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FESTIVAL
DEL CUSCO: Entre música y helada
La
XI edición del Festival Internacional
del Cusco arrancó con éxito.
En su primera fecha se vio una gran cantidad
de público que respondió,
con similar entusiasmo, ante las dispares
actuaciones. Sin duda, La Mosca Tse Tse
el grupo más desconocidos de
esa fecha fue el triunfador. A su
cuota de modestia y compañerismo
sumaron disposición para hacer del
escenario lo que no lograron otros: una
fiesta.
La
tarde caía cuando una desconocida
banda nacional, Su-versión, dio inicio
al festival. Poco que comentar de ellos,
salvo su onda a Afrodisiaco, banda que tocó
enseguida. Koki Bonilla y sus secuaces presentaron
su show habitual, calentando un poco el
ambiente, pues un frío húmedo
la helada le dicen, común
en esta época del año, ya
hacía sentir su presencia en la Ciudad
Imperial.
Christian
Meier siempre la va tener fácil cuando
suba a un escenario, pues su pinta de galán
parece ser suficiente para que las chicas
tararean sus letras insustanciales. Él
abusa de eso. En esta ocasión, a
un raleado repertorio, agregó bises
de temas que ya había tocado. Detalles
como su estudiada actitud de sacarse la
camisa para quedarse en bibirí negro,
o el paseo que le dio una grúa, alimentan
el jueguito de divo. Esto le hace más
daño a él que al público,
pues no le hace concentrarse en su vena
compositiva, y más si afirma que
lo que más le interesa es la música.
Se
fue el divo y entró la diva: Natalia
Oreiro. Similar percepción. Su cuidada
figura, en este caso de blanco pureza, más
una pañoleta brillante y azul, pesaba
en el escenario. De música poco podemos
decir. Resaltaron sus actitudes demagógicas,
como decir que había hecho un tema
para sus fans peruanos, o la danza folklórica
final, con una cándida Natalia gritando
como indio norteamericano. No hizo sino
reafirmar su set light. A un set de altibajos,
sumó al final la repetición
de sus éxitos.
A
la actuación de La Mosca Tse Tse
habría que ponerle un título,
tal vez: la catarsis del baile. Desde el
inicio, esa numerosa banda le entró
al asunto. Percusiones dieron pase a su
éxito radial que consiguió
la inmediata respuesta de los asistentes.
Luego siguió una serie de temas desconocidos
para la gran mayoría, y ahí
empezó la lección de cómo
un cantante gordo, feo y viejo pero
con personalidad y dispuesto a dejar la
vida en el escenario puede conquistar
a un público desconocido. Y el cantante
de La Mosca Tse Tse, al lado de su conjunto
de amigos, lo hizo. Inclusive un malhumorado
Ernesto Pimentel, que oficia de presentador,
tuvo que reconocerlo, y lo nombró:
cusqueño.
La
música de La Mosca va desde el cha
cha cha hasta la bailanta. Con títulos
como Yo te quiero comer la boca
o Baila para mí excelente
canción, la cuestión
se presta para la chacota inspirada, para
que estos músicos argentinos se diviertan
en el escenario... haciendo bailar hasta
sus plomos. La despedida de estos zafados
no pudo ser más elocuente, una mezcla
de Imagine de John Lennon y
Heroína de Luca Prodan,
el líder de Sumo, muerto por sobredosis
de... heroína.
La
Mosca Tse Tse debió cerrar esta primera
jornada. Pero se impuso el buen criterio
de organización, dar la oportunidad
a una banda nacional para que sea la cabeza
del cartel. Lástima que el asunto
le quedó grande a Libido, la banda
escogida para ese fin. Una actuación
fría, que logró enganchar
a un sector del público, mientras
otro sector ya enrumbaba para la rumba o
para sus casas. Casi al final hicieron un
set acústico, que no funcionó
bien. Salim pareció decirlo todo
en su frase de despedida: gracias cusqueña
¿Y el público qué?
Aprendiz de divo.
Dos
y treinta de la mañana. Culmina esta
primera sección. Para la siguiente
se espera con ansías a La Ley, pero
estamos casi seguros que Los Rabanes darán
la sorpresa. Nos vamos con una buena noticia:
la organización del festival ha decido
donar la suma de 20 mil dólares a
los damnificados del sur del país.
Texto:
Wili Jiménez Torres
Enviado especial de www.peru.com al Cusco
wili.jimenez@interlatincorp.com
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