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LO
QUE EL CUSCO NOS DEJÓ: El festival
fue de todos
A
pocos días de haber concluido el
Festival Internacional del Cusco, recuerdos,
anécdotas y consideraciones aún
estarán girando en las mentes de
las miles de personas que asistieron entusiasmados
a la fiesta. En algunas notas, este cronista
intentará plasmar en palabras, algunas
visiones, observaciones e intuiciones propias
sobre el mencionado festival.
Escuché
comentarios en el sentido de la menor asistencia
de publico, en relación a los años
anteriores. Algunos creen que eso se debe
al reciente desastre natural ocurrido en
el sur del país la organización
anunció que donaría 20 mil
dólares de la taquilla; otros
piensan que se debió al cartel considerado
poco atractivo, también en relación
a las ediciones anteriores.
Ambas
razones podrían contar, sin embargo
hubo una buena asistencia. Pero cantidad
no es sinónimo de calidad. Como lo
hemos expresado anteriormente, el festival
se realizó con altibajos, no de organización,
sino en lo concerniente a las presentaciones
de los artistas.
El
fondo del asunto es que el festival pretende
ser una fiesta para todos, para todos los
gustos y edades. Las adolescentes vibraron
con Líbido, las jóvenes con
Christian Meier, los viejos con Los Campesinos,
los rockeros con La Ley, los más
abiertos con Los Rabanes, los morbosos con
Natalia Oreiro. Cada quien acudió
por su cuota de emoción. No fue un
festival popero, ni rockero, ni chichero.
Fue una fiesta familiar, y en una que se
precie se divierte toda la familia.
Para
ser sinceros hubo participantes no
me atrevo a llamarlos artistas que
no se merecían estar en un festival
de trascendencia nacional, e incluso internacional
(estuvo la gente de E! Entertainment). Afrodisíaco,
Christian Meier, Natalia Oreiro, Agua Bella,
Pimpinela y Los Ronisch.
Afrodisíaco
es un híbrido. Existen bandas divertidas
con más calidad musical, cuyo defecto
es: no ser difundidas en radio, posiblemente
porque no tienen los contactos que tienen
la banda mencionada.
La
presencia de Meier y de Natalia se debió
al hecho de que trabajan bien la imagen,
son atractivos para mucho(a)s. Ellos explotan
eso y se consideran artistas importantes.
Y al menos, en la música no lo son.
Pimpinela,
parece una telenovela vieja con innumerables
repeticiones. Su set causó... risas.
Agua Bella tuvo poca acogida, porque no
supieron llegar al público, sus frases
elementales sugirieron menos que sus cuerpos.
Otro tiempo perdido. Agua Marina hubiera
hecho un mejor papel. Los Ronisch o la
fórmula radial en el escenario
tocaron tres veces cada uno de sus
éxitos merecen un análisis
más extenso, motivo de otra nota.
Tengan paciencia.
Y
es que no todo entra por los ojos. No se
debería subestimar al público.
Se le puede presentar propuestas más
interesantes, tal vez no tan conocidas por
ellos, pero que en la práctica demuestran
calidad y personalidad, por ejemplo Los
Rabanes.
Texto
y fotos: Wili Jiménez Torres
Enviado especial de www.peru.com al Cusco
wili.jimenez@interlatincorp.com
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