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VISITA FUGAZ Y FRUCTÍFERA

Por Víctor Zaferson

No fue sólo una visita oficial, común y corriente, como la que realiza cualquier Presidente. Se trató nada menos que de la estancia en Lima, de más de 17 horas y plagaba de anécdotas, de la máxima autoridad de los Estados Unidos de América, George W. Bush, quien, junto a su esposa Laura, llegó a nuestra capital entre el 23 y el 24 de marzo del 2002, penúltima escala de la gira que el mandatario estadounidense realizó por Latinoamérica.

Acompañado de una gran comitiva (y custodiado por francotiradores y personal de seguridad, entre otros), Bush piso suelo peruano en el lujoso avión presidencial, Air Force One, y fue recibido en el aeropuerto internacional Jorge Chávez por el presidente Alejandro Toledo y por la primera dama de la Nación, Eliane Karp, en el Grupo Aéreo Número 8, en el Callao.

Además de la coincidencia en el color de los trajes de vestir de los mandatarios y de las primeras damas de la Nación de Estados Unidos y del Perú el día de la llegada (lucieron atuendos marcadamente diferentes en la despedida), ambos expresaron, a grandes rasgos, su voluntad de trabajar conjuntamente en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y la pobreza.

También firmaron y anunciaron varios acuerdos de cooperación en educación, en formación empresarial, protección del patrimonio cultural y el retorno al país, tras 28 años de ausencia, del Cuerpo de Paz de Estados Unidos.

Mientras que Toledo, más emocionado que nunca, afirmó que el Perú se convirtió en socio estratégico de los Estados Unidos en el hemisferio sur, Bush aseguró el compromiso de su Gobierno para apoyar el desarrollo del Perú y prometió agilizar el proceso de desclasificación de información sobre el ex presidente Alberto Fujimori y su ex asesor Vladimiro Montesinos.

Durante la estancia de Bush en Lima hubo una serie de ceremonias, actos protocolares y un despliegue de seguridad jamás visto en el país. El jefe de Estado de los 'gringos' fue un huésped de aquellos, de esos que estamos acostumbrados a ver por televisión a través de las cadenas internacionales.

En las pocas conferencias de prensa que ofrecieron en conjunto, Toledo habló, entre otras cosas, de sus ideas de integración, de crecimiento, de sus planes políticos, económicos, sociales, de su "amigo" Bill Gates, y afirmó que el mandatario norteamericano, de un sentido del humor incuestionable, lo ayudará a lograr un encuentro con el creador de Microsoft para el mejoramiento del plan de educación 'Huascarán'.

En síntesis, para ser la primera vez que un presidente en funciones de Estados Unidos visita el país, la estancia de Bush, pese a ser fugaz, resultó fructífera desde todo punto de vista. Lo más importante es la cercanía que han logrado dos naciones con objetivos comunes: la poderosa estadounidense y la emergente peruana, que intenta salir del hoyo de la mano de Alejandro Toledo. ¿Bush? Ojalá regrese. Y pronto.

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