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EL
INICIO DE UN CULTO
Los
terremotos que azotarían la capital del virreinato
durante los siglos XVII y XVIII contribuyeron decididamente
al inicio, crecimiento y consolidación del culto
al Cristo Morado.
En 1651,
la imagen del Nazareno ya era venerada por algunos esclavos
y libertos de Pachacamilla, pero sólo cuatro
años después la población conocería
del mural milagroso. Ello ocurrió en 1655, tras
un violento terremoto.
Entre
las 2 y 30 de la tarde de un soleado sábado 13
de noviembre del año citado. Como era costumbre,
a esa hora Lima dormía la siesta. La ciudad se
hallaba tranquila, hasta que un primer sacudón
despertó a la población que inmediatamente
salió despavorida de sus casas. Casi toda la
ciudad sufrió los efectos del terremoto. En Lima
y el Callao se vinieron abajo varios edificios, como
la iglesia de San Francisco y la iglesia del Colegio
del Callao.
En los
siguientes días se sucedieron las réplicas.
Ello atemorizó a la población. Sin embargo,
a pesar del devastador terremoto, aquel muro donde se
encontraba representaba la imagen del Cristo Crucificado
no había sufrido maltrato alguno.
En una ciudad como la Lima de entonces, tal acontecimiento
no podía pasar desapercibido. De inmediato la
población visitó Pachacamilla para conocer
tal prodigio. Pero, tras esa primera impresión,
el mural fue olvidado hasta los propios cofrades, quienes
al ver destruidas sus casas decidieron desplazarse a
otro lugar.
Por algo
más de diez años casi nadie se ocupó
de la modesta pintura, hasta que en 1670 apareció
Antonio de León, quien sería el primero
en fomentar el culto al Señor.
Fuente:
Municipalidad de Lima
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