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El Banco de Chávez
Ese es el nombre que le han puesto la administración y la prensa norteamericana, y varios de los medios de comunicación peruanos defensores del neoliberalismo y sus políticas, al Banco del Sur, que ha de formalizar su nacimiento este 5 de diciembre. Y es que el Banco del Sur es un Banco de Desarrollo, de crédito para proyectos de desarrollo regional e integración de los países de América del Sur. Una iniciativa que propuso Hugo Chávez –hace cerca de un año– y que se convierte en realidad con la participación de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Venezuela y… hasta el gobierno colombiano del mismo Uribe, el hombre confianza de los norteamericanos, que ha hecho saber su interés de participar hace dos semanas. El Perú y el líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) que nos gobierna están mudos y, otra vez, corremos el riesgo de quedar fuera de un instrumento fundamental para desarrollar nuestros proyectos viales y energéticos, así como aquellos que impliquen inversiones en educación y salud en programas sociales de desarrollo por la incondicionalidad del nuevo García.
El Banco del Sur es una alternativa al BM y al BID, bancos multilaterales que funcionan con fondos que aportamos todos los países socios pero bajo el manejo central de los norteamericanos y de algunos de sus socios europeos, que colocan numerosas condiciones y obligaciones de aplicar las políticas que a ellos les convienen para otorgar los préstamos solicitados. Ellos, y el FMI, fueron los principales promotores de la imposición del llamado Consenso de Washington que impuso en AL las privatizaciones indiscriminadas y –muchas veces a precio de huevo– de nuestros recursos naturales y empresas públicas estratégicas para pasarlas a manos extranjeras, la desregulación laboral, los despidos masivos y la pérdida de derechos laborales elementales, la privatización del sistema de pensiones y la creación de las AFP, la entrega a manejo privado de los servicios públicos para terminar pagando las tarifas más altas de electricidad o telefonía. Lo que llamamos los créditos condicionados: haces esto o no te presto para la carretera, para el puente o para la reforma educativa.
El nuevo Banco, con más de 7,000 millones de dólares de capital inicial suscrito por los países con la sola condición de mantener las proporcionalidades de los aportes hechos a los bancos multilaterales existentes, tendrá importantes rasgos novedosos: cada país tendrá un voto en la directiva, al margen de su tamaño o aporte. Muy diferente, por ejemplo, del FMI, que tiene 185 miembros pero que es EEUU quien hace y deshace como quiere. Será un instrumento integracionista dedicado a promover proyectos de desarrollo e integración priorizando las vías de comunicación y la energía, pero apoyando también la educación y la salud.
Su estructura no tendrá un patrón o dueño que imponga la voluntad del que aporta más y punto. Y no habrá condicionalidades como las del Consenso de Washington que recorten soberanía y autonomía para optar por nuestros modelos de desarrollo. Será un instrumento de nuestra soberanía y no de nuestra sumisión, un instrumento integrador, como el camino que emprendiera en su momento la UE y tomará en cuenta nuestras diferencias de desarrollo con un criterio solidario y de compensación de las mismas. Algo verdaderamente distinto y precisamente en un momento en el que varios países tienen importantes excedentes por altos precios en el mercado internacional de sus productos y recursos, que no estarán obligados a depositar en la banca internacional a bajísimas tasas de interés sino que podrán apalancar para su propio desarrollo.
Ciertamente, queda mucho por hacer en la formulación del banco y sus estatutos y políticas, y habrá que trabajar la idea de una alternativa al FMI –que Venezuela ya anunció que abandona– para generar fondos para créditos de Balanza de Pagos cuando se presenten crisis de este tipo. Pero es un avance fundamental.
El Banco de Chávez –como pretenden llamarlo los que andan persiguiendo los programas de salud, educación o becas universitarias del ALBA que ellos mismos no pueden ofrecer en su propio país a su propia gente porque regalan privilegios tributarios y recursos naturales a los más poderosos y se olvidan de las mayorías– es una herramienta liberadora y de desarrollo para AL, es el Banco del Sur, el banco de los sudamericanos, el nuestro, que prestará pensando en nuestros intereses, no en las potencias del norte simplemente. Una herramienta que hubiera soñado el primer Haya de la Torre, pero que tiene mudo al ultimo García, al que es un lobbista de la inversión extranjera a cualquier precio.
¿Nos dejará García fuera de este proyecto también por su sumisión a los EEUU y a los grandes consorcios económicos? No debiéramos permitirle dejarnos otra vez fuera de la historia que nuestros pueblos están escribiendo para su progreso y desarrollo. Si en su primer gobierno nos dejó con una brutal hiperinflación y un terrorismo en alza, en medio de una crisis moral sin precedentes, no permitamos que ahora nos deje a la vera del camino viendo pasar el tren del desarrollo y la integración, de la soberanía y el progreso.
javierdiezcanseco@gmail.com
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