Lima (Peru.com).- A sus apenas 16 años de edad Melina Paco supo que su destino no sería el mismo que el de sus compañeras de colegio. Una amiga mayor le reveló su más atesorado secreto: trabajaba para una empresa de detectives privados. De inmediato, sin saber cómo ni por qué motivo se vio inmiscuida en este arte de mirar sin ser visto, de observar sin ser observado. Y tenía talento. Ya en su primer trabajo, en el que por obvias razones hizo de colegiala, recibió las felicitaciones y un reconocimiento formal del jefe de la empresa.
Se quedó por dos años en el trabajo. Sin embargo, cierto malestar surgió cuando, durante un buen tiempo, la empresa no tenía resultados. Con la intuición y honestidad de las mujeres, comenzó a desconfiar de sus compañeros del otro género.
Y para salir de dudas utilizó las mañas que le habían enseñado: los espió. Así fue que descubrió que la compañía no obtenía resultados porque los “acriollados” detectives representantes de género fuerte vendían la información a los afectados. “Juego desleal”, resume Melina.
Dio un ultimátum entonces a su jefe, un ex policía de grandes gafas y algo paranoico: “O se van ellos o me voy yo”. Y él tomó su decisión, y ella sólo tomó sus cosas y se fue por el mismo lugar en donde una tarde, luego de clases, llegó.
Junto a ella también se fueron algunas compañeras del trabajo y juntas decidieron poner una compañía de detectives que estuviera integrada exclusivamente por mujeres. “Porque somos más leales. En la empresa anterior también había otras compañeras y eran leales. Nosotros los criticábamos a ellos”, cuenta a Peru.com para justificar su decisión.
Pero como todo buen negocio, éste también se fue cocinando a fuego lento. Entonces, Melina viajó a Argentina y pasó otros dos años estudiando un curso en la Escuela de Detectives, que me dice tiene alianza con la Asociación de Detectives Privados del Perú.
Luego regresó a nuestro país, placa en mano y debidamente acreditada como detective, y tuvo que hacer un curso de un año para integrar la Asociaicón de Detectives. Finalmente, se volvió a juntar con sus compañeras.
Vendría entonces el proceso de selección de personal. “Nosotros no poníamos afiches solicitando personal. Acá la mayoría son recomendadas y yo misma les he enseñado paso a paso todo lo que saben”, indica orgullosa al portal de todos los peruanos.
Así, entre recomendadas y trabajadoras consolidadas, lograron establecer cinco equipos de seis mujeres liderados por una profesional con estudios y placa que la acredite.
“Siempre hay una que dirija a las chicas porque a veces hay bastante vigilancia o serenazgo. Y están plenamente identificadas, pero igual tiene que haber una persona que acredite su placa. Y que acredite que están trabajando ahí. Si no la tuvieran probablemente las llevarían a la comisaría y mientras tanto el trabajo se pierde”, explica a nuestro portal.
Posteriormente, la empresa Detectives Comando Femenino (DECOFE), como se denominó, comenzó a tener tal éxito por la eficacia de sus mujeres en acción, que el reclutamiento de féminas fue imitado incluso por su anterior jefe.
Hoy en día, luego de cinco años de trabajo, DECOFE ya abrió una nueva oficina en el distrito de La Molina que se suma a la de Santa Anita, es solicitado desde provincias y tienen que viajar para descubrir infieles en el interior del país. Cómo si fuera poco, ya vienen haciendo los trámites para abrir una sucursal en España.
Método de trabajo
La investigación parte cuando la pareja insegura les da una foto y la dirección del presunto infiel. A partir de esos simples datos ya la empresa hace el seguimiento y establece rutinas y procede con el resto de las investigaciones.
Aunque un poco renuente a revelar los secretos de los investigadores privados, Melina cuenta que su principal forma de trabajar es en autos estacionados a una distancia prudencial del “objetivo” (como llama al investigado). Estos tienen que cambiar cada dos horas para no levantar sospechas.
Además, es frecuente el uso de gajas oscuras, y el uso de pelucas y ropas que tienen que cambiar también frecuentemente.
Finalmente, se ayudan de artefactos especializados traídos desde La Casa del Espía, en Miami, como son lapiceros, juguetes, botones, relojes, lentes, agendas, peluches, todos equipados con cámaras ocultas.
Sin bien los precios pueden variar mucho según la complejidad del caso, el trabajo se inicia con un pago mínimo de 120 dólares por cuatro horas de seguimiento. Luego recién se establece un costo total que en promedio puede variar de entre 200 o 300 dólares. Ha habido casos en que se ha llegado a pagar mil dólares por siete días de seguimiento.
Melina Paco nos explica que la infidelidad se debe determinar en un máximo de siete días, pues si en ese tiempo no se ha detectado ninguna situación anómala se decide abandonar la investigación.
“En siete días uno ya ve si esta persona tiene movimientos extraños o indebidos, si sale en otros horarios acompañado de otra persona. Si vemos todos esos movimientos nosotros seguimos. Pero si durante la semana no vemos esos movimientos ahí nomás queda el trabajo”, señala a Peru.com.
De otro lado, la jefa de DECOFE nos explica también los indicios que pueden llevar a sospechar sobre la infidelidad de la pareja.
En un hombre es frecuente que se alejen de casa so pretexto de tener excesivo trabajo y que mantengan apagados sus celulares. También es habitual que prefieran no tener relaciones sexuales con la pareja.
En una mujer, en cambio, aumenta su vanidad y comienzan a arreglarse más, salen de compras supuestamente con amigas y se preocupan mucho por obtener dinero, pues se incrementan sus gastos.
Buenos resultados
Melina cuenta con orgullo que en un 95 por ciento de los casos su empresa descubre a la pareja infiel. Sin embargo, explica que el 5 por ciento restante de casos se trata de denuncias de personas con celotipia (celos compulsivos) que desconfían de sus parejas sin tener motivos.
Sin embargo, su orgullo no es el mismo cuando se refiere a las diferencia de géneros, pues explica que anteriormente la mayoría de casos que recibía era por infidelidad del hombre, pero ahora el 70 por ciento de los casos son denuncias sobre la infidelidad de las mujeres.
No obstante, Paco hace una clara diferencia entre su trabajo y el de la conductora del programa Magaly TeVe. “No lo comparto porque lo mio es investigar algo privado que queda entre cliente e investigador. De Magaly su trabajo es hacer publicidad de lo que ve a la gente de la farándula”, dice.
En cierto modo, ella se siente orgullosa con lo que hace porque explica que brinda apoyo a la gente. Con las pruebas que consigue ha ayudado a ganar juicios por propiedades o custodias de los hijos.
Asimismo, ayuda a los que descubren que no hay infidelidad pues ayuda a mantenerse unidad a las parejas. Ella concluye: “El cliente va a ver lo que tiene que ver”.
“La gente viene acá a despejar sus dudas. Se van siempre felices porque uno, porque hemos encontrado las pruebas y tienes respusta a sus preguntas, u otro, porque no hemos encontrado nada y también tienen respuesta, ya que nosotros le entregamos un video con y fecha exacta de todos los movimientos de la persona”.
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