Tokio (Peru.com).- (EFE).- El neozelandés Peter Bethune, del grupo ecologista Sea Shepherd, se declaró este jueves en Tokio culpable de casi todos los cargos que le imputa la Fiscalía nipona por haber abordado un barco de la flota ballenera japonesa en la Antártida el pasado febrero.
En la primera jornada del juicio que se celebra contra él en Tokio, Bethune, de 45 años, se declaró culpable de cuatro cargos, entre ellos los de obstrucción y destrucción de propiedad privada, pero rechazó la acusación de asalto, informó la agencia Kyodo.
Bethune, capitán de una lancha de la organización Sea Shepherd, se enfrenta a una condena de hasta 15 años de cárcel, que podría conocerse a mediados de junio.
El activista fue detenido en aguas antárticas en febrero después de abordar el Shonan Maru 2, uno de los barcos de seguridad de la flota japonesa, que sale a la caza de su cuota anual de cetáceos.
Entre los delitos que se le imputan se encuentran el de traspaso, obstrucción de un negocio, destrucción de propiedad privada y violación de la ley de control de armas, además del de asalto que ha rechazado.
Bethune, capitán de una lancha del Sea Shepherd que fue destruida en una colisión con el Shonan Maru 2, abordó este barco nipón el 15 de febrero con un cuchillo que utilizó para cortar la red que protegía la nave.
Su intención, según aseguró, era presentar una reclamación por el naufragio de su lancha.
El neozelandés fue retenido por la tripulación del Shonan Maru 2 y la Guardia Costera de Japón procedió a su arresto en marzo, cuando el barco llegó al puerto de Tokio.
Bethune, que en esta primera jornada del juicio declaró con la ayuda de una intérprete, volverá a comparecer mañana y el lunes, cuando responderá a las preguntas de los fiscales y la defensa.
Sea Shepherd persigue desde hace años a los pesqueros nipones para sabotear sus actividades en la Antártida, donde están autorizados a cazar una cuota anual de ballenas para estudiarlas con "fines científicos", según el Gobierno japonés.
Los ecologistas, no obstante, aseguran que la caza se produce realmente con fines comerciales, algo que Japón dejó formalmente de hacer en 1986.