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Por qué no le debo nada a mi madre
Parecerá que la frase es muy fuerte, sobre todo cercana a estas fechas, pero déjenme explicarme.
Hace 37 años que nací y la verdad que recuerdo, de esa época, casi nada a mi mamá, mis primeros recuerdos son de cuando mi mamá me perdonaba el castigo (me mandaba a mi cuarto), eso quiere decir que previamente me había castigado, y de eso no me acuerdo. Recuerdo algunos golpes que me cayeron por pegarle a mi hermana, aunque yo tenía buenas razones para hacerlo, no quería jugar fútbol conmigo, el hecho de tener 3 años no le daba derecho negarse.
Recuerdo muchos golpes y créanme que son muchos, pero los recuerdo sin nada de rencor, estoy seguro que cada uno estuvo dado en su momento, y los que hubo de más siempre con un disculpas al costado; aunque la verdad que no recuerdo mucho la palabra "perdón", eso si, recuerdo su actitud hacia mi llena de disculpas y de un compromiso de no hacerlo jamás.
Recuerdo mucho llanto, dolor, frustración, pero también muchísimas risas, caricias y un único exceso de alcohol, el cual no he vuelto a disfrutar. Que cosas tan difíciles hemos pasado con mi madre, desde problemas económicos (y fueron muchos) hasta problemas personales entre ella y yo, que manera de discutir la nuestra, no entendía por que no me entendía; creía que no veía las cosas desde una perspectiva racional, que mi madre solo era temperamental.
Ahora con mis dos hijos, me doy cuenta (como todos los nuevos padres), de todo lo que mi mamá pasó conmigo; un hijo con graves problemas de notas en el colegio (¡que cantidad de jalados la mía!), repetir de año; recuerdo una vez que esperaba la muerte segura, ya que mis notas eran las de siempre, y en el carro, de regreso a la casa, cambiando toda su estrategia; desesperada por que veía, probablemente, que su hijo no lograría ser nadie en la vida, fue una buena conversación; Ahora, de papá entiendo todo el amor que hubo ese día para mi.
Uno de los momentos más difíciles para mi madre debe haber sido cuando recibió la confirmación que tenía cáncer, nunca la vi llorar, nunca la sentí triste, siempre conmigo; y ¿saben lo mejor?; yo solo tenía 15 años y confío en mi al 100%, ¿qué debió haber sentido esa primera noche que pasé después de mi primera sesión de quimioterapia?, y que no estaba conmigo por que yo se lo pedí (mi papá estuvo a mi lado esa noche, y casi todas las noches), sabía que si mi mamá se quedaba no hubiese descansado nunca por estar conmigo en vela en todo momento, yo ya la conocía; que tonto fui, ahora puedo apostar que no creo que haya descansado nunca hasta que no pasaron 5 años después de finalizado mi tratamiento. Son dos momentos que recuerdo mucho de esos días, el primero cuando me aplicaban los medicamentos a través de una vía en la vena, y a consecuencia de esto el brazo se me enfriaba, y mi mamá los trataba de calentar con sus manos, no se si se lo dije pero nunca funcionó, pero que bien se sentía tener a mi madre conmigo tocándome e intentando desde todo lo que tenía que me sintiera bien. El otro momento fue cuando recibí mi último tratamiento de quimioterapia, y solo faltaba que la dextrosa (la hidratación por vía endovenosa) se acabara y yo veía y contaba cada gota, y como la abracé a mi mamá orgulloso de haber terminado y ganado la batalla; que sensación habrá tenido mi madre en ese momento.
Y bueno, creo que después de eso las cosas fueron más tranquilas, con sus negocios para poder ayudar con el mantenimiento de la casa; con la confianza de prestarme el carro, sabiendo que un hijo saliendo de la adolescencia, podía tener una alta posibilidad de accidentarse, por no "destruir mi vida" cuando choqué su carro nuevo; con las cuadradas por llegar tarde a casa "¡esto no es un hotel!". Por las grandes enseñanzas cuando la necesité, por el respeto a las personas que me enseñó; por enseñarme a bailar, por permitirle cochinearla como a una amiga, por cuadrarme por que no la llamo y por entender mis razones por las cuales no lo hago, que no tienen mucha validez, pero las entiende.
Ahora con 37 años, una carrera una familia, estoy seguro que la vida me ha "sonreído", y quiero que siga así, pero seamos realistas donde estoy ahora es mucho por mi mamá (Creo que mis hermanos lo saben también). Por todo lo que hizo y más, a mi madre ¡no le debo nada!; podrá parecer una paradoja pero no es así, fíjense bien: No le debo nada a mi madre, en primer lugar, por que sería imposible pagar la deuda que he generado con ella, jamás podría devolverle ni el 1 % de lo que ella me dio, y, en segundo lugar y además lo más importante, mi mamá jamás me cobraría algo (ni una ñisca, como ella dice) de lo que yo le debo, todo lo que me dio fue incondicional; señores, asumir una deuda impagable que no van a aceptar que pague, es lo más absurdo del mundo, pues entonces solo me queda establecer que a mi madre no le debo nada.
El liderazgo que trato de enseñar en los talleres de Orbi o en las clases de Esan, hablan de esto: INFLUENCIA, y esta solo llega si no dejas de DAR, ofrecer todo lo que eres, así como mi madre y mi padre hicieron, por eso, ahora, a los 37 años, puedo decir con seguridad que son las personas que más han influido en mi vida, son las personas que más me DAN y que por eso les corresponde el título de LÍDERES.
Para finalizar solo decir que como no le debo nada a mi madre, solo me queda querer ofrecerle todo lo que puedo dar y espero hacerlo cada día de nuestras vidas. Gracias mamá por todo lo que soy y seré.
Feliz día de las madres Feliz día mamá raffi
Rafael Pinna Valera Profesor Contratado de Universidad ESAN. Coach y Especialista en Gestión de Personas. Socio Consultor de Orbi Consultores. rafael.pinna@orbiperu.com
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