Lima (Peru.com).- No saber por qué se lucha ni mucho menos que hay más allá de una vida entre armas, droga, y la selva, así fue la existencia de un menor de edad que estuvo 15 de los 17 años que tiene secuestrado por Sendero Luminoso, además fue obligado a ser parte de la 'revolución'.
El diario ‘La República’ pudo contactar con este adolescente a quien denomino 'Pedrito'. Él era parte del frente senderista de la zona del Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) y pertenecía a la jerarquía 'masa'.
Este es el último eslabón de las filas subversivas y en su mayoría son niños, adolescentes y mujeres, quienes se encargan de cargar las ollas, cocinas, radios, provisiones, equipos y del traslado de paquetes de droga entre las montañas.
“Aproveché que me habían mandado a vigilar una zona alejada de la base y me escapé. Tenía miedo pero quería conocer otra vida. Yo no me sentía bien allí”, narra Pedro.
Su madre, quien murió de pulmonía, le contó que en 1991, cuando él tenía ocho meses de nacido, Sendero Luminoso irrumpió en una zona de la provincia de Churcampa, Huancavelica, y reclutó a varios pobladores, entre los cuales figuraban toda su familia, incluidos su hermano y padre.
Con su padre se comunicó por última vez en el 2005 a través de la radio y su hermano mayor murió de anemia cuando era niño.
Asimismo, Pedro contó que su servicio en las filas senderista comenzó cuando tenía 10 años cargando leña y todo lo que podía. A los 13 años aprendió a leer y escribir.
Semanalmente recibía clases de la doctrina maoísta, sin embargo, jamás se le permitió coger un libro, mucho menos leerlo.
El menor de 17 años señala que uno de los motivos que lo obligó a huir fue la injustica, puesto que a pesar que los grandes mandos dicen que todos son iguales, no es así.
“La injusticia se ve desde la comida, nuestro almuerzo casi siempre era una sopa de maíz o yuca, pese a que nosotros sabíamos que había mucho más dinero porque los narcotraficantes pagaban muy bien por el trasporte de droga”, concluye.