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SE
INDULTO EN ACHO UN TORO DE SANCHO DAVILA
Texto:
Dikey Fernández Vásquez
Fotos: Miguel Delgado V.
Este
domingo 5 de noviembre la Plaza de Acho volvió a tomar
ese matiz característico de la fiesta brava: la polémica.
La misma que tiene contradicciones por su propia
naturaleza. Por ejemplo suena la música (que es alegre)
cuando el torero se juega la vida ante la muerte. Los
llamados toristas y los torerista (ambos con conceptos
diferentes de ver una misma corrida). Los verdaderamente
aficionados, de los simplemente espectadores En fin toda
una polémica que ayer dejó ver su rostro en nuestra
vetusta plaza limeña.
Al
compás de otro pasodoble que no es tradicional en Acho,
se realizó el desfile de cuadrillas; a la izquierda
Eduardo Dávila Miura, vestido de sangre de toro y oro;
José Antonio Morante "Morante de la Puebla",
vestido de nazareno y oro; y Miguel Abellán de blanco y
plata, estos dos últimos desmonterados en señal de
respeto a la plaza por se su estreno en ella.
Se
lidiaron seis toros de don Sancho Dávila, ganadero español,
que trajo a Lima un lote parejo de presentación y
bravura (nótese que casi todos por humillar clavaron
los pitones en la arena). Destacaron los lidiados en
segundo, cuarto y sexto lugar. El que salió en cuarto
lugar fue indultado por el presidente de plaza. Aquí se
abre la polémica. Un sector de asistentes sacaron pañuelo
blanco para pedir el indulto, luego el ganadero acompañado
de uno de los empresarios desde el burladero pidieron el
indulto, el matador seguía toreando, el juez
precipitadamente ordenó el indulto, abrieron la puerta
de chiqueros y salieron los cabestros, y el otro sector
del público hacían sonar pitos y matracas por la
decisión del juez. ¿Qué características son
necesarias para conceder el indulto a un toro? ¿Por qué
un sector del público está predispuesto a molestar a
los toreros? ¿Si la bravura y nobleza no son
suficientes para solicitar el indulto, entonces por que
se indultó a "Marquez", "Reportero"
y "Algarrobo" en los últimos 10 años?. Quien
esté libre de culpa que lance la primera piedra.
Eduardo
DAVILA MIURA es un torero sevillano que Lima no ha
sabido catar, pero tiene valor (a pesar que muchos digan
lo contrario) ya que a pesar que el público se metía
con él, éste se supo poner por encima de la
circunstancias. En su primero lo torero a base de
derechazos, el animal se fue a menos por el pitón
izquierdo. Su labor fue silenciada. Con el cuarto un
toro colorado de pelo, tuvo que sobreponerse a las
molestias del público, y a base de aguantar fue ligando
los muletazos, circulares, todos ellos jaleados por
estruendosos óles. En un palmo de terreno le
instrumenta dos series que hace que un sector pida el
indulto. Luego surge la polémica.
Finalmente,
por la chilla no le dejan salir al anillo a agradecer.
MORANTE
DE LA PUEBLA fue el segundo torero sevillano de la
terna, que cayó como anillo al dedo en la afición limeña.
Al segundo un bravo ejemplar de Sancho Dávila lo recibió
con unas verónicas que quedaran grabadas en el albero
de Acho. Luego hay quites en los medios que son el
delirio de los asistentes. Con la muleta está en
torero, la música suena en su honor y el público va
cogiendo el ritmo. Falla con el acero y se limita a
recibir una ovación que sale al tercio a agradecer. Con
el quinto poco podía hacer por las características del
animal, además el público seguía protestando por el
indulto, y así es muy difícil torear. Un sector de
"turistas" no dejaban de molestar, por lo que
coge la espada y se hace un silencio. Y siguen las
protestas a la autoridad.
MIGUEL
ABELLAN un madrileño joven, con ganas de triunfar, que
desde que se abrió de capa la afición de Acho lo
recibió con palmas, fueron jaleados sus lances en ambos
ejemplares. Repitió el repertorio de quites en ambos
toros, como un calco. Con la muleta a su primero pocos
muletazos lucidos pudo dar, ya que se vino a menos el
toro. Se silencio su labor en el tercero de la tarde.
Con el que cerró plaza dejó ver que es un torero que
llega pronto al público, que transmite y torea con
clase. Por encima del momento, hizo que el público se
olvide de los incidentes e hicieran sonar las palmas, al
compás del interminable olé. Coge la espada dos veces
por lo que es obligado a dar la vuelta al ruedo,
recogiendo prendas de los tendidos.
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