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SI NO HAY SOLUCIÓN...

Por Amanda Meza

Ya es costumbre en el Perú. Durante los 17 meses de gestión del presidente Alejandro Toledo, las paredes de Palacio de Gobierno no han dejado de estremecerse con los ensordecedores gritos de cientos de peruanos que exigen trabajo, justicia y oportunidades para el desarrollo.

Tras la caída del 'fujimontesinismo', los peruanos salieron a las calles para solicitar soluciones inmediatas a sus diversos problemas, sin embargo, el mandatario Toledo seguía con sus hábitos de campaña electoral: hablaba mucho, prometía demasiado y poco hacía por evitar las frustraciones de miles de ciudadanos. Y cuando no hay solución, la huelga continúa.

Maestros, obstetras, trabajadores despedidos de Telefónica, desempleados del Municipio de Lima, asentamientos humanos, entre otros, marcharon varios días hacia Palacio de Gobierno para reclamar lo que consideraban justo.

Si en algún momento fueron los ambulantes, ahora eran los manifestantes quienes se apoderaban de las calles, sin importarles las molestias que causaban a todo aquel que tenía que trasladarse por el centro de Lima, así como a los comerciantes de la zona.

Pero las manifestaciones no sólo fueron en la capital. En Arequipa se registró una de las más significativas marchas con la intención de evitar la privatización de las dos generadoras eléctricas más importantes de la región, EGASA y EGESUR, que serían vendidas por 167 millones de dólares a la firma belga Tractebel.

Con palos, piedras, gritos, insultos y amenazas, la ciudad del sur puso en capilla al Gobierno, sobretodo, porque las manifestaciones se extendieron a las ciudades de Tacna e Iquitos, como muestra de solidaridad a la lucha arequipeña, de ir contra la privatización.

Un muerto y centenares de heridos dejaba como saldo los enfrentamientos entre los manifestantes y la Policía Nacional. El desorden se generalizó y la turba se volvió incontrolable. El gobierno no le quedó otra que levantar temporalmente las garantías constitucionales y declarar el toque de queda en la ciudad blanca.

Al Presidente se le volteaba la tortilla y una nueva marcha de los cuatro suyos, esta vez en contra de su régimen, parecía avecinarse. La presión fue demasiada y obligó la postergación de la privatización.

Por otro lado, el Gabinete Ministerial se dedicó todo este año a relucir sus avances a favor de una cultura de diálogo con los trabajadores públicos. Además, en diversas oportunidades los ministros salieron al frente para señalar que al país le iba mejor que nunca. Sin embargo, las encuestas reflejaba que muy poca gente les creía. El 75 por ciento de desaprobación a la gestión presidencial así lo ratificaba.

Además, habrá que recordar los malos momentos que le tocó vivir al Presidente, como las pifias que recibió en el emporio comercial de Gamarra, donde algunos vendedores de la zona le lanzaron de todo.

Los jóvenes también fueron radicales en sus protestas para exigir el incremento del presupuesto destinado a las universidades públicas. Éstos no tuvieron reparos en enfrentarse a cuanto policía se les pusiera delante y no estuvieron satisfechos hasta que tomaron, con mucha violencia, la Plaza Bolívar del Congreso de la República. El presupuesto fue aumentado, pero fue considerado por estos como insuficiente.

En todo este tiempo, el Presidente ha cumplido con algunas de sus promesas, pero las protestas, seguramente, no se paralizarán. El subempleo aún bordea el siete por ciento y la pobreza se nos pone frente a frente en cada esquina. Además, siempre habrá un peruano decidido a hacer valer sus derechos, en busca de una oportunidad para progresar.

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