MORANTE
DE LA PUEBLA ABRIÓ PUERTA GRANDE DE ACHO
Texto:
Dikey Fernández Vásquez
Foto: Miguel Delgado Victorio
La
llamada "Puerta Grande" es la puerta del
triunfo, y cortar dos orejas y salir a hombros de la
Plaza de Acho, tiene que ser y es, para cualquier
torero, un éxito deseado y esperado como el que ayer
pudimos observar a "Morante de la Puebla"
cuando salía del viejo coso bajopontino. Todo hacía
presagiar que la Feria Taurina del Señor de los
Milagros iba a ir para más, ya que la semana pasada, la
fiesta brava se quedo a flor de labios en medio del
murmullo taurino.
Esta
vez se anunciaron seis toros de "El Niño de la
Capea" (antes torero, hoy convertido en ganadero),
bien presentados, pero con sosería, destacando los
lidiados en segundo y sexto lugar. Los toros pertenecen
a dos hierros, el de su señora esposa Carmen Lorenzo y
el de sus hijos Pedro y Verónica Gutiérrez Lorenzo.
Uno de ellos fue devuelto a los corrales por acusar una
supuesta cojera, que sólo vio el presidente de la
corrida y un sector que está muy en contra de la feria,
lidiándose en su reemplazo un ejemplar de Roberto Puga,
que permitió el lucimiento del matador.
FINITO
DE CÓRDOBA que vistió un traje negro y oro abrió el
cofre de la esperanza en ambos pupilos españoles que le
tocó en suerte. Regresaba a Lima después de su
presentación en 1993, por lo que era esperado en Acho,
sobre todo después de sus triunfos.- Los olés con los
que abrió la tarde tanto con el percal como con la pañosa,
se desdibujaron en el tiempo, no llegando a calentar a
los tendidos. Esta vez estuvo mal con el acero de
descabello en ambos por lo que se silenció su labor en
el primero de la tarde y oyó un recado del presidente
de plaza en el cuarto.
MANUEL
CABALLERO con un vestido de torear grosella y oro, se
presentaba este año en Lima después de haber obtenido
el año pasado el preciado Escapulario de Oro del Señor
de los Milagros. Poderoso y valiente es la calificación
que el público entendido de Lima lo ha catalogado. Con
su primero que tuvo mucha clase se hizo ovacionar
grandemente cuando ligó unas chicuelinas. Con la muleta
estuvo muy aseado. Una estocada con la que se amorcilla
el toro y no remata con el descabello. Gran Ovación.
Con el quinto, un pupilo de Roberto Puga, se dejó ver,
aguantó y obligó al toro a repetir las embestidas.
Nuevamente el acero le hace perder los apéndices. Hay
ovación fuerte tras un aviso.
MORANTE
DE LA PUEBLA que vestía un terno verde y oro, dejó ver
la gracia andaluza de los toreros de “despeñaperros
para abajo”, es un torero que se gusta y que se
siente, tal vez no haya roto como algunos hubiésemos
querido. Acho y su “afición de pellizco”; como la
suelen llamar cogió los aires de este buen torero que
abrió la puerta grande en el último al que torero
pintureramente, logrando una estocada recibiendo, de
esas que ya no se ven, que los tendidos se colmaron de
pañuelos blancos.
Al
sexto bravo le dieron la vuelta al ruedo y el sevillano
José Antonio Morante recibió las dos orejas y fue
paseado a hombros, abriendo así la primera puerta
grande de la feria del 2000.
|