Lima (Peru.com).- Doña Abigail Valdez o “Abi” como le dicen sus amigos, ama volar y desde su juventud lo ha hecho de la manera tradicional, pero no fue hasta que cumplió 85 años que pudo hacerlo de una forma que va más con su estilo: sobre un parapente.
Es que para esta dulce octogenaria de metro y medio no existen los límites cuando se trata de lograr sus objetivos y disfrutar la vida al máximo. “¿Si otros pueden por qué yo no?”, dice una y otra vez cuando un obstáculo se le presenta en la vida.
“A mí siempre me han gustado las sensaciones fuertes”, comenta a Peru.com al recordar sus paseos juveniles en la montaña rusa y las sillas voladoras de los juegos mecánicos, o sus vuelos en el asiento del copiloto junto a su hijo aviador.
Sus pequeños ojos se iluminan cuando describe lo que siente en el aire y por ello agradece a sus hijos y nietos que le permitieran realizar el vuelo en parapente que ha sido la noticia que dado la vuelta al mundo.
Doña “Abi” ya es famosa, pues su hazaña en el malecón de la Costa Verde (Miraflores) repercutió en innumerables medios de comunicación a nivel mundial y ahora hasta tiene una página en Facebook con más de mil 500 seguidores: ‘La abuela voladora’.
“El grupo (en Facebook) nace porque queríamos (los familiares) compilar el rebote que había en la prensa (…) Queríamos compartir con la familia que está fuera (del país), pero los fans fueron creciendo”, explica Alberto Ibarra, uno de los nietos.
Mientras Alberto nos habla de su abuelita, ella se ríe y pone cara de extrañeza porque todavía le sorprende que su fabuloso vuelo haya causado tanta repercusión. “No entiendo, seguro no hay muchas personas que hayan hecho lo que yo”, nos dice e invita a otras personas a darse un paseíto por los aires.
Incansable
Doña “Abi” siempre fue la hija más aventurera de la familia y aunque cuando se casó, a los 19 años, tuvo que controlar un poco sus impulsos, su espíritu inquieto no se apagó. Así lo demuestra hoy, pues el tiempo le queda corto para cubrir todas las actividades que realiza.
Miembro de varios grupos católicos y desde hace 22 años voluntaria del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), esta mujer tiene ocupados todos los días de la semana, sin descuidar su labor de madre, abuela y bisabuela.
Pero la vida de doña “Abi” tampoco ha sido color de rosa, pues tuvo que soportar la dolorosa pérdida de su esposo y luego de su hijo, el aviador. Además, ella misma ha sido sometida a 11 intervenciones quirúrgicas, la última realizada a sus oídos (apófisis mastoides), hace escasos cinco meses.
“Mi abuela todavía está convaleciente”, dice Alberto, quien no oculta el orgullo de tener una abuela que se resiste a pasar sus días metida en una cama o sentada viendo televisión.
La recuperación de “la abuela voladora” ha sido tan rápida e increíble que además de su vuelo en parapente ya está pensando en lanzarse en paracaídas. ¿Y por qué no? Como ella dice: “Hay que enfrentarse en todo y esto no es una guerra y es un placer”. Además anima a todos a hacer lo imposible: “¿Si yo pude por qué tú no?”, dice en medio de sonrisas.