a los educadores,
quienes junto con médicos y policías
de sueldos congelados comienzan a sufrir los primeros
desencantos post electorales.
Globalización
de ida y vuelta
La
esperanza en el turismo requiere fundamentos.
Se ha hablado mucho al respecto pero se ha hecho
poco. Cusco se mantiene como principal destino
para los visitantes, pero Iquitos, Puerto Maldonado
y Puno, que deberían cerrar el circuito
sur andino, en los últimos tiempos no han
visto nuevas inversiones en hoteles, caminos ni
espectáculos.
El
problema se llama incentivos, palabra que le suena
a lisura al ministro Kuczynski. Los inversionistas
han reiterado que no pondrán un nuevo centavo
en esos lugares, si el Estado no se compromete
a exonerarlos temporalmente de impuestos por la
importación de bienes de capital no producidos
en el país. El diálogo es de sordos
y las cosas no caminan.
En
este contexto resultan absurdas las restricciones
regionales a la aviación comercial, al
punto que la semana pasada un grupo de políticos
brasileños, que debatían en Arequipa
el trazo de la Transamazónica, contaron
su peripecia para llegar desde Río Branco.
Por
culpa de los impedimentos burocráticos
el ministro de Transportes había tenido
que extender en Lima un permiso especial para
su vuelo directo, que de otro modo habría
tenido que hacerse (como ocurre normalmente),
por la ruta Río Branco- Sao Pablo-Lima-Arequipa.
Así
las cosas el ministro de Industria y primer vicepresidente,
Raúl Diez Canseco, admitió que el
ataque terrorista contra Norteamérica podría
tener consecuencias negativas en el turismo hacia
el Perú, frente a lo cual se proponía
inaugurar muy pronto una política de cielos
abiertos y vuelos charter, precisamente para mitigar
esos efectos y alentar el turismo desde países
fronterizos.
De
modo pues que nuestra economía no está
vacunada contra la catástrofe de las Torres
Gemelas y el Pentágono, precisamente porque
la globalización nos compromete en las
buenas y en las malas, más aún si
el 27 por ciento de nuestras exportaciones tienen
como destino los Estados Unidos, un país
que en los próximos meses todavía
estará curando sus dolorosas heridas.
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