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ACCIDENTADA FERIA TAURINA
Un torero que tuvo que suspender momentáneamente la primera corrida de la tarde afectado por gas lacrimógeno, y otro que estuvo a punto de recibir una multa por no liquidar al toro en el plazo que fijan los reglamentos de la tauromaquia, pusieron la nota anecdótica en la jornada inaugural de la Feria del Señor de los Milagros 2007.
El primero de los incidentes se produjo mientras el español Vicente Barrera –el matador al que la afición local bautizó años atrás como “El Torero de Lima”– se enfrentaba sobre la arena de la histórica plaza de Acho a “Taquito”, un animal oscuro de casi 500 kilos de peso.
Mientras el público entregaba los primeros aplausos a Barrera, en las afueras de la plaza decenas de activistas antitaurinos protestaban contra los maltratos a los que –según afirman– se somete a los animales antes de cada corrida. Los reclamos apuntan, en realidad, a suprimir por completo las corridas de toros, a las que no les reconocen condición de arte ni cultura.
Poco después, con la primera corrida en marcha, la policía intentó dispersar con bombas lacrimógenas a los bulliciosos manifestantes concentrados frente a la puerta principal de Acho, sin contar con que el viento empujaría el gas hacia el interior de la plaza.
En las tribunas, la afición tuvo que echar mano de sus pañuelos para amenguar la irritación que producía el gas, e incluso “El Torero de Lima” se vio precisado a suspender por un instante la faena, para pedir a sus auxiliares agua y algo con que limpiarse los ojos.
Luego, Barrera continuó con una corrida poco lucida y en la que le faltó suerte a la hora de matar. En el segundo turno, el español Eduardo Gallo hizo lo mejor de la tarde con “Camperito”. Haciendo gala de arrojo, el matador consiguió sonoros “¡Ole!” desde las graderías, pero antes de llegar al tercio final, fue embestido por el toro.
Golpeado pero no herido, Gallo se repuso con algo de dificultad. Y decidido a demostrar su valor, arrojó capote y espada y se enfrentó desarmado al animal, ante el aplauso general de los concurrentes. Lamentablemente para él, también tuvo dificultades en la estocada final.
En la tercera corrida, el peruano Fernando Roca Rey animó a los espectadores con algunos vistosos muletazos y con tres pares de banderillas bien puestas. Sin embargo, en su segundo toro, el último de la tarde, falló clamorosamente a la hora de matar. Roca Rey intentó una y otra vez con la espada, hasta que el público hizo escuchar pifias y protestas.
El juez de plaza hizo sonar dos avisos, advirtiendo al torero que su tiempo para culminar la faena estaba a punto de terminar. Según las reglas taurinas, el matador que no liquida al animal en los plazos de reglamento, debe ser multado.
En general, los aficionados limeños se quejaron de la calidad del ganado mexicano traído para esta jornada, al que vieron pequeño y falto de peso, características que, según afirman, no están a la altura de la fiesta de Acho, a la que consideran la mejor de América del Sur.
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