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UTOPÍA
INFERNAL
Por Wilfredo
Angulo
Ellos
se divertían despreocupadamente en una de las discotecas
más exclusivas de la Capital. Zonas VIP, tragos de
cortesía, pases para socios y hasta animales exóticos
formaban parte de la fiesta de lo que se pensaba era un sábado
cualquiera para cientos de jóvenes de familias acomodadas
que se contoneaban al ritmo del trance, rock y reggae.
Sin embargo,
esa madrugada del sábado 20 de julio no iba a ser una
noche de juerga más, sino más bien la última
para varios de los asistentes al local de la discoteca "Utopía",
ubicada al interior del Centro Comercial Jockey Plaza, en
Surco.
Eran las tres
de la mañana cuando la parranda estaba en su apogeo.
El que menos se tomaba fotos con el tigre de bengala y con
la cariñosa orangután que habían sido
llevados para animar la "fiesta zoológica",
ideada por los marketeros de Utopía.
Otros muchachos
optaban por acercarse al bar para pedir un tequila, con limón
y sal incluidos, o tal vez para esperar el show de Roberto
Ferreyros, el barman, de quien se decía realizaba unos
trucos "bravazos" con botellas y fuego.
Ninguno de
los más de mil asistentes a la fiesta imaginaba que
ese joven barman desencadenaría la tragedia.
En uno de sus
juegos con fuego, Ferreyros roció con bencina parte
de la barra y la prendió. Los muchachos sorprendidos,
pero no asustados, bailaron con más ganas y celebraron
el "espectáculo".
De pronto,
las llamas alcanzaron el techo de la cabina del discjockey,
la cual estaba recubierta por un material altamente inflamable.
Los que se dieron cuenta trataron de buscar un extinguidor.
"Extinguidor, un extinguidor", gritaron, pero no
había ninguno.
Ante la impotencia,
otros jóvenes tiraron sus tragos sobre las llamas que
ya se iban extendiendo. Craso error, el alcohol de las bebidas
avivó aún más el fuego.
La gente entró
en pánico y las mil almas trataron de salir del local,
de 400 metros cuadrados y dos niveles, al mismo tiempo. No
se podía.
Los que estaban
más atrás y veían difícil la salida,
optaron por parapetarse en los baños, pensando que
tal vez estarían seguros. Mala decisión.
Más
tarde se supo que la mayoría de los chicos habían
muerto en los baños. No quemados, sino asfixiados con
los gases tóxicos que desprendían los materiales
que se quemaron durante el mortal siniestro.
El recuento
de esa noche de fuego y humo fue de 30 jóvenes muertos,
varios heridos. Todo un país conmocionado.
Más
tarde se conoció que el local de la discoteca no tenía
licencia de construcción, ni los dispositivos mínimos
de seguridad, ni salidas de emergencia señalizadas,
ni con un solo extintor.
Toda una trampa
burdamente planificada por el destino, en complicidad con
autoridades ediles incompetentes y timoratos dueños
del local, Percy North Carrión, administradora de Utopía,
Edgar Paz Ravines, Alan Azizollahof Gate y Fahed Mitre, quienes
fueron incapaces de invertir 15 mil dólares más
en la seguridad de un recinto, cuya construcción y
equipamiento demandó aproximadamente un millón
de dólares.
Cinco meses
después, los familiares desconsolados exigen justicia
y aún esperan despertar del mal sueño que es
tener que enterrar a un hijo, más aún si éste
es joven y con un gran futuro.
Esperamos que
nunca más se repitan muertes tan absurdas como estas.
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