Lima (Peru.com).-
Los seres humanos manifestamos nuestra fe de diferentes formas, unos realizan largas peregrinaciones y se dan golpes de pecho, otros, sin embargo, visitan a sus santos y le dejan un ramo de flores y ofrendas. En el caso de Santa Rosa de Lima, sus fieles le escriben, echan a su ‘pozo de los deseos’ cartas llenas de esperanza.
Todos los 30 de agosto se congregan miles de personas en el santuario, ubicado en la avenida Tacna (a unos pasos del puente que conecta Cercado con el Rímac). No les importa el frío o el calor, porque en estos días la capital es un hibrido climático, igual hacen su cola desde la Iglesia de San Sebastián, a una cuadra y media de la entrada principal de la casa de Rosita.
Así llama a la virgen, la señora Díaz que lleva el mismo nombre de la santa. Ella cuenta que viene a dejar su carta desde que tenía 18 años. Hoy con siete décadas encima lo sigue haciendo como en aquellas épocas, cuando le rezaba a su tocaya para que la vida le ponga en su camino a un buen hombre.
“Recuerdo que en esos años mozos le pedía a Santa Rosa a través de cartas que cuando me casé sea con un buen hombre. Luego con el pasar de los años me lo dio”, añadió en tono nostálgico.
A punto de echar su carta al pozo encontramos a Cilda Rodríguez, una peruana que residía en Estados Unidos y que volvió al Perú después de seis años. Ella no podía dejar de visitar a Santa Rosa, quien en tierras gringas la cuidó y siempre escuchó sus plegarias.
“Todo fue bien allá. Trabajé de nana y recuerdo que antes de irme vine un 30 de agosto a depositar mi carta para que la embajada me dé la visa y paso. Además, mis empleadores siempre me trataron como si fuera de la familia. Todo es gracias a ella”, dijo.
La misiva de este año, escrita por Cilda, es para agradecerle a la santa pero también para pedirle otro milagro: su hija vive en Italia y le ha ofrecido ir allá para que se reúna con ella y sus nietos, por lo que en los próximos días tendrá que solicitar nuevamente una visa. “Le estoy rezando para que me salga este viaje. Lo único que quiero es reunirme con mi hija”, añadió.
Guiando a los fieles y pidiendo orden vemos a José Carlos, miembro de la Brigada Santa Rosa, que es un grupo de personas que todos los 30 de agosto llegan al santuario a las 5 de la mañana y se van a las 9 de la noche, tras haber manifestado su fe ayudando a los demás.
“Nosotros prestamos servicio este día por la gran afluencia de gente. Los guiamos, hacemos que respeten la cola y que no se recurra a los empujones”, explica.
Este el cuarto año que José participa en la brigada y lo hace, según sus palabras, porque simplemente cree en la virgen más querida de Lima.
“Hacer esta labor es una cuestión de fe. Nosotros servimos a los demás. En la brigada no sólo participan personas de esta iglesia sino amigos de otras parroquias de distritos lejanos, sin embargo, nos acompañan hasta el final del día”, cuenta.
Asimismo, dice que los brigadistas de la santa también se dan su tiempo para rezarle y depositar, como todos sus fieles, una carta en el llamado ‘pozo de los deseos’, no obstante para él los milagros de Rosita se ven reflejados en la fe que las personas le tienen a través de los años.
“En los cuatro años que llevo ayudando he visto personas muy humildes que le han dejado flores, que posiblemente hayan sido compradas con el dinero de su comida. También discapacitados que con bastón en mano y, en ocasiones, a rastras dejan una vela y su carta”, recuerda.