|
"BUENAS
NOCHES ZARAÍ"
Por Luis Goya
Todo
el mundo sabe la historia de aquella piurana de 14 años,
quien de ser una total y febril desconocida, a base de incansable
esfuerzo y tenaz lucha, fue reconocida como hija legítima
del presidente de la República.
Fueron innumerables
las conferencias de prensa, entrevistas y denuncias. Se lavaron
pañales y se recolectaron firmas. Pero fue principalmente
la voluntad de una madre y su hija la que hizo que todo el
país se comprara un asunto que en un principio pudo
ser visto como personal, pero que a la larga se convirtió
en casi un tema de Estado.
Desde hace
14 años, Lucrecia Orozco venía reclamando a
Alejandro Toledo que reconozca la paternidad de su hija Zaraí.
El destino se encargó de que el 2001 sea el que marcase
el feliz final para la historia de una familia que logró
acaparar la atención de la prensa local e internacional.
A mediados
de año, la Fiscalía de Piura ordenó al
jefe de Estado que se sometiera a la prueba de ADN para constatar
si era o no el padre biológico de la joven Zaraí.
Parecía que el final estaba cerca. Sin embargo, una
semana después, la Corte de Lima revocaría ese
mandato dejando libre a Toledo.
Luego, el 13
de octubre, el vocal Javier Silva Vallejos se encargó
de levantar más polvo en todo este asunto, al confesar
que se reunió con el Presidente para buscar "una
conciliación" que acabe con este caso.
El escándalo
no se hizo esperar. Congresistas, líderes políticos,
medios de comunicación y la opinión pública
se unieron como nunca para exigir al Presidente que reconociera
de una vez por todas a Zaraí, y ponga punto final a
un asunto que pasó de ser un tema personal a un asunto
de política nacional.
En medio de
los alborotos de esa virulenta semana, el presidente de la
República, en un mensaje a la Nación, sin prueba
de ADN alguna, reconoció el viernes 18 de octubre la
paternidad de su segunda hija tras un "buenas noches
Zaraí".
Los años
de pelea infatigable, de bulliciosas marchas y de reclamos
airados de justicia de parte de Lucrecia y Zaraí habían
terminado. Ambas habían librado una lucha de titanes
y ganaron. La fiesta en la casa de los Orozco, en Piura, no
se hizo esperar, al igual que la camioneta blindada y los
dos guardaespaldas que de inmediato el Gobierno puso a disposición
de la segunda hija de Toledo.
El resultado
no pudo ser mejor para ambas partes. Por un lado, Lucrecia
y Zaraí pudieron dar un largo y profundo respiro después
de todos los ajetreos que significó exigir al presidente
de la República que reconociera su paternidad. Y por
otro, Toledo vio cómo aumentaba su incipiente popularidad
luego de la noche del viernes 18 de octubre.
Ahora Zaraí,
con sonrisa de quinceañera, busca alejarse lo más
posible de las cámaras y los "flashes", y
espera poder retornar a su antigua vida lejos de periodistas,
conferencias de prensa y lavados de pañales. La odisea
terminó para ella y su madre, pero dejaron un mensaje
muy claro: "seguiremos luchando por la paternidad responsable
en este país".
No importa
si fue por presión o por un tardío sentido de
responsabilidad. El hecho es que la segunda hija del Presidente
se salió con la suya y Toledo se dio cuenta que la
terquedad no siempre es buena.
|