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FESTIVAL DEL CUSCO: La última noche

La XI edición del Festival Internacional del Cusco cerró con una jornada tan exitosa como la primera. Y es que para comprender dicho éxito hay que conocer a los generosos cusqueños. En Lima no sería posible presentar el cartel de la segunda fecha: Los Campesinos, Agua Bella, Los Rabanes, Pimpinela, La Ley y Los Ronisch. (Haga click en las imágenes)

La organización del festival tiene por costumbre presentar, en cada edición, una agrupación folklórica. Este año fue el turno de Los Campesinos, trío de cusqueños que se dio a conocer a través del programa “Canto Andino”.

El segundo turno fue para Agua Bella, agrupación de technocumbia que tiene al frente a cinco chicas, más bailarinas que cantantes. No les fue posible presentarse a conferencia de prensa, pues resultaron afectadas por la helada cusqueña.

Ya repuestas, subieron al escenario con minúsculas prendas, causando inmediato revuelo entre los hombres del auditorio. Recién acaban de editar un Cd doble, donde incursionan en el bolero, sin embargo su repertorio fue festivo. O al menos lo intentaron. El público respondió poco a poco. No fue suficiente, no resistieron la altura y se fueron sin bis.

A continuación –un tanto desubicado– Carlos Thorton fue presentado por Ernesto Pimentel, quien estuvo más afortunado en la conducción que en la noche anterior. Thorton, al parecer, será el encargado de presentar el especial del festival por Frecuencia Latina, canal que tuvo la exclusividad de esta fiesta cusqueña.

Ambos presentaron a Los Rabanes. Un desconocida banda para un buen sector del público asistente. La verdad es que esperábamos más de ellos, pero dio la impresión de que la altura afectó a este cuarteto de punk-tropical.

Acostumbrados a las soleadas playas de su querida Panamá, a punta de coraje, sacaron adelante el show. Lentamente se fueron ganando al público, en uno de las presentaciones más divertidos del festival. Hicieron bailar sobre el escenario a varias guapas cusqueñitas (todas lo son), agitándose frenéticamente y con un bajista y guitarrista que utilizaban sus instrumentos como símbolos fálicos. Una fiesta para el cuerpo.

Luego vino la telenovela, o lo que es lo mismo: el dúo Pimpinela... ¿Existían aún? La verdad es que recién me enteré. Sobre el escenario colocaron una escenografía que simulaba una sala de casa. Ese fue el fondo que tuvieron Joaquín y Lucía para desarrollar sus acostumbrados melodramas, con cierta dosis de humor que logró animar al público, sobre todo cuando cada uno de los hermanos tomaba partido por su género. No se conocen los criterios de su inclusión en el cartel, pero su ubicación en éste, bajó el ambiente festivo que ya se había formado gracias al free-style de Rabanes.

Las luces oscuras fueron el preciso preludio para que sobre el escenario trepe La Ley, en plena época de (lo que asoma ser) su mayor esplendor comercial. En lo que ha sido su mejor presentación sobre suelo peruano, el grupo hizo un recorrido por todas sus épocas. Un punto aparte, realmente.

El cierre del festival con la agrupación boliviana Los Ronisch, sólo fue comprendido cuando llegó la hora de su presentación: la una de la madrugada. Los ebrios que dormían en las esquinas del imponente recinto festivalero se pusieron de pie. El público adulto sonrió feliz y bailaron tan intensamente como los jóvenes. Y es que estos chicos del hermano país basan su éxito en un ritmo que apela al instinto ¿Qué sería de nosotros sin su ocasional presencia? Música de desfogue. El festival se sorprendía al ver a extranjeros saltando dichosos con ese repetitivo ritmo. Y es que en una fiesta, el cerebro no ingresa.

Pese a los altibajos, es lamentable tener que esperar un año para festejar la vida en el centro del mundo. Adiós Cusco. Adiós helada.

Texto y fotos: Wili Jiménez Torres
Enviado especial de www.peru.com al Cusco
wili.jimenez@interlatincorp.com

 

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