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FELIPE
PINGLO ALVA
Si
alguien pide la mención de un valse criollo que
sea capaz de reunir en letra y música, en melodía
y poema, todo lo que significa la canción popular
y citadina del Perú, la respuesta siempre será:
"El Plebeyo". Quien como Felipe Pinglo (que
falleció el 13 de mayo de 1936) fue capaz de
promover, de articular y organizar en desordenado albedrío,
el capítulo definitorio de la canción
criolla, no ha perecido.
Cuántas
canciones -valses y polkas-, nos ha dejado este inmenso
trovador de Barrios Altos. Cada una como el testimonio
de una época que fue y es modo de ser de la existencia
peruana, comportamiento de sus seres múltiples:
hombres y mujeres, a los cuales supo interpretar en
sus temas, mejor que nadie. Gracias a Pinglo podemos
decir con orgullo que el Perú además del
huayno que representa y significa lo andino, tiene lo
costeño, lo urbano, que es la canción
criolla.
Un escritor
se atreve a comentar: "Por él (Pinglo) podemos
afirmar que así como otros países tienen
música propia, folclore nativo, modo particular
de expresión, nosotros tenemos el valse y la
polka. Por él podemos proclamar que así
como la Argentina tiene el tango que exportó
al mundo y el Brasil la zamba, y Colombia la cumbia
y Cuba su melodioso ritmo siempre en son caribeño,
el Perú tiene el valse criollo. El valse sempiterno
que reafirmó Felipe Pinglo".
Pinglo
amó tanto al amor como nadie en Lima y hasta
entonces. Es suficiente mencionar que dedicó
no menos de veinte valses a mujeres a las que quiso
demasiado, a las que fueron su delicada tentación
o las que alcanzó un tema en plan de flirt o
de piropo. Todos los nombres de damas, desde su esposa
Hermelinda, hasta la morena Rosa Luz, que le ofreció
anticuchos y provocaciones en una triangular esquina
de Cocharcas.
Don Felipe
Pinglo Alva, es considerado el padre de la música
criolla, poseedor de un estilo de amplio arraigo popular
que surgió en la etapa republicana y que vino
a enriquecer el acervo musical de nuestra patria.
Sus creaciones,
principalmente en forma de vals, son reconocidos como
poemas de sobria versificación y acompasada melodía,
facilitando de esta forma que el pueblo repita bellas
y cultas expresiones literarias que cantan al amor,
al sentimiento, la solidaridad humana y la necesidad
de justicia social.
El Perú
es reconocido, entre otras características, por
tener su vals con personalidad propia, aún cuando
el vals -venido de la vieja Europa- se había
propagado por toda América.
Don Felipe
Pinglo Alva, nació en los Barrios Altos de Lima,
el 18 de julio de 1899, hijo de un pedagogo y huérfano
de madre desde muy niño. La pobreza en la que
vivió y las enseñanzas de su padre y sus
tías, fueron formándolo como niño
instruido pero con sentimiento social.
Con sus
propinas adquirió más tarde un rondín
e intuitivamente aprendió a repetir en el instrumento
musical las interpretaciones de las bandas militares
ofrecidas en las retretas, en las plazas públicas
de su tradicional barrio.
En 1917,
ganado por la música criolla, comenzó
su producción con el vals "Amelia"
que, en el transcurso de diecinueve años hasta
1936 en que tempranamente falleció, llegó
aproximadamente a 300 canciones; muchas de ellas perdidas
o conocidas solamente en forma fragmentada.
Las más
difundidas, sin embargo, son: "El Plebeyo",
"El Huerto de mi Amada", "Mendicidad",
"La Oración del Labriego", "Sueños
de Opio", "El Canillita", "Pobre
Obrerita", "Pasión y Odio", "Rosa
Luz", "El Espejo de mi Vida", "Hermelinda",
"El Tísico"; "Bouquet", "Amor
Traidor", "Melodías del Corazón",
"Celos", etc.
Es valedero
decir que gracias a Pinglo la música criolla
adquiere jerarquía, dándole interpretación
al proceso de transculturización de nuestro pueblo,
de la que nacieron también la polka, la marinera,
el tondero, estilos musicales que teniendo antecedentes
de otras realidades geográficas, son también
auténticamente peruanos.
Felipe
Pinglo Alva, falleció prematuramente el 13 de
mayo de 1936, víctima de una penosa enfermedad,
pero nos dejó versos y melodías, verdaderos
himnos populares que enriquecieron la cultura popular.
José María Arguedas diría que "Felipe
Pinglo le enseñó a los limeños
a querer su música".
JESÚS
VÁSQUEZ
En
1939, Aurelio Collantes, "La voz de la tradición",
organizó un concurso para designar a la reina
de la canción criolla. El evento que se transmitió
por radio, tuvo como escenario el Teatro Segura. La
calle Pachacamilla, en el jirón Chancay está
a sólo unas cinco cuadras del Teatro Segura.
Y desde un solar de aquella arteria central, llegó
una chiquilla llena de encanto y poseedora de una extraordinaria
voz. Se llamaba Jesús Vásquez Vásquez.
Siendo
apenas una chiquilla se adjudicó, y para siempre,
el título de Reina de la Canción Criolla.
Y para el efecto escogió como números
de su repertorio tres temas de Felipe Pinglo Alva. El
primero: "El Plebeyo". Desde entonces Jesús
se convirtió en una de las más auténticas
y legítimas intérpretes del cancionero
Pinglo.
"Nací
en el barrio de Pachacamilla, a una cuadra de la iglesia
de Las Nazarenas. Mi padre era chotano y mi madre huancaína,
de Concepción, fue ella quien me enseñó
a cantar aunque recuerdo que los dos no tuvieron mucho
contacto con los criollos de ese entonces.
De chica
me gustaba sentarme sobre la pila de agua del callejón
vecino y desde allí escuchar los ensayos del
trío "Los criollos de pura cepa", en
la casa de la familia Paz Soldán, todas las tardes.
Aquel trío lo integraban Lucho de la Cuba, Aramburu
y Ernesto Echecopar... Un día me los dueños
de la casa me invitaron a cantar a dúo con Lucho
de la Cuba y después de escucharme me dijeron
que iba llegar bastante lejos, acuérdense...".
La obra
de Jesús es una de las más fecundas de
la historia de la canción peruana. Ha grabado
innumerables discos, ha hecho éxitos temas de
grandes compositores, inclusive gente de la Guardia
Vieja que ella no pudo conocer. Grabó valses,
marineras, polkas y huainos, mencionaremos algunos memorables
como: "La Pasionaria", "Secreto",
"Todos vuelven", "Corazón",
"Muñequita rota", "Historia de
mi vida".
LUCHA
REYES
Nació
el 19 de julio de 1936 en un hogar humilde. Su verdadero
nombre era Lucila Sarcines Reyes. Su padre don Tobías
Sarcines, murió cuando Lucha tenía apenas
seis meses de nacida. Con la desaparición de
su progenitor llegaron las penurias económicas
al hogar de doña Lucila Reyes que estaba integrada
por 16 niños. Se dedicaba al oficio de lavandera,
pero los ingresos no alcanzaban ni siquiera para cubrir
las necesidades básicas.
La familia
de la pequeña Lucha Reyes, ocupó un cuarto
en el callejón del fondo de la calle Mercedarias.
Un recinto famoso en donde se reúnen cantores
y guitarristas de los Barrios Altos. Las jaranas son
frecuentes y muchas veces terminan en peleas. Allí
se congregaban Felipe Pinglo, "El Cholo" Nicolás,
Pedro Espinel, "El Mono" Olivo, Reynaldo Adrianzén,
Samuel Joya, los hermanos Zapata y otros. En ese ambiente
de entreveros, Lucha reyes fue saturando su espíritu
con las melodías criollas de antaño. La
madre de Lucha Reyes enfermó y tuvo que dejar
de lavar ropa porque sufría frecuentemente de
fiebres y dolores musculares. Esta situación
determinó que todos los días mendigara
un poco de comida en un convento.
Cuando
su madre logró recuperar la salud, consiguió
internarla en el convento Buen Retiro, de las Madres
Franciscanas, donde permaneció por espacio de
ocho años. Al evocar su estadía en el
convento solía decir: "Allí supe
ver la vida desde un plano más humano y cristiano.
Estudié hasta el tercer año de primaria
y por otro lado aprendí costura y otros trabajos
manuales... El afecto y el apoyo moral de las religiosas
moldearon mi carácter y me prepararon para afrontar
con entereza el infortunio y las adversidades. El día
de la despedida lloré mucho porque tenía
buenas compañeras y me había acostumbrado
a la tranquilidad conventual".
La mañana
de su muerte, se levantó a las seis y media de
la mañana. Su adolorido compañero de la
última etapa, Ausberto Mendoza, cuenta: "Ella
estaba mal de la vista. Yo le hacía de todo,
hasta la pintaba. Me dijo: hoy día me vas a poner
bien bonita, porque es el día de la canción
criolla. Me voy a poner este vestido rojo, porque soy
bien peruana carajo".
"Amaneció
bien lisurienta. En el auto, cuando íbamos a
la misa de la Canción Criolla en la Sociedad
de Actores", le dijo al chofer de su auto: oiga
tío, no me ponga radioteatro, carajo. Póngame
música criolla... De repente, le dio una palmada
en el hombro. Hizo una leve mueca. Después de
otras dos palmadas, y estas palabras finales: ¡Ay,
Dios!".
No la
venció la tuberculosis (curada a tiempo). Murió
de diabetes que había envejecido prematuramente
sus arterias y produjo un paro cardiaco. Su entierro
fue un río de voces y llanto de gente humilde.
Su música
ha sido reeditada en varios CDs editados por el sello
Discos Hispanos del Perú, bajo los siguientes
títulos: "La morena de oro del Perú",
"Siempre Criolla", "Una carta al cielo"
y "Mi última canción".
ÓSCAR
AVILÉS
Cerca
de la calle América en el tradicional barrio
chalaco de Zepita nació Oscar Avilés Arcos.
Hijo de don José Avilés Cáceres,
notable fotógrafo profesional y pionero de la
cinematografía en el Perú. A Don José
Avilés se debe el hecho de haber formado reconocidos
artistas y profesionales que enrumbaron hacia los periódicos
y revistas. Se casó con la dama chilena Angelina
Arcos. A los doce años de edad fue la abuela
materna de Oscar, doña Carmela Alván,
quien le enseñó a tocar guitarra. Casi
a los veinte años decide ser un profesional y
toma aprendizaje del profesor don Isidro Purizaga.
Desde
los años 38 al 40 empieza a trabajar en los tríos
de cuerdas de las emisoras locales. Aurelio Collantes
en su "Historia de la canción criolla"
destaca que fue puntero del famoso trío de cuerdas:
Avilés, Núñez y Arteaga. Avilés
siente y expresa lo que toca. En todo ello estriba una
suma de cualidades: sonido propio, poder sobre el instrumento
y documentación musical.
El destacado
artista comentó sobre Isabel Granda Larco: "Chabuca
le cantó a las cosas que todos amamos. Nos volvió
a la realidad del algo encantador como fue la vieja
Lima, los antiguos señores, los rincones sin
ocasos. Aparte de su obra como compositora fue una intérprete
eminente. Sin tener en cuenta su voz que era limitada,
nadie argumentó mejor las canciones... ".
En los
últimos años es notable el trabajo que
realizó con Alicia Maguiña, que han sido
editados en dos discos compactos. En el 2001, ha sido
interesante el ciclo de conciertos dados mano a mano
con otra grande de la guitarra, Pepe Torres.
ALICIA
MAGUIÑA
Alicia
Maguiña escribió música y compuso
canciones desde que tenía 13 años y vivía
en Ica. Pero ese cuarto de siglo lo considera desde
que grabó su primer long play: "La dueña
del santo", que incluía su composiciones
iniciales, esto es "Inocente Amor" (su primer
valse); el popularísimo "Viva el Perú
y Sereno": "La Apañadora", tondero
inspirado en las campesinas del algodón iqueño;
el festejo "El Aguador" y dos huaynos "Serranata"
y "Perla Andina", que recogió como
inspiración con motivo de una excursión
escolar realizada siendo niña en Huancayo.
La interprete
comentó en una oportunidad: "Apenas tenía
un año cuando mis padres: Alfredo Maguiña
Suero y Alicia Málaga, me llevaron a Ica. Pasé
en esa tierra inolvidable a la que considero mía,
pues me siento iqueña, doce a trece años.
Estudié primaria en el colegio Arbulú
de esa localidad. Cuando mi padre fue designado vocal
de la Corte Suprema de Justicia volvimos a Lima e ingresé
a estudiar la secundaria en el colegio Santa Úrsula.
Ya sabía tocar guitarra y había compuesto
numerosas canciones".
"Estimo
que a lo largo de toda mi carrera como compositora,
los temas que han logrado mayor popularidad son: "Inocente
Amor", "Viva el Perú", "Sereno"
y "Indio", que se ha hecho conocido en todo
el mundo; "Soledad Sola" y "Negra quiero
ser".
Alicia
no sólo se ha distinguido como exquisita intérprete
sino también como ardiente defensora de los derechos
de autores y compositores, y por su labor de difusión
de nuestra música a través de los medios
de comunicación.
MANUEL
ACOSTA OJEDA
Nació
el 16 de marzo de 1931 en la maternidad de Lima. Hijo
de don Alejandro Acosta (arequipeño) y doña
María Ojeda (Moqueguana). Estudió en el
Centro Escolar "Ricardo Palma". Después
en colegio "Salesianos" y sus estudios en
el colegio "José María Eguren"
de Barranco. De niño gustaba escribir versos,
su padre para minar una débil inclinación
religiosa, decidió llevarlo todos los domingos
a una picantería arequipeña de la calle
San Miguel en Surquillo.
En ese
ambiente el joven comenzó a gustar del criollismo
musical. Reparó en que la armonía de las
guitarras y de las voces también tenían
poesía, magnífica y sonora. En 1946 inició
amistad que fue de capital influencia. Fue presentado
a Carlos Hayre, joven músico y buen compositor,
quien le abrió la amplia y hermosa puerta del
criollismo. Como Manuel seguía produciendo versos,
Hayre le insinuó le pusiera letra a una melodía
de su inspiración. Pero la insistencia tiene
sus frutos, y nació su composición inicial
a los 16 años. Se tituló: "Tu Vida
Siempre", "Odios y Sombra", Ya se Muere
la Tarde", y otros.
En su
trayectoria llegó a conocer a personalidades
de la música como Quintana "El Canario Negro",
Porfirio Vásquez y sus hijos, Nicomedes Santa
Cruz, los hermanos Ascues; Luciano Huambachano y otros
más. Según cuenta Luis Dean (compositor
fallecido) lo acusó de incapaz de componer un
valse con letra y música propia. Así nació
el primer valse (con letra y música propia):
"En un Atardecer". Los Chamas lo estrenaron
en "Radio El Sol" y en 1954 fue un éxito.
Y la consagración definitiva fue el valse "Madre",
después vinieron "Rumor de Manantiales",
"Si tú me Quisieras", "Puedes
Irte" y muchos más.
EVA
AYLLÓN
Su
verdadero nombre es María Angélica Ayllón
Urbina, pero adoptó el de Eva en honor a su abuela
materna, con quien vivió y de quien recibió
constante apoyo. La que es una de las mayores exponentes
de nuestro acervo criollo, nació en Lima Perú
un 7 de febrero de 1956, en el seno de una familia modesta.
Aunque desde pequeña tuvo que estudiar y trabajar
para ayudar al sostenimiento de su familia, desde los
tres años de edad mostró indudables condiciones
para el canto.
Gracias al apoyo incondicional de su querida abuela,
inicia su vida artística, cantando con éxito
en eventos escolares y programas juveniles de radio
y televisión.
Gracias
a sus naturales dotes vocales, hacia 1970 comienza a
trabajar en peñas criollas con marcado éxito.
El público la fue haciendo su preferida en lugares
como el Rinconcito Monsefuano, La peña de los
Ugarte, Los Mundialistas o Callejón de un solo
caño. Esta etapa, aunque aplaudida, es para Eva
sólo el inicio de su fulgurante carrera. Así,
entre los años 1973 y 1975 es llamada a integrarse
al trío "Los Kipus" como su primera
voz. Con ellos recorre el país, entregando su
arte en importantes programas de radio y televisión
y grabando su primer disco de larga duración.
Puede asegurarse que en 1977 Eva es ya plenamente una
figura de gran éxito y propia luminosidad, por
lo que comprende que debe ascender una etapa más
en su carrera y decida seguir su camino como solista.
Separada
ya del trío en 1978, sus canciones se difunden
rápidamente y a base de su gran talento y minuciosa
disciplina, logra el sitial que hoy ostenta.
A partir
de 1979 su gran calidad interpretativa comienza a trasponer
las fronteras de su país, pero es recién
a partir de 1994 cuando realiza giras a nivel internacional
con todo su staff, músicos y personal técnico
por ciudades de Estados Unidos y El Canadá Desde
entonces es invitada prácticamente cada año,
a participar en eventos internacionales en ciudades
de Chile, Argentina, México, Ecuador, EEUU, Canadá
y Japón. En 1997 su calidad es reconocida a nivel
mundial, gracias al éxito. obtenido en su gira
de 45 días por las principales ciudades del viejo
continente.
La principal
y más importante intérprete peruana, está
hoy en su mejor momento pues dentro de las cantantes
de su género, sólo Eva se da el lujo de
llenar cualquier escenario donde se presente.
"El
poder cantar es el don más hermoso que Dios me
pudo dar, y cantar para mi patria, el Perú, es
mi mayor orgullo. A todos ustedes, gracias mil por tanto
amor en cada una de mis presentaciones y también
por tenerme en un rinconcito de sus hogares", afirma
Eva con sencillez.
CHABUCA
GRANDA
Isabel
Granda Larco nos regaló mensajes y melodías
que calaron muy hondo en el sentimiento nacional. Su
obra vasta y versátil en todos los ritmos peruanos
aún no acaba de descubrirse, un ataque al corazón
apagó su vida.
En 1955
al borde de una nueva celebración del día
de la canción Criolla, la señora Doris
Gibson, directora en ese entonces, de la revista "Caretas"
congregó en una fiesta inolvidable a un grupo
de amigos. Allí Chabuca Granda reveló
a una parte de los invitados que "La Flor de la
Canela" no era una creación imaginaria,
un personaje de su fantasía, una hada misteriosa,
zambita ella, un mito de la ciudad que tanto amaba.
Allí contó que su famosa canción
había sido inspirada en un ser real. En una joven
morena de Abajo del Puente a la que conoció cuando
era niña, el nombre de la mujer era Victoria
Angulo y que había sido con los suyos, antiguos
amigos de los Granda-Larco.
Pensamos
siempre que hay que distinguir dos corrientes en el
mensaje musical de la señora Granda. Aquella
con características de permanente caudal que
entregó en sus temas más originales y
bellos, que apreciamos ahora más que nunca. Chabuca
Granda no fue precisamente una extraordinaria cantante.
Pero ello no importó para los públicos
de otras tierras porque cuando llenaban teatros para
aclamarlas les bastaba la finura de sus ademanes, el
sortilegio de su sonrisa, el discurso breve o alargado,
previo a sus cantares.
Después sola con dos guitarristas, un cajón,
un instrumentista de percusión entregaba más
testimonio, más literatura, más que una
orquesta con coros y veinte profesores. La primera etapa
de su creación corresponde al canto de Lima,
de sus hábitos y costumbres, de su barroca geografía,
de sus empolvados balcones y sus patios floridos. La
segunda concurre a un triunfal intento de hacer comedia
musical, zarzuela, opereta limeña.
En la tercera, la poetisa se adhiere al canto de un
pueblo en proceso de angustia y búsqueda. La
más reciente aproximación de la señora
Chabuca, aquella que orilla su deceso, la accede al
arte negro. Una nueva manera y sincera de decir pregones
y cantar landós y zamacuecas.
La señora corazón dejó inmortales
composiciones que son clásicos de nuestra música:
"La flor de la canela", "José
Antonio", "Cardo y Ceniza", "Fina
Estampa", entre otras.
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