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El
Papa saluda al Señor de los Milagros
En
una carta enviada al arzobispado de Lima, presidida
por el cardenal Juan Luis Cipriani, el Papa Juan Pablo
II saluda la devoción del pueblo peruano y elogia
la devoción de la comunidad cristiana de la Hermandad
de los Milagros por el Cristo de Pachacamilla.
En carta
con fecha del 21 de setiembre del presente año,
el Santo Padre saluda de manera especial a la comunidad
de la Hermandad del Señor de los Milagros, por
sus 350 años, e impartió su bendición
a todo el pueblo peruano.
Juan
Pablo II señaló que la conmemoración
del Señor de los Milagros tiene un carácter
jubilar, "de gracia y de perdón", e
instó a los peruanos a una conversión
sincera y de reconciliación.
A continuación
se presenta el texto completo del Santo Padre:
Al Señor
Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima
Con motivo
de las especiales celebraciones que tienen lugar al
cumplirse el aniversario 350 de la imagen del señor
de los Milagros, patrono de Lima y venerado en el Santuario
de las Nazarenas, deseo hacer llegar un afectuoso saludo
a esa comunidad cristiana que, bajo guía de sus
pastores, da gracias a Dios por los beneficios recibidos
durante siglos y, especialmente, por el don de la fe,
robustecida con la ayuda de esa devoción honradamente
arraigada en tantas tradiciones limeñas. Así
como antaño las gentes de toda condición
y origen, sencillas o nobles, pusieron confiadamente
sus ojos en el Cristo doliente en la cruz y acudían
con fervor a Pachacamilla, también hoy se invita
a los cristianos a no quedarse en meras palabras, sino
que contemplen el rostro del Señor, reflejen
su luz y lo hagan resplandecer ante las generaciones
del nuevo milenio (Cf. Novo millennio ineunte, 16.28).
Por eso
me satisface saber que esta significativa conmemoración,
centrada sobre todo en la llamada Cuaresma Limeña,
tiene un carácter eminentemente jubilar, de gracia
y de perdón, de conversión sincera y de
reconciliación, con el propósito de vivir
profundamente el misterio de la cruz en la cual Cristo
ha redimido a todo el género humano.
En efecto,
en Él está la salvación al vencer
en la cruz el pecado y su poder tiránico, para
que todos participen en Él en la gloria de la
resurrección. Esta es la experiencia de los devotos
y los peregrinos, agobiados a veces por el peso de sus
faltas, de su debilidad o de otras muchas preocupaciones
que atenazan su corazón. Ellos sienten muy dentro
las palabras de Jesús: "Venid a mí...,
y yo os daré descanso" (Mt. 11,28).
Junto Él, con la fuerza de la gracia que nos
sigue dispensando abundantemente a través de
la fuerza de los sacramentos, hallaremos también
nosotros el arrojo de Pedro para adentrarnos de nuevo
en las aguas, a pesar de los presentimientos más
sombríos (Cf. Lc. 5,4).
En esta
circunstancia, me siento unido espiritualmente al gozo
de tantos limeños y peruanos por esta oportunidad
singular de encontrarse de nuevo con Cristo, que ha
querido manifestar su cercanía entrañable
a través de esa imagen secular, exhortándoles
ardientemente a renovar su fe y a fortalecer su esperanza.
Cada uno de ellos, como también el pueblo peruano
en su conjunto, no ha de caer en el desánimo
ante las circunstancias adversas ni buscar extraños
e ilusorios refugios. Las palabras de Jesús siguen
siendo fuente inagotable de vitalidad: "En el mundo
tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!:
yo he vencido al mundo" (Jn. 16, 33)
Ruego
al Señor de los Milagros que proteja a los limeños,
convierta a quienes llevan a hombros su imagen en portadores
de Cristo también con fe y su testimonio de vida
intachable, transforme en verdaderos imitadores de Jesús
a quienes visten la túnica nazarena y derrame
su gracia sobre cuantos lo invocan con devoción.
Mientras
encomiendo a la Virgen María, la más fiel
seguidora de su hijo hasta la Cruz, a la comunidad carmelita
que continúa la tradición de las "fieles
guardianas y cuidadoras" de la venerada imagen,
así como a los pastores y fieles de Lima, les
imparto con afecto la bendición apostólica.
Vaticano,
21 de setiembre del 2001, fiesta de San Mateo apóstol
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