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¿Cree que Alan García sea “el presidente de los ricos”, tal como lo dijo Lourdes Flores?
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EL CONGRESO EN QUECHUA
(Peru.com)Mujeres de armas tomar. Ellas representan al sector más oprimido de América Latina, pues por ser indígenas y además mujeres, sufrieron en carne propia el maltrato y la discriminación. Hilaria Supa y María Sumire, propuestas a una nominación al Premio Nobel en el 2005, son cusqueñas de nacimiento y sobre la base de esfuerzo se convirtieron en respetadas representantes indígenas. Ahora desde el Congreso, ellas prometen defender los intereses de los indígenas del Perú e iniciaron su lucha por la reivindicación a través de su idioma natal: El Quechua.
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Texto:Jaisia Amaro (jaisia.amaro@interlatincorp.com)
Fotos: Diego Carpio
Videos: Diego Carpio
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Como olvidar el rostro de desconcierto que invadió a los congresistas cuando las indígenas María Sumire e Hilaria Supa juramentaron como madres de la patria. La pasión que le impregnaron a su juramento quechua retumbó el Hemiciclo, que silente las miraba como seres salidos de otro planeta.
La reacción de muchos parlamentarios ese día sólo fue una muestra de las actitudes que la mayoría de peruanos (unos más que otros) tenemos con lo que significa ser indígena. Un sentimiento de incomprensión que al final los termina marginando.
Sumire y Supa representan una parte de esa cultura en el Congreso, y si bien antes ya hemos tenido representantes de las "culturas originarias", su paso por el Legislativo no fue relevante. Esta vez ellas prometen que será diferente y que reivindicarán a sus "hermanos".
Ambas dicen sentirse comprometidas con las necesidades de los indígenas del país, pues ellas misma han vivido en carne propia la problemática que los afecta.
Supa, quien trabajó antes como empleada del hogar en Lima, fue presidenta Federación de Mujeres Campesinas de Anta (Cusco), su lugar natal, y se hizo conocida por denunciar las esterilizaciones forzadas realizadas a las mujeres campesinas pobres durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Por su parte, Sumire, abogada que asesoraba a la Federación de Campesinos del Cusco, cuenta que aprendió el español obligada a golpes por su maestra cuando era niña, en su comunidad campesina de la provincia de Canas de la Ciudad Imperial. "Me hice abogada para defender las injusticias de que son víctimas la gente del campo", dijo.
Con esa experiencia de vida, ellas llegaron al Parlamento decididas a dejar huella. A menos de dos semanas de iniciada la legislatura, ya levantaron polémica al pedir que las dejen hablar en quechua durante las sesiones plenarias. Solicitud que no ha sido tomada con agrado por algunos legisladores, quienes fruncieron el ceño durante la intervención quechua de Supa en el último pleno.
"Si yo estuviera en Machu Picchu y no entiendo quechua, me tengo que conformar; Pero, en el seno del Congreso de la República, la lengua oficial es el castellano", expresó una mortificada Martha Hildebrandt.
Es que de acuerdo al artículo 48 de la Constitución Política el quechua o runa simi es oficial, en territorios donde predomine dicha lengua. Si bien en el Congreso la mayoría habla español, es necesario reconocer que éste poder representa a todos los peruanos, más del 70 por ciento de los cuales - a decir de Sumire- son indígenas. Cabe acotar que a través del D.L. 4023 dado en 1974, se oficializa al quechua como lengua oficial de la República.
"La lengua originaria es el fundamento de nuestra tradición oral, porque nosotros con nuestra lengua podemos comunicarnos, pensar y hablar. No nos pueden prohibir hablarlo porque es un derecho", sostuvo la congresista. "Nosotros queremos hacer respetar a nuestro pueblo, hacer respetar nuestra lengua, hacer respetar nuestra cultura", agregó Supa.
Las legisladoras, quienes fueron propuestas a una nominación al Premio Novel en el 2005, manifestaron que el hablar quechua en el Congreso será una manera de incorporar a los quechuahablantes en la práctica de la dación de leyes y hacer que el resto de ciudadanos reconozcan la existencia de otras culturas.
De más está decir que la problemática indígena va mucho más allá del idioma. La discriminación, exclusión y postergación han sido problemas constantes para ellos a través de los siglos. Es que los gobiernos y en general la sociedad la mayoría de las veces no escucha lo que tienen que decir en relación a las políticas que afectan su modo de vivir.
Sumire refirió que a las poblaciones nativas y campesinas siempre se les ha ignorado, pues pese a que ellos desde siempre han sido los guardianes de su medio ambiente, el Estado nunca les ha consultado sobre la intervención de empresas que explotan los recursos naturales. "Tenemos derecho a participar, a saber lo que el Gobierno decide para nosotros", indicó.
Esperemos que estas muestras de reivindicación de la idiosincrasia por parte de Sumire y Supa no se queden sólo en gestos como el hablar en quechua, pues las necesidades indígenas ameritan un trabajo más profundo.
Por ello, estas madres de la patria tienen una ardua labor por delante, primero para demostrar que la clase campesina también puede desempeñarse de manera eficiente y productiva como miembros de un poder del Estado y lo más importante, la capacidad para defender los intereses de sus "hermanos" y promover políticas que en realidad los beneficien.
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