El Vaticano (Peru.com).- El papa Benedicto XVI canonizó el domingo 12 de octubre en el Vaticano a cuatro nuevos beatos, entre ellos la laica ecuatoriana Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869), quien vivió en el Perú durante el último año de su vida.
La beata es el cuarto santo latinoamericano que proclama el Pontífice. Los otros tres son el religioso italiano Gaetano Errico, fundador de la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones, la religiosa suiza María Bernarda Butler y la religiosa clarisa india Alfonsa de la Inmaculada Concepción.
Narcisa de Jesús nació en 1832 en Nobol (Ecuador). Quedó huérfana a muy temprana edad, para luego trasladarse a Guayaquil, donde vivió por más de 15 años dedicada a la oración, al trabajo manual y a la caridad apostólica. A principios de 1868 viajó a Lima, donde continuó su vida virtuosa como seglar.
En Lima fue alojada en la Casa de las Hermanas de la Orden Laical de Santo Domingo, hasta su muerte el 8 de diciembre de 1869. Su cuerpo fue trasladado a Guayaquil en 1955 y ahora permanece en Nobol (Ecuador), su pueblo natal.
Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II, el 25 de octubre de 1992 en el Vaticano atribuyéndosele el milagro de curación de cáncer de Juan Bautista Pesantes Peñaranda, en 1967.
En su beatificación, el Santo Padre señaló que "Narcisa de Jesús Martillo Morán es presentada hoy por la Iglesia como un modelo de virtud, especialmente para tantas mujeres de América Latina que, como ella, tienen que emigrar del campo a la ciudad en busca de trabajo y sustento".
El milagro que permitirá la próxima canonización de la Beata Narcisa de Jesús Martillo Morán es el ocurrido en Edelmira Arellano, una niña de siete años que había nacido sin órgano genital.
En 1992, la madre de Edelmira Arellano acudió al santuario de Narcisa de Jesús y pidió por la salud de su hija. Ese mismo día, la niña acudió al consultorio del médico que la trataba y constató que su condición física era normal.
Monseñor Juan Larrea, arzobispo de Guayaquil en ese entonces, ordenó la investigación del caso, en el que se estipuló la consulta a testigos y médicos. La documentación recopilada fue enviada a la Santa Sede.
Los cinco médicos que estudiaron el caso concluyeron que Edelmina Arellano recibió en 1992 la "restitución completa del defecto anatómico, congénito, de manera imprevista, completa y duradera, científicamente inexplicable".