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¿Por qué insistir en la unicameralidad?


La propuesta de retorno al bicameralismo, aprobada el pasado jueves, ha sido objeto de ardoroso debate en el Congreso y, valgan verdades, es, conjuntamente con el artículo relativo a la igualdad religiosa, lo que ha causado mayor interés en la ciudadanía.

Como es de conocimiento público he optado por defender el sistema unicameral, pues, entre otras razones, estimo que el retorno al sistema bicameral no contribuye al fortalecimiento de la institucionalidad democrática en nuestro país.

Al respecto, hay que decir que, si bien es cierto todas las Constituciones de la República, excepto la de 1867 y la actual, han sido bicamerales, no es menos verdad que a lo largo de 180 años de vida independiente no se ha podido crear una cultura constitucional que consolide un verdadero sistema democrático en nuestro país. En ello, que duda cabe, ha tenido gran responsabilidad la clase política, que no ha podido, como diría Víctor Andrés Belaúnde en 1932, "recoger los latidos de la opinión pública, ni ser el gran reflector de los sentimientos nacionales".

En este orden de ideas tenemos que señalar que, independientemente de las virtudes de un sistema unicameral (como es el aumento de la eficiencia en el Congreso), la ciudadanía de nuestro país se ha convertido en un celosa escrutadora de la actividad pública y, conforme lo revelan los estudios de opinión, mayoritariamente se inclina por un parlamento unicameral, en la medida que este garantice la eficiencia que requiere una democracia moderna orientada al ciudadano.

Tradicionalmente en nuestro país el descrédito de los parlamentos ha sido más rápido que el del Poder Ejecutivo (quizás la actual coyuntura sea la excepción), de tal manera que los golpes de estado casi siempre se justificaban en la ineficiencia de los Congresos que, como hemos visto, han sido en su mayoría bicamerales, y en los que, por lo general, se producían entrampamientos políticos que perjudicaban la producción legislativa.

Es decir que la diferencia de composición de una Cámara respecto de la otra puede generar un inmovilismo parlamentario que afecte la estabilidad misma del sistema político. Una genial frase de Benjamín Franklin grafica esta realidad, cuando compara la dualidad bicameral con una carreta tirada por delante por un caballo, y atrás, por otro que camina en dirección contraria.

En tal sentido, necesitamos encaminarnos hacía un sistema democrático que garantice no sólo el respeto de los derechos fundamentales de los peruanos, sino la satisfacción de sus necesidades, por ello necesitamos un parlamento que legisle garantizando la seguridad jurídica y que no empantane ni postergue las iniciativas legislativas por exceso de trámite y discusión.

Nuestra propuesta de Cámara Única, pero con algunos candados que impidan la posibilidad de que se den leyes sorpresas (como el establecer la obligatoriedad de dos votaciones y la existencia de un plazo entre ambas), creemos que será retomada cuando aquellos congresistas que respaldan la bicameralidad no logren ponerse de acuerdo en el sistema de elección del Senado (por Distrito Electoral Único o por Múltiple) y, en consecuencia, no alcancen los 61 votos que se necesitan para la reforma.

Natale Amprimo Plá
Cuarto Vicepresidente del Congreso

prensa@interlatincorp.com
Pizarro

¿Por qué insistir en la unicameralidad?