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¡TE QUIERO MAMÁ!
(Peru.com)Aún recuerdo cuando me prendía a la pierna de mamá llorando para que no se vaya a trabajar y no me deje solo en casa con mis hermanos. En esos momentos no entendía por qué lo hacia o por qué se marchaba de mi lado cuando más la necesitaba. A mis cortos tres años sólo veía mi dolor, pero mamá también sollozaba y no deseaba irse. Esta historia no sólo es mía y de mamá, sino de todas las mujeres del país como Lisset, Teresa y Elizabeth que dan todo por sus hijos desde que el sol sale y la voz de ellos empieza a escucharse.
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Texto:Sebastian Ortiz
Fotos: Sebastian Ortiz
Videos: Renzo Villar
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¡Madre a prueba de balas!
La Plaza de Armas de la capital luce hermosa en todos los sentidos, los niños corren de un lado a otro y las familias pasean por la histórica plazuela. Sin embargo, no todos pueden estar con sus seres queridos... Tienen que trabajar para llevar el pan al hogar.
Parte de su labor es llamarle la atención a los turistas que pisan el borde de la pileta o guiarlos cuando le preguntan dónde quedan las iglesias, Lisset Rengifo- seguridad de la Municipalidad de Lima- es una joven madre que luce algo emocionada al contarnos su historia de biberones y pañales.
Durante su embarazo jamás imaginó cómo serían sus hijos, ni tampoco que los llegaría a querer tanto. Lo único que deseaba era que nazcan sanos. "Salieron preciosos, son unos angelitos... Los quiero demasiado", dice antes de lamentar no poder llevarlos al colegio o ir a sus actuaciones.
Y es que, Lisset entra a trabajar a las 7:00 a.m. y sólo descansa un día a la semana, su rutina comienza cuando el sol sale y el ruido de la ciudad empieza a cobrar fuerza. A las 5:30 a.m. ya está preparando el desayuno para Jair y Mariana -sus hijos- les acomoda la lonchera y se encarga de que estén bien peinaditos para las clases.
"A ellos les gusta el pan con lomito, siempre que puedo se los hago. Después mi esposo se encarga de llevarlos al colegio. A mí me gustaría hacerlo, pero como entró a trabajar temprano tengo que salir una hora antes para llegar y con el tráfico me demoro un poco más", cuenta.
La mamá seguridad narra que en muchas oportunidades ha tenido que detener a niños pequeños, a quienes sus padres usan para mendigar o robar, y que este hecho le produce tristeza porque de inmediato piensa en sus hijos. Lisset no tolera a estos adultos, que utilizan a menores para obtener dinero fácil, los ha enfrentado varias veces y ha llegado a la conclusión desalentadota que esto no tiene remedio.
En ese aspecto, ella dice que mientras los niños crezcan en hogares rotos o donde exista violencia familiar siempre van a optar por la calle y los malos hábitos. Lisset cambia de tema y cuenta que cuando termina su jornada laboral- a las 3:00 p.m.- regresa con muchas ansias a casa porque extraña a sus pequeños.
Los ojos de Lisset se van tiñendo de rojo, pero contiene las ganas de llorar, parpadea para botar pequeñas lágrimas y relata que siempre trata de hablar con Jair y Mariana, porque para ella saber cómo la pasan sus hijos en el colegio es fundamental. "Hay veces que los padres se conforman con un 'bien' cuando tal vez el niño está mal y no se atreve a decir si alguien lo ha molestado o hecho sentir mal", añade.
El testimonio de la mamá seguridad termina con un grato recuerdo. Sólo en una oportunidad ha ido a ver a sus hijos bailar en el show escolar folklórico. Jamás olvidará como sus niños se movían al ritmo de la música andina y sus caras llenas de felicidad. "Ese fue mi mejor regalo del día de la madre", finaliza.
Las madres son para siempre
Después de entrevistar a Lisset continúe con mi recorrido, deje de lado la Plaza Mayor para sumergirme por las calles angostas que llevan al Rímac. A lo lejos pude percibir una especie de feria, donde en la mayoría de puestos se venden artesanías, y decidí entrar para buscar a otra madre trabajadora.
Me han dicho que el verdadero y único amor es el de mamá, que ella siempre estará contigo así tengas 50 años y seas su 'bebote'. Pues, no me mintieron, Teresa Alva- vendedora ambulante de pastelitos y kekes- bordea los 65 años y aún vela por la seguridad de sus dos hijos adultos.
Cuando era joven- cuenta- ella trabajaba en el sector textil. Todos los días cosía alrededor de 14 horas, ya que su esposo falleció en 1982 y la dejó con un varón de 8 y una mujer de 5 años. Paso de ser un ama de casa que 'cachueliaba' bordando para los vecinos, a padre y madre de sus hijos.
"En los primeros años que estuve sola mi madre me ayudó. Ella cuidaba a mis hijos mientras yo iba a trabajar, eran épocas muy difíciles por la situación en la que nos encontrábamos", narra.
Teresa es de aquellas madres que se fajan todo por el bienestar de sus 'pequeños', nunca los va a dejar de ayudar así estén grandes y casados. En sus años como costurera- en una empresa de pantalones Jean- sufrió de tuberculosis a raíz de la mala alimentación que tenía y la sobrecarga de trabajo que se impuso.
"Pensaba que mientras más piezas cosidas más iba a ser mi sueldo, lo único que tenía en la cabeza en esos momentos era trabajar para sacar adelante a mis dos hijos, sólo dependía de mí", añade.
Ahora, Teresa se dedica a vender marcianos en verano y kekes en invierno, sus ojos ya no ven como antes y le es imposible coser más, asimismo el doctor le ha dicho que no debe forzar su vista. A promediar las de 10: 00 a.m. ella ya está por las calles del centro ofreciendo sus productos y cuando el cielo pasa de claro a oscuro vuelve a casa.
Su hijo está casado y ya la hizo abuela, entre tanto la menor aún no se despega de sus faldas, pero Teresa piensa que es cuestión de tiempo para que también forme una familia. "A veces tengo que ayudarlos, son mis hijos y lo poco que puedo darles es bien recibido. Una es madre siempre y toda la vida", menciona.
Cuando le preguntó qué desearía para este día de la madre, Teresa responde que sus 'pequeños' estén bien siempre y que la quieran mucho, nada más.
"Sentí una patadita"
Caminado y comiendo uno de los kekes de Teresa llegué a otra feria cerca de la Alameda Chabuca Granda, allí encontré a Elizabeth Zumarán, quien aún no es madre pero que está a tres meses de serlo. Ella tiene 27 años y trabaja haciendo llaveros.
A su stand llegan muchas familias y turistas que quieren verse retratados en llaveros, ella sólo los captura con el flash de su cámara delante de una imagen de Machu Picchu. Liz relata que su trabajo no le demanda mucho movimiento por lo que seguirá dos meses más con la rutina, después sólo esperará la llegada de Elisa, quien será su primera hija.
Cuenta que todos los días visita páginas de Internet para saber métodos de estimulación durante el embarazo y que lo práctica con su pareja. En ocasiones escucha música o le habla a su vientre.
También menciona que hasta el momento no ha tenido ningún antojo loco, ni cambios en su carácter, pero que a partir de los cuatro meses empezó a sentir pataditas. "En las últimas semanas he sentido mucho movimiento, va ser inquieta", dice.
Unos turistas llegan al puesto de Liz, quien ya debe dejarnos para trabajar, pero antes menciona que espera ser una buena madre.
Así acabo mi camino buscando mamás trabajadoras que con sus historias me hicieron comprender ciertos recuerdos de la infancia. Para todas aquellas madres Peru.com les desea un feliz día.
PDT: Te quiero mamá...
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