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Toledo
rinde homenaje a caídos en Macha de los
Cuatro Suyos
(Peru.com)
En medio de las protestas y los zumbidos que hacían
las bombas lacrimógenas, cuando dibujaban
líneas blancas bajo el gris cielo limeño,
Alberto Fujimori autojuramentaba el 28 de julio
del año pasado. El Banco de la Nación
ardía en llamas y sus muros se desvanecían
junto con la vida de seis vigilantes, mártires
involuntarios de un fatídico día.
En
homenaje a esos seis hombres de uniforme marrón,
el presidente de la República, Alejandro
Toledo, con apenas minutos de haber juramentado,
se salió del protocolo y en lugar de dirigirse
a Palacio de Gobierno, llegó a las ruinas
del Banco de la Nación para encabezar una
breve ceremonia.
Retumbaba
aún en la memoria de los asistentes los
gritos de democracia sí, dictadura
no, consigna que se intentó manchar
con el incendio provocado al banco y al Jurado
Nacional de Elecciones, pero la verdad salió
a relucir para destrozar la conciencia, si es
que la tienen, de los responsables de aquel oscuro
plan para boicotear la marcha.
Al
lado de su esposa y estrenada primera dama, Eliane
Karp, su hija Chantal y su acostumbrado séquito,
el nuevo presidente presenció cuando el
padre Alberto Lara roseaba con agua bendita el
arreglo floral que yacía delante de una
de las paredes derrumbadas sobre la avenida Nicolás
de Piérola.
Con
su particular histrionismo tocó con la
mano izquierda el arreglo y miró al cielo,
posando para los periodistas, que ávidos
se lanzaban codazos para no perder el foco; luego
abrazó a las viudas que derramaban lágrimas
e intercambio palabras con los huérfanos
y los vigilantes que se salvaron en el incidente.
Minutos
después, frente al Palacio de Justicia,
en un estrado rojo y blanco, anunció que
los huérfanos del fatídico 28 del
año pasado tendrán pagados sus estudios
hasta la universidad, lo cual desató las
palmas y el fervor de los asistentes ¡Pachacútec!,
¡Pachacútec!, ¡Pachacútec!,
gritaban al unísono.
Tallados
en la memoria de la historia quedarán los
rostros de mestizos, indios, blancos, de ingas
y mandingas, cubiertos con máscaras caseras,
miles de personas que apostadas en todo Lima pugnaban
para que no se consuma otro baile del Chino.
Toledo
saludó y agradeció a dos artífices
de la histórica Marcha de los Cuatro Suyos,
el periodista Gustavo Gorriti, que se convirtió
en su mano derecha, y Carlos Bruce, quien se encargó
de organizar la jornada del 26, 27 y 28 de julio.
Con
los brazos extendidos se despidió del público
que lo vitoreaba, diciéndoles que iniciará
otra Marcha de los Cuatro Suyos, marcha
por el empleo, por la economía, por sacar
el Perú adelante. Ahora sólo
le queda cumplir su palabra.
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