|
Para
quienes creemos en Jesucristo, el 25 de diciembre es
la fecha más importante del año. En realidad
se trata de la fiesta más representativa originada
con el nacimiento de un niño muy pobre, hijo
de María, la virgen quien lo concibió
por obra y gracia del Espíritu Santo. La historia
se desarrolla en un pequeño pueblo llamado Belén,
ahí ocurrió el milagro más esperado
por todos los hombres, anunciado por un espectacular
ángel, celebrado por un coro de voces celestiales,
que proclamaron su llegada. Sí, la llegada de
un rey en medio de un establo entre bestias y sin riquezas
ni corona, pero con el propósito más digno
y sacrificado que sólo en él pudo recaer:
morir por los pecados del mundo.
Cristo
es un ejemplo de amor, respeto y dignidad; gracias a
su mensaje conocimos el valor de la unidad, el perdón,
el poder de Dios y la creencia de la vida después
de la muerte.
Lo que
dicen las escrituras al respecto es lo siguiente, extraído
del evangelio de Mateo: "Que siendo María
su madre desposada con José, antes de que se
juntasen, se halló haber concebido del Espíritu
Santo. Y José, su marido, como era justo, y no
quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando
él en esto, he aquí el ángel del
Señor le aparece en sueños, diciendo:
José, hijo de David, no temas de recibir a María
tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu
Santo es... Y dará a luz un hijo y llamarás
su nombre Jesús, porque él salvará
a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció
para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor,
por el profeta que dijo: He aquí la Virgen que
concebirá y dará a luz un hijo y llamarás
su nombre Enmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios.
Y despertando José del sueño, hizo como
el ángel del Señor le había mandado,
y recibió a su mujer. Y no la conoció
hasta que dio a luz a su hijo primogénito: y
llamó su nombre Jesús".
Jesús
nació en un establo. Un lugar con animales que
representan la naturaleza, entre pastores de un pueblo
pobre y humilde pero también buscado por Tres
sabios Reyes Magos del Oriente, que siguiendo una brillante
estrella, esperaban encontrarle, rendirle tributo y
obsequiarle valiosos presentes.
La primera
vez que se celebra el nacimiento de Jesús como
fiesta de Navidad fue en el año 354, gracias
a la influencia de San Juan Crisóstomo y San
Gregorio Nacianzeno, sin embargo, no fue una festividad
oficial de la iglesia, porque para la época no
acostumbraban a realizarlas. Se cree que fue el Papa
Julio I (337 - 352) quien comenzó a instituir
la Navidad como fiesta religiosa, pero no se puede asegurar
porque no hay documentos que lo corroboren. Es más
probable que esto sucediera más adelante durante
el reinado del emperador Honorio (395 - 423). Todas
estas fueron tentativas, y no es sino hasta el año
440 que la iglesia decide oficialmente celebrar el nacimiento
de Jesús el 25 de diciembre, lo cual quedó
definitivamente instituido en el año 529, cuando
el emperador Justiniano declara la fecha como día
festivo.
Antecedentes
Los antecedentes
sobre la celebración de la Navidad son de carácter
religioso y están sujetos a las manifestaciones
culturales de los pueblos paganos y cristianos. La ceremonia
de Navidad más antigua se remonta al período
entre los años 320 y 353, cuando se conmemoraba
el nacimiento de Cristo. Los romanos, por ejemplo, celebraban
fiestas y ritos a sus diferentes dioses, los días
del 17 al 23 de diciembre. Rituales que involucraban
los más ricos platos y bebidas. El día
25 era la fiesta pagana del Sol.
El 19 de diciembre era el día más importante,
ya que se celebraba una gran fiesta en honor a Saturno,
dios de la agricultura. Con una duración de siete
días, de banquetes y bebidas, los romanos le
pedían bienestar a su dios. Al mismo tiempo,
se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno
similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes
troncos adornados con ramas y cintas en honor a los
dioses para conseguir que el sol brillara con más
fuerza.
Por
otro lado, La Biblia se refiere al Mesías como
"Sol de Justicia". Por ello, desde fines del
siglo IV, en el mundo cristiano se celebraba la Navidad
el 25 de diciembre a excepción de las iglesias
orientales, griegas y rusas que la realizaban el 6 de
enero con la fiesta Teofanía o manifestación
de Jesús como Dios.
Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro
que Jesús naciera ese día. De hecho, el
día de Navidad no fue oficialmente reconocido
hasta el año 345, cuando por influencia de San
Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se
proclamó el 25 de diciembre como fecha de la
Natividad.
Una vez
proclamada oficialmente esta fecha, la Iglesia católica
añadió posteriormente en la Edad Media
los villancicos a sus costumbres. En esta época,
los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones.
Por años, las celebraciones debieron ser interrumpidas,
cuando en 1552, los puritanos británicos prohibieron
la fiesta de la Navidad. Aunque la Navidad volvió
a Inglaterra en 1660, bajo el reinado de Carlos II,
los rituales desaparecieron hasta la época victoriana,
cuando el príncipe Alberto instituyó de
nuevo la práctica.
La Navidad
actual, como se vive cada año, es una creación
del siglo XIX. El árbol de Navidad, originario
de zonas germanas, se extendió por otras áreas
de Europa y América. Los villancicos, que eran
cantos típicos del pueblo, fueron recuperados,
al tiempo que se componían otros.
Misa
de Gallo
Una de
las tradiciones más populares es la misa de Gallo,
celebrada el 24 de diciembre a las 12 de la noche. Se
remonta desde los inicios de la Iglesia Católica.
Tiene como objetivo conmemorar el nacimiento del Niño
Dios por lo que las lecturas del evangelio se concentran
en relatar el nacimiento en Belén. La iglesia
tomó esta costumbre de los ritos en los templos
de Jerusalén, que celebraban tres misas el día
del nacimiento de Jesús: la primera en la noche
en la cueva de la natividad santificando así
la hora del nacimiento del Señor. La segunda
al amanecer como signo de la resurrección y recordando
el natalicio del Dios-hombre; y la tercera en el templo,
siendo ésta el oficio solemne del día.
Los romanos también celebraban tres misas: una
en la noche en Santa María la Mayor recordando
la hora del nacimiento. Otra al amanecer recordando
el misterio de la resurrección y la tercera el
oficio solemne del día, en San Pedro.
|