Noticias E-mail Chat Financiero Fórum Perú Fútbol Peru Travel Perú Info Chistes Gastronomía
   
  HOME  
  NOTICIAS  
  GALERÍA DE FOTOS  
  GALERÍA DE VIDEOS  
  PERFIL DE ALEJANDRO TOLEDO  
  CONGRESISTAS DE LA REPÚBLICA (2001-2006)  
  HISTORIA  
 
  La Independencia
 
 
  La República
 
  Constituciones del Perú
 
  Grandes combates y batallas del Perú
  HÉROES DE LA INDEPENDENCIA
  SÍMBOLOS PATRIOS  
  PRESIDENTES DEL PERÚ  
  ELECCIONES EN EL PERÚ  
  ESPECIALES ANTERIORES  
 
  La Segunda Vuelta
 
 
  El Debate Presidencial
 
 
  La Primera Vuelta
 
  OTROS ESPECIALES  
 
  Feria Internacional del Cusco
 
 
  La Feria del Hogar
 
 

Crónica: En el nombre de Dios

(Peru.com) La ovación pronto fue aplauso, y el aplauso se transformó rápidamente en una pifia que no tardó en ser un abucheo ensordecedor hacia Martha Chávez. Ella, inmutable, se sonríe, alza la mano y saluda –como una vedette del “parlamiento”– a todo aquel que la insulta y la agrede a voz en cuello. El toque del timbre, que buscaba el silencio, crea más caos y el estupor se apodera de todas las tribunas del hemiciclo, al ser testigos de la juramentación de aquella legisladora, que alguna vez habló de “auto torturados” y “auto secuestrados”, y ahora se limpia los labios con la democracia que ella siempre destruyó.

El cariño provinciano se apoderó del recinto congresal. Eran las 9:30 de la mañana y la juramentación se había retrasado una hora, gracias a una reunión entre los voceros de los movimientos. Los nuevos legisladores aprovecharon su tiempo para alguna foto familiar. El hemiciclo por unos instantes fue una plaza más, donde cualquier curul era una buena banca para que el tacneño Ronnie Jurado, y su hija encontraran la foto del recuerdo.

Los sombreros, los ponchos y las polleras fueron el resultado de una elección por distrito múltiple. La ya reconocida Paulina Arpasi llegó puntal, llevándose la primera ovación de la mañana. Una sonrisa tímida y un saludo respetuoso era la respuesta de Paulina ante cada nuevo admirador que encontraba en el camino a su curul. Los congresistas, añejos en política, entendían que un saludo con la parlamentaria puneña era una pizca más de espíritu descentralista.

Pero cuando el sol recién amenazaba con aparecer, el recibimiento que tuvieron el trío fujimorista, Salgado-Lozada-Chávez, aventuró lo que sería el final de película de la juramentación. Los invitados de la galería entrenaron sus silbidos ante la indolencia de las parlamentarias, quienes quizá buscaban la ayuda de Dios amaneciendo en el Congreso.

Una hora después de fotos, recuerdos y abrazos, Anel Townsend apareció por la misma puerta por donde su padre entró cuando presidió la Cámara de Diputados en 1967. Su madre en la galería tenía en sus piernas al hijo de la legisladora más votada. Andrés alzaba sus manos ante su madre, la presidenta de la Junta Preparatoria, quien juró por el Perú y por la memoria de su padre y mentor, Andrés Townsend.

“Juro para que los corruptos estén en la cárcel”, se le escuchó decir a Heriberto Benítez, “juro por los jubilados”, fue la voz de Xavier Barrón, “juro por la U”, fue el grito de guerra de Alfredo Gonzáles, “juro por los mártires que lucharon por los trabajadores”, se le alcanzó a oír a José Luis Risco, “juro renunciar a mi sueldo y a mi inmunidad parlamentaria”, susurró José León Luna, quien ha sido acusado por Montesinos de haber recibido dinero. “Sí juro”, fueron las escuetas palabras de Gerardo Saavedra, quien esta vez no juró “por Dios y por la plata”.

Ya no llovían monedas ni desentonados insultos. Esta vez la traición por dinero y el transfuguismo, financiado por la caja de SIN, no existieron. Los cortes de Mangas de Róger Cáceres Pérez, o la risita hipócrita de Alberto Kouri fueron dejados de lado, por las grandes ovaciones hacia quienes han sido elegidos por la voluntad popular.

En quechua, aymará o hebreo. Por Jesús, Jehová o la patria, los 120 parlamentarios fueron desfilando ante el llamado del relator. Un estruendo de palmas al sólo escuchar su nombre. David Waisman se toma su tiempo y con paso cansino va saludando a todo el parlamento que se para ante su presencia. Un juramento sobrio, sin Biblia ni cruz, pues el parlamentario es judío, y un abrazo con su compañera de investigaciones, Anel Townsend, cerraron un pequeño mágico momento de rara admiración para un político.

Otros ovacionados de la noche fueron Carlos Ferrero, Susana Higuchi, José Luis Risco y Paulina Arpasi. La bancada más uniforme bailó al ritmo de las palmas apristas. Fueron desfilando bajo un juramento dedicado a su mentor, Víctor Raúl.

Los menos admirados –por no decir los abucheados de la mañana– fueron Xavier Barrón, por su falta de dignidad al juramentar por los jubilados, José León Luna, y un presunto espíritu tránsfuga, y José Barba Caballero, quien traicionando a sus raíces desairó el respaldo de sus ex compañeros apristas, al no juramentar por Víctor Raúl.

Pero la pifia única y eterna que realmente invadió el Congreso fueron para las congresistas de Perú 2000. Luego de una apacible juramentación, donde los aplausos, las sonrisas y los saludos abundaron, el solo escuchar su nombre hizo que la alegría fuera un agravio.

“Señora Martha Chávez Cossio”, y el malestar pronto se transformó en insulto. “Carmen Lozada de Gamboa”, y la indignación no dejaba respirar. “Luz Salgado Rubianes”, y los gritos buscaban el eterno silencio de las parlamentarias. Ellas siempre, con la cabeza en alto, intentaron responder, pero la pifia volvió indescifrables sus juramentaciones.

Las tres solas y aisladas en la primera fila, sin vecinos ni bancada mayoritaria, quizás recordaban con nostalgia su Congreso de leyes con nombre propio y de interpretaciones auténticas. Ahora, las tres fujimoristas recalcitrantes, viven en carne propia lo que es ser una minoría... pero con voz.

 
» más noticias