|
LA
PROCESIÓN
El
año 1687 sería recordado trágicamente
en la historia de Lima por los terremotos que ocurrieron.
El primero de ellos se dejó sentir el 28 de enero.
Luego el martes 1, el martes 8, el miércoles
9 y el domingo 13 de abril volvería a sentirse
con la misma intensidad.
Pero
fue el 20 de octubre cuando tuvo lugar uno de los sismos
más violentos que, hasta entonces, haya padecido
la ciudad. La tierra tembló fuertemente en dos
oportunidades. Al primer movimiento- cuatro de la mañana-,
la población salió apresuradamente de
sus casas hacia lugares abiertos. El fuerte movimiento
causó tal pánico que la gente se rehusaba
a volver a sus casas, en su mayoría resquebrajadas
por efecto del sacudón, las cuales terminarían
por caerse durante el segundo movimiento, que ocurrió
a las seis y media de la mañana.
Ante
la destrucción de la ciudad los limeños
volvieron sus ojos a la imagen de Pachacamilla y fue
entonces que Sebastián de Antuñaño,
en una demostración de fe, sacó en procesión
una réplica del mural.
La imagen
sagrada, sobre unas rústicas andas de madera,
fue seguida por los fieles que imploraban con rezos
y cánticos la piedad divina. No se sabe exactamente
la ruta seguida entonces, ni cuánto tiempo estuvo
recorriendo calles y plazuelas, pero sí queda
constancia del fervor demostrando por los acompañantes.
A partir de esa fecha se inició la tradición
de pasear la imagen del Cristo Crucificado todos los
20 de octubre por las calles de Lima.
Tanta
fue la importancia y la devoción al Santo Cristo
de los Milagros-así lo llamaban entonces- que
su manto protector se extendió por toda la ciudad.
De ahí que el 21 de setiembre de 1715 el Cabildo
de Lima, en vista de "los muchos milagros que ha
ejecutado", lo declaró "Patrono y Defensor
de la Ciudad".
Fuente:
Municipalidad de Lima
|