EN MEDIO DE LA CATÁSTROFE

Por Wilfredo Angulo (wilfredo.angulo@interlatincorp.com)

Mientras la mayoría quería alejarse de la destrucción que dejó el cataclismo de 7,9 grados en Pisco, Chincha y Cañete, otros, por el contrario, queríamos llegar hasta esas ciudades. Y es que Peru.com decidió enviar a sólo uno de sus periodistas a registrar toda la destrucción producida el sismo más potente que ha golpeado el país en los últimos 50 años. Sabíamos que sería una tarea difícil, pero no imaginamos la odisea que nos esperaba en nuestro corto viaje y las peripecias que debimos pasar para lograr la cobertura periodística. Nada nos preparó tampoco para ver en ruinas y rodeada de cadáveres a la capital de nuestra bebida de bandera: Pisco.

Armados con nuestros equipos, cámaras de video, fotos y celulares, partimos hacia la zona del desastre el 16 de agosto al mediodía, apenas unas horas después de ocurrido el terremoto, a pesar que sabíamos que la carretera no estaba en las mejores condiciones y que se decía que el puente de ingreso a Pisco se había derrumbado.

A bordo de un Amazon del 91, no tardamos en llegar a Chincha sin problemas en unas dos horas y media, y ya la destrucción se hacía latente al ver las casas de adobe destruidas a los costados de la Panamericana Sur. Empezábamos a ver in situ el desastre del que los limeños sólo sentimos un fortísimo, pero benigno, remezón.

Pasando Chincha empezaban los problemas, pues la carretera, a partir del kilómetro 189 se había, literalmente, partido en dos. Enormes grietas de hasta un metro de ancho y de profundidad se abrían en varios kilómetros de la vía, dejándola inutilizada en varios puntos.

Esto ocasionó un enorme caos vehicular con una fila de buses, trailers y autos particulares de tres kilómetros de largo a la entrada de Pisco. Dos horas nos tomó recorrer ese tramo que en situaciones normales sólo tomaría unos tres minutos.

Ingresamos a Pisco a las 7 de la noche. La oscuridad era profunda y la ciudad estaba en tinieblas. No podía reconocer las calles, pese a que la conocía bien por las innumerables veces que la había visitado para quedarme algún fin de semana con la familia. Tuvimos que esquivar los restos destruidos de las casas para seguir.

Al llegar a la entrada de la Plaza de Armas, nos topamos con varios soldados que nos cerraban el paso. Bastó enseñar nuestro carnet de prensa para convencerlos de que nos dejen ingresar con el auto. Una vez allí, las imágenes de lo que veíamos nos hicieron retroceder a una ciudad bombardeada o a un poblado en estado de sitio.

Bomberos por todos lados, militares, policías y rescatistas eran lo primero que se divisaba en la Plaza, pero también estaban los pobladores damnificados. Ataviados con frazadas y sentados en el suelo y las bancas del parque, trataban de improvisar algunas fogatas para darse calor.

Las unidades de rescate trabajaron hasta la medianoche ese día en la derrumbada estructura de la Iglesia de San Clemente para rescatar los cadáveres de las personas sepultadas, quienes al momento del sismo estuvieron escuchando misa. Pude ver como rescataron varios cuerpos, los cuales eran amontonados en la misma Plaza de Armas para que los pobladores puedan reconocerlos. Cualquiera podía abrir las bolsas negras y ver las caras de los cadáveres para ver si era o no su ser querido. Verdaderamente un espectáculo macabro.

Tras tomar fotos y videos nocturnos de la destrucción, pasada la medianoche decidimos descansar. Nuestro auto hizo de nuestra cama por ese día, ya que pensar en algún alojamiento u hotel para pasar la noche era imposible. Al día siguiente la destrucción del sismo era más evidente aún. Casi nada quedó en pie.

Vimos algunos intentos de pillaje y saqueo, pero la población buscaba principalmente alimentos y agua. En un momento, los pobladores ayudados por la Policía lograron rescatar panes de una panadería que quedó en escombros. Los repartieron en orden y pese a que los panes tenían una gruesa capa de polvo, los pisqueños los recibían agradecidos. Demás está decir que vimos autos aplastados, edificios colapsados y muchos más muertos, pues esas imágenes ya las difundió la televisión a más no poder.

Llegó el momento de volver a Lima para enviar el material. Nuevamente la carretera colapsada nos jugó una mala pasada, y las turbas de maleantes intentaron aprovecharse de la situación para saquear algunos camiones cargados de alimentos y ayuda para los damnificados. Fuimos testigos presenciales de esta situación e incluso tuvimos que resguardarnos bien en nuestro auto y aferrarnos de un destornillador, como nuestra única arma, en caso de que algo suceda.

Gracias a Dios la Policía llegó rápidamente al lugar y haciendo disparos al aire pudo reponer el orden en la larga cola de vehículos que demoraban en avanzar. Hicimos escala en Chicha y Cañete para tomar más vistas de la destrucción en esas ciudades, y logramos mandar adelantos de nuestras notas y fotos a través de Internet, las cuales fueron publicadas a los pocos minutos en nuestro portal.

Llegamos a la redacción cansados por el viaje pero satisfechos por la labor cumplida, sin embargo las imágenes del dolor y muerte jamás se borrarán de nuestras retinas.

regresar
 
RELACIÓN DE MUERTOS
¡Ingresa aquí!
EN LA ZONA DE EMERGENCIA
Imágenes exclusivas
ENVÍA TU DONATIVO
Click aquí
OPINIÓN
7.9º: TIEMBLA EL PERÚ
FOTOS
Pisco celebra por Perú
VIDEOS
Vive el triunfo peruano