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Reflexionando ante las Fiestas Patrias

Por Javier Diez Canseco, congresista de la República

Un nuevo 28 de julio ha llegado, encontrando al Perú sumido en una creciente crisis social que amenaza la estabilidad democrática. Diversas investigaciones coinciden en que la sociedad peruana padece de un grave fenómeno de desinterés, displicencia, desconfianza y desanimo, que se refleja en la actitud de muchos compatriotas que simplemente han abandonado el optimismo y el deseo de esforzarse y luchar para mejorar sus vidas y las de sus compatriotas. Así, una reciente encuesta realizada por la Universidad de Lima encontró que los peruanos tenemos una visión extremadamente critica de nosotros mismos: el 82% de los encuestados considera que los peruanos no somos honestos, el 76% piensa que no decimos la verdad, el 69% opina que no somos responsables y el 76% que no somos puntuales Estos datos sobre la percepción tan negativa que los peruanos tenemos de nosotros como grupo humano preocupa e inquieta, porque es el reflejo de un país y de una sociedad en profunda crisis.

Paralelo a este negativismo está la enorme desconfianza y rechazo que los peruanos sienten por la clase política, que es percibida como corrupta, inepta y frívola. Así, en esa misma encuesta de la Universidad de Lima, los entrevistados, en su gran mayoría ,consideraron que la clase política peruana carecía de honestidad, justicia y responsabilidad. Esa amarga perspectiva ciudadana no puede sorprender, pues tras haber padecido una y otra vez, gobernantes incapaces, corruptos y por sobre todo, traicioneros, es natural que la ciudadanía vea a las instituciones políticas (Congreso, Partidos, etc.) y a los políticos como a males que sólo traen privilegios para un puñado y perjuicios para muchos. Esto alimenta el desaliento ciudadano y la sensación de que el Perú vive en un callejón sin salida. Según diversas encuestas entre el 75 y el 80% de los peruanos se marcharía del país hoy mismo sí pudiera. Muchos ya lo están haciendo. El año 2004 cerca de 350 mil peruanos se fueron para no volver -casi mil por día- en la expresión más dramática de la crisis social que vivismo y que muchos rehúsan reconocer.

Esta grave situación es lo que hasta ahora no ha entendido ni querido ver la clase política nacional -enquistada y absorbida por la defensa de sus privilegios y mezquindades- que una y otra vez, ha tomado las esperanzas del pueblo y las ha manipulado y destrozado, sacrificándolas para su propia e ilegítima conveniencia. García en el 85, Fujimori en el 90, Toledo en el 2001, son sendos capítulos de traición a promesas y compromisos que se asumieron ante la nación y que al final, sólo fueron palabras al viento. ¿A alguien puede entonces extrañar, el desdén y desconfianza que los políticos y politiqueros tradicionales generan entre los ciudadanos?

Y sin embargo, en medio de este panorama de desaliento aún hay lugar para la esperanza, porque las mismas encuestas indican que la enorme mayoría de peruanos, queremos profundamente a nuestro país -con todos sus problemas y miserias, con sus desigualdades e injusticias- y que estamos dispuestos a jugárnosla para construir un futuro mejor. De cada cinco peruanos, cuatro se identifican con la suerte y el destino del Perú, y asocian a nuestra patria con el nacionalismo, la lealtad y el orgullo. Más aún, el 71% de los encuestados considera que somos trabajadores, un 64% que somos generosos, y nada menos que el 92% de los encuestados esta orgulloso de ser peruano.

El Perú es un país con serios problemas -de eso no cabe duda- pero no es un país sin posibilidades. Las enormes dificultades que encaramos, las profundas injusticias que vemos y sufrimos cada día, tienen que ser el catalizador para la acción y el cambio para hacer un país mejor. El progreso y la prosperidad de los pueblos no es producto ni de los recursos ni de la riqueza, sino que es producto de la voluntad y la fuerza interior. Y ello significa asumir compromisos como peruanos: a no dejarnos subyugar por las injusticias; a no aceptar pasivamente la pobreza y exclusión como algo natural; a no permitir que nos impongan un sistema que sólo beneficie a unos pocos; a repudiar las viejas y corrompidas estructuras de poder, a refundar la política como instrumento al servicio de la sociedad y no como mecanismo de corrupción, a crear valores y civismo día a día, a dar lo mejor de nosotros mismos para vivir con plena dignidad, defendiendo nuestros derechos y nuestro futuro. Esa es la tarea que tenemos por delante. ¡Felices Fiestas patrias!